Decepciones esperanzadoras


Esta semana ha habido dos finales de temporada de dos de las grandes apuestas televisivas del año. Boardwalk Empire ha terminado su primera temporada en su emisión española y Episodes ha hecho lo propio en su emisión original en Showtime. Ambas eran dos grandes esperanzas para los seriéfilos más exigentes y ambas suman muchos fans y muchos detractores.

Boardwalk Empire era la elegida. La llamada a devolver a HBO al Olimpo  del que la huelga de guionistas y los finales de Los Soprano y A dos metros bajo tierra le había privado estos últimos años. La serie protagonizada por Steve Buscemi y producida por Scorsese, Wahlberg y gran parte del equipo de Los Soprano, nos trasladaba al Atlantic City de los años veinte en plena ley seca. La serie creada por Terence Winter se centra en Nucky Thompson el tesorero de la ciudad, mitad gangster, mitad político. Dicho personaje, a modo de curiosidad, está basado en Nucky Johnson que ocupó dicho cargo desde 1911 hasta 1941.

La serie arranca con la lucha por el control del tráfico de alcohol entre Thompson y sus rivales neoyorquinos. El producto bebe mucho de Los Soprano en el amplio cast, pero se desprende de los toques más cómicos y del personaje agujero negro que era Tonny Soprano. Aunque, Steve Buscemi es el protagonista hay muchas cosas que giran a su alrededor sin que él salga en pantalla y la serie en un futuro podría funcionar sin su participación trasladando el peso a otros personajes, cosa que no creo que ocurra o por lo menos, no de manera inmediata.

También adolece de alguno de los grandes problemas de su predecesora. El amplio reparto hace que tardes en situar a los personajes y mucho más en identificarte y empatizar con ellos. Esto juega mucho a la contra en una serie que nos retrata la vida de unos criminales, ya que en un relato más tradicional la identificación también funciona por los antecedentes audiovisuales (policías, médicos, abogados idealistas, etc.) En cualquier historia en la que el protagonista carece de la ética bienintencionada aceptada socialmente, dicha identificación tarda en construirse mucho más. Al menos que seas Dexter y te hagan falta cinco minutos para conquistar al espectador.

El ritmo lento no es sinónimo de calidad

El otro gran problema de la serie es el ritmo. El querer construir una historia con grandes cimientos a veces pesa a estos cimientos a la hora de su visionado. Le pasó a Los Soprano, con una primera temporada en el mejor de los casos aburrida, le pasó a Rubicon (el paradigma de la falta de ritmo) y le pasa a Boardwalk Empire. A pesar de que a veces lo parece, la falta de ritmo no es sinónimo de calidad y en cualquier relato se debe buscar no aburrir al espectador aunque se esté construyendo algo más grande sobre esa historia lenta, y en ocasiones aburrida.

Lo mismo le sucede a Episodes. La comedia creada por David Crane y Jeffrey Klarik narra las aventuras de dos autores británicos de una serie de éxito a la hora de adaptarla a la televisión americana. Todas sus ideas sobre la serie empiezan a ser cambiadas desde la cadena y su protagonista cincuentón y actor de prestigio reconocido es sustituido por Joey, Matt Leblanc quiero decir. Leblanc interpreta una versión pasada de vueltas de si mismo (o eso espero) en la que su afán de protagonismo le llevarán a trastocar una serie que en su versión británica adora.

La comedia es lenta, con escenas de varios minutos, diálogos largos y una historia que parece demasiado plana para dar lugar a un buen producto. El producto sube enteros cuando Leblanc está en pantalla, ya que la pareja de guionistas ingleses no acaban de cuajar, o no terminaban de hacerlo.

Hablo en pasado porque los dos últimos capítulos de la  temporada, de tan sólo siete episodios, la serie gana enteros y la comedia empieza a ser de verdad graciosa. Es una pena, que para ello hayamos tardado tanto tiempo y no hayamos podido disfrutar de siete episodios memorables. De todas formas, si Showtime decide darle una segunda temporada, todo parece indicar que la serie seguirá creciendo para darnos grandes momentos, y si no es mucho pedir tal vez también suba la velocidad…

Lo mismo sucede con Boardwalk Empire. La serie de Winter tiene uno dos últimos capítulos mucho más interesantes que el resto de la temporada en la que los personajes empiezan a estar definidos y su posición en el mundo más clara. La serie tiene mimbres para convertirse en un mito de la televisión sino vuelve a caer en el relato lento y pretencioso de sus primeros capítulos (eso sí, con unos decorados preciosos y una fotografía casi perfecta) y se centra en contarnos una historia que es de lo que en realidad se trata.

En definitiva, dos grandes decepciones muy esperanzadoras de cara a la segunda temporada. Veremos si se queda en simples ilusiones o los lentos cimientos sirven para levantar dos colosos catódicos.

De vergüenzas ajenas, propias y algo de cine


Hace unos días nos sentíamos indignados con el comportamiento de Charlie Sheen allá, en las américas. El actor mejor pagado de la televisión americana gracias en su papel en Dos hombres y medio, sigue con su vida excesos y poca profesionalidad que ha obligado a cancelar lo que quedaba de temporada de la comedia más vista en Estados Unidos y ha supuesto un duro cruce de declaraciones entre el actor y Chuck Lorre, showrunner de la serie. Sheen se ha apresurado a decir que tiene un proyecto con la HBO titulado Sheen’s corner. El canal ha sido más rápido aún en desmentirlo.

Lo cierto, es que el de Sheen es un caso de vergüenza ajena de manual… pero también los tenemos de vergüenza propia. Propia, la que me da a mi, el programa de AR. Ana Rosa consiguió el pasado viernes la confesión de Isabel García, esposa del presunto asesino de Mari Luz. Para muchos esto no es anti-ético, pero todo lo que suponga juicios paralelos fuera de los tribunales es algo que un periodista nunca debe promover, uno con ética digo… y si eso con carrera. Por pedir que no quede.

La cosa no termina aquí, ya que hemos podido saber por Elmundo.es que el equipo de Cuarzo Producciones aisló a García y la tuvo retenida durante un tiempo indefinido para evitar que la mujer confesara en… ¿un tribunal? Es lo que pensaría cualquier persona razonable, pero no: ¡Para evitar que lo confesara en cualquier otro plató de televisión! Si es que ya me imagino a los responsables del programa: ¡Oye que por escaleta vamos un minuto largos, dile a la redactora que le de caña a la mujer esta y acortamos lo de Mari Luz! No sólo es vergonzoso, sino que es un retrato de una sociedad que cada vez valora más la fama y la notoriedad por encima de cualquier otro valor. Ya saben próximamente en Telecinco: ¡Yo asesiné a…! Un novedoso formato que ya he tenido un gran éxito en San Blas y la Modelo de Barcelona.

Sin movernos de la cadena de Fuencarral, esta semana Pasapalabra ha entregado el bote más grande de su historia… con tongo incluido. El concursante pronunció urerte y no urente (la respuesta correcta) en la última letra del rosco. Pasapalabra, como casi todo los concursos, se graban en tandas en falso directo muchas veces con semanas o meses de margen sobre su emisión. Esto hace más extraño el asunto. ¿Nadie del equipo se dio cuenta? ¿Era muy tarde para subsanar el error? ¿Es todo un malébolo plan de Vasile para ganar audiencia?

¿Y Christian Galvez? ¿Qué es Christian Galvez? Yo lo recuerdo en sus inicios con Kira Miró en Desesperado Club Social, un programa juvenil en la época en la que todas las cadenas tenían uno. Después, por su paso en CQC y me sorprendió su cambio a Pasapalabra con la muerte de la etapa de los hombres de negro con Fuentes a la cabeza. Y ahora va a protagonizar una película cómica con Jorge Sanz y Resines de acompañantes. ¿Se va a poner de moda que Telecinco ponga a sus presentadores a protagonizar sus ficciones? Los planes de Vasile me provocan tantas preguntas… y es que ninguno tiene sentido y todos le funcionan.

Sino miren al “pobre” Miguel Ángel Revilla, conocido por ir en Taxi a la Moncloa con anchoas bajo el brazo, que sufrió una encerrona en su visita a La Noria. “No volveré… Lo pasé muy mal”, pataleaba el presidente cántabro tras su visita al programa presentado por Jordi González. Los del programa le dijeron que iba a hablar de la corrupción en la política y acabaron sacándole su pasado en el sindicato vertical… Esta feo lo de La Noria, pero ¿alguién se ha sorprendido? Digo a parte de Revilla… Creo que Jordi González se ha quedado sin anchoas. Eso sí, no duden que hará el programa seguirá haciendo datazos de audiencia.

Sino es por la gente que lo vea será por la duración. Sino fijense que Sobera le ha vuelto a pintar la cara a Sálvame Deluxe y en los datos aparece con más share el programa de Jorge Javier… y es que como duran 4 horas, en unas horas que las demás cadenas se han ido a dormir pues hacen los datos que quieren. Estoy convencido de que pueden llegar hasta el 30% o más… eso sí alargándolo hasta las seis de la mañana.

Para terminar, y que no parezca que sólo hablo de Telecinco, cometaré que LaSexta, tras varias semanas de emisión, se ha dado cuenta de que tiene un tercer canal.  ¡Ahí va! ¡Qué se nos olvidó LaSexta 3… habrá que ponerle algo! Pon pelis de esas que hemos comprado y que no sirve para LaSexta, que las nuevas se las descargan, pero como de las viejas no tienen ni idea de nada pues seguro que hacemos más audiencia que CNN+…  Así, que por arte de magia LaSexta 3 deja de ser un canal de ficción general para convertirse en el primer temático de cine de nuestra TDT.

El tocino veloz


LA CONTRACRÍTICA de hoy no va exactamente sobre televisión, pero si con algo muy relacionado con la televisión: Las descargas.  Ayer, en el blog En tiempos como estos su autor hacía una reflexión sobre las descargas titulada:  La velocidad, el tocino, Espartaco y las descargas.

…es muy sencillo entender que de la misma forma que nadie tiene la ocurrencia de decir que al poner la tele y ver una película estoy “robando”, o de la misma forma que nadie tiene la ocurrencia de decir que cuando pongo cadena 40, le estoy quitando dinero a Alejandro Sanz, tampoco nadie debería tener la ocurrencia de decir que cuando voy a “seriesyonkis” le estoy robando a nadie. Por un simple motivo, igual que cada espectador de una película de TV, igual que cada oyente de una canción en la radio, no son un comprador del producto físico, tampoco el que ve una película en megavideo, es un comprador perdido del producto físico.

Vamos a ver, no sería exacto decir que un usuario de seriesyonkis está robando por visionar en esa página un producto audiovisual. En realidad, son los dueños de seriesyonkis los que están apropiándose indebidamente de ese producto ya que estas personas no han pagado a los poseedores de los derechos de dicha obra la cantidad acordada para reproducirla en su web. En cambio, las televisiones y cadenas musicales si lo han hecho, ahí radica la diferencia sustancial.

De hecho, entre toda esta polémica dichas páginas no se han molestado (o por lo menos no lo han hecho público) en llegar a un acuerdo con los autores, productoras o distribuidoras y convertirse en una plataforma oficial. ¿Por qué? Porque tendrían que pagar grandes cantidades de dinero para que dichos visionados fueran legales. Cada vez, que un usuario entra en una de estas páginas, un señor que no ha movido un dedo para crear esa obra ingresa dinero por ella, mientras sus autores (no hablo solo de cantantes conocidos, sino de guionistas, directores, iluminadores, fotógrafos, actores, sonidistas, montadores y un largo etcétera) que han dejado meses de su vida en llevarla a cabo no ven ni un duro.

Tampoco hay que ser muy inteligente, pues si yo puedo verlo, cualquiera podrá, que si existe seriesyonkis, o cinetube o pordescargadirecta, es simplemente por la pura inacción de los medios de comunicación  y cultura tradicionales, anquilosados en el S.XX y que no han sabido llevar un modelo de negocio coherente al S.XXI. 
 
SeriesYonkis, Cinetube, Pordescargadirecta, no son más que meros productos de transición, meras islas en un mar, que intentan satisfacer una demanda que no está siendo cubierta. Son “apaños”, “parches”, “sustitutos” de lo que desea la gente: una televisión y una radio de calidad en Internet pero además con las características que tiene internet: el poder elegir lo que quiero, cuando quiero.
Es verdad que estas páginas dan oferta a una demanda existente. El problema es que no puedes obligar a una industria a seguir lo dictados de un grupo de gente. ¿Es recomendable que lo hicieran?  Si, pero no puedes coaccionarles bajo la amenaza de robo… eso es extorsionar. De todas formas, la industria televisiva, cinematográfica y musical ya están buscando soluciones al problema. Lo que pasa es que esta búsqueda es lenta y tardará en llegar.
 
De todas formas, es gracioso que constantemente hablen de un modelo de negocio coherente en un país que se ha hundido cuando se ha hundido la construcción. Un modelo de negocio nada coherente. Con esto quiero decir que debemos darnos cuenta que la adaptación a estas nuevas tecnologías va a llevar años y que los autores (y toda la lista de personas citadas antes) deben seguir pudiendo vivir de su profesión. En cualquier caso, de ninguna manera se debe solucionar dicho distanciamiento mediante la extorsión y el robo, y con esto no pretendo insultar a nadie.  Es como si al butanero (siguiendo la metáfora de uno de los comentarios del blog) le robaras las bombonas porque existe el gas natural…
 
Por tanto y en conclusión, ¿si cuando veo Spartacus: Sangre y Arena en Play Cuatro no estoy cometiendo ningún delito y tampoco estoy pagando un solo euro? ¿Por qué me quieren hacer creer que cuando lo veo en Megavideo sí lo estoy cometiendo? ¿Porque ellos no se llevan su parte del pastel?
Si, porque la gente que crea esos productos quieren llevarse una parte de su pastel. El pedazo que les corresponde. Cuando ves un capítulo a través de Play Cuatro, la web de Antena 3, Telecinco o La Sexta, la cadena y los autores reciben ingresos por publicidad y aunque a ti te resulte gratis ellos si reciben lo que les corresponde. Un modelo que todavía no es rentable para los productores y aún así está implantado con casi todos los productos patrios ya que los importados tienen otro tipo de contratos y no pertenecen al canal en su totalidad.
 
Para terminar, quiero hacer una reflexión sobre la Ley Sinde, sobre la cual estoy en total desacuerdo. Muchos internautas arremeten contra los autores españoles por su aplicación. ¿De verdad creen que el lobby cinematográfico/televisivo de Hollywood no ha presionado? Nadie quiere que le roben su trabajo y parece que es difícil de hacerlo entender en un país que se está dispuesto a todo por el todo gratis.

OT ha muerto, ¡viva OT!


OT ha muerto, ¡viva OT!

Yo no he podido ni ver la final, me moría de pena. Y no por todos esos modelazos rockeros con corsé de Maya Hansen incluidos, que ya no va a lucir más Pilar Rubio,  no, me muero de pena por todos esos sueños rotos.

Me imagino a esas chicas con esas voces prodigiosas, con esas caras bonitas, metidas en la cama con su pijama de Hello Kitty, llorando a mares. “¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? ¡A mí, que la música es mi vida!”

Porque no sé si os habréis fijado, queridos lectores, pero esto es una cosa recurrente en los casting de los talent shows: La música es su vida. O bien el baile es su vida. O lo que sea que se enseñe en el reality.  Todos esos jovencitos con problemas psicológicos sin duda, buscando el reconocimiento con su arte.

Si yo fuese jurado de un casting, lo llevarían crudo: “Así que la música es tu vida, ¿no? ¿Cuántos años de conservatorio dices que has hecho? ¿Ninguno? Ya me parecía. Y llevas tatuada una clave de sol… ¿Te imaginas a un premio Nobel de física tatuándose una ecuación en la muñeca? Háztelo mirar.”

Porque yo creo que la gente sobreactúa, a mí me encanta la ropa y no me tatúo el logotipo de Louis Vutton, ¿qué necesidad?

Esa gente que va al casting con su madre, con su padre, con su abuela. Y por supuesto que la productora se asegura de sacarlos en el video: ¿Cómo ha bailado su hija? Fenomenal, claro. Yo a mi madre también le parezco más guapa y más estilosa que Olivia Palermo. Mi pobre amiga Nati se parte de risa cuando se lo cuento: “Belenchu, ¿tú Olivia Palermo? Pues no te falta a ti Nueva York ni nada.”

Pues las madres de los castings, igual. Y claro, los chavales lloran y suplican al jurado que los coja, dicen que no les van a decepcionar, que lo van a dar todo, el cien, el ciento uno, no, ¡el doscientos por cien! Como mínimo. Y tú coges el mando y dices: Eso ya lo he visto. Y así es.

El precio de la vanidad, decían. Porque al final, eso es lo que terminan pagando los chavales mal asesorados que se presentan a los talent shows. Porque sin duda, debe de ser muy guay que la gente te pare por la calle y te diga lo bien que cantas o bailas, que las niñas lleven tus fotos en sus carpetas. Mucho más que pasarse la vida estudiando música o baile en conservatorios, sufriendo, madrugando. Pasando las horas muertas componiendo canciones, pasarse las semanas ensayando en locales de mala muerte del extrarradio y los fines de semana en furgonetas y pensiones, dando conciertos por todo el país. Eso es de bohemios, de gente con pelo largo y gafas de sol.

¿Cómo ellos, tan monos, tan cool y tan divinos van a hacer eso? Mucho mejor es jugar al karaoke delante de toda España para que admiren tu talento. Así, sí. Pero seamos serios, ya todos sabemos cuántos triunfadores salen de cada edición. Cuántas voces prodigiosas se quedan por el camino.

Yo personalmente, ya estaba un poco harta. Me gustan los realities y me gustaban OT  y Fama porque eran como un Gran Hermano pero con gente más joven y talentosa. Gente que realmente invertía su tiempo en mejorar en algo, pero no dejaba de ser un reality y quería verlos dormir, verlos lavarse los dientes, verlos enrollarse entre sí y hacerse super amigos. Si luego encima bailaban y cantaban bien, para qué queremos más.

Pero ver a una horda de chavales cantando canciones que ni me van ni me vienen con esas voces tan limpias y esas coreografías y ese sentimentalismo exagerado… Como que no. Si no voy a conciertos, ¿por qué iba a querer verlos por la tele?

Además, ahora viene Gran Hermano, el reencuentro a consolarnos por la pérdida, que es otro formato que me parece una genialidad. Lo que nunca me ha gustado es que compitan por parejas, yo pondría a reencontrarse a todos con todos, gente que viene resabiada del concurso, que sabe lo que hay, y me sentaría a esperar lo que realmente mola de los realities: Que la gente fornique. Porque para ver a gente discutiendo ya tenemos De buena ley y ya es lo suficientemente insoportable por sí mismo.

Yo de momento voy a ir a comprar palomitas de cultivo ecológico y helado de chocolate sin azúcar añadido para la noche de la primera gala. Y esta vez me ahorraré los momentos lacrimógenos con la abuelita de turno, porque para El reencuentro, por suerte o por desgracia, no hacen castings.

La inmortalidad no mola tanto


Esta semana me ha dado por los procemientales policiacos y hoy también voy a hablar de uno, pero en este caso de uno que fue cancelado por sus bajas audiencias a pesar de sus posibilidades: New Amsterdam. En 2008 Fox estrenó una serie protagonizada Nikolaj Coster-Waldau basada en las peripecias de un inspector de homicidios que es inmortal.

Esta sinopsis un tanto apresurada puede sonar a marcianada, pero la serie es un clásico procedimental basado en un carismático protagonista. John Amsterdam (el personaje interpretado por Coster Waldau) es un antiguo militar en la época del Far West que durante un asalto a un poblado índigena intenta detener la masacre y es herido por sus compañeros. Cae inconsciente en el campo de batalla y es rescatado por los indios que llaman a los espiritus para salvar a su protector. Este hechizo convierte John en inmortal. Eso sí, los indios que son muy majos, ponen una cláusula: Lo será hasta que encuentre a su amor verdadero. En dicho momento, Amsterdam empezará a envejecer.

No quiero destripar mucho de la historia, que ya lo he hecho bastante, pero el personaje es uno de los mejor construidos de la reciente historia de la televisión americana y la trama romántica, a pesar de ser un clásico o tal vez por ello, funciona a la perfección. En el piloto, Amsterdam persiguiendo a un sospechoso recibe un balazo, para su sorpresa la herida no sólo no se cierra sino que además sufre un infarto. Lo sabe. Su amor verdadero estaba en ese anden de metro donde fue herido.

Primero emprende la búsqueda apoyado en su hijo Omar, que por supuesto es más mayor que él, y una vez encontrada la que cree culpable de su daño y de su felicidad por poder envejecer intenta conquistarla y hacer que la relación funcione a pesar de los 180 años de diferencia de edad que les separa.

Inspiración clásica

New Amsterdam bebe de las narraciones del siglo XIX sobre estos temas, ya sea Drácula o el Retrato de Dorian Grey, la serie no afronta la inmortalidad sino como una maldición en la que año tras año debes superar el ver a tus seres queridos crecer, envejecer y morir mientras él permanece impertérrito. Además, la serie retrata el continuo cambio de profesión y nombre al que el protagonista ha tenido que realizar para sobrevivir y no ser detectado como el freak que es.

Esta inspiración clásica le da a la serie un tono oscuro, nostálgico y romántico (en el sentido más clásico de la palabra) muy lejos de los actuales relatos audiovisuales (Crépusculo y sucedáneos) y que aporta un contrapunto dramático muy interesante.

La serie tuvo un paso fugaz por la temporada media americana (desde febrero a mayo) en la que fue una de las grandes apuestas de FOX, que llegó a poner dos capítulos en la semana de estreno para potenciar dicho producto. Los datos la pusieron en duda desde el principio con menos de diez millones de espectadores desde el piloto. La network la colocó en los difíciles lunes y a pesar de que la pérdida de audiencia no fue alarmante, la serie no cumplió con las expectativas de la cadena.

Terminó en su octavo capítulo con cerca de siete millones de espectadores, pero el pequeño repunte dado en sus últimas emisiones llegó tarde. Aún así los responsables de la serie le dieron un final digno y queda en nuestras serietecas como una miniserie involuntaria que cuenta una historia que podía haber sido muy grande y con una gran importancia. Siempre me preguntaré lo que podía haber sido esta serie de haber contado con el respaldo que otras, como Dollhouse, si tuvieron para dejarla evolucionar o simplemente hubiera funcionado en las audiencias.

La estructura de los episodios se monta alrededor del caso de turno y con grandes dosis de la trama horizontal. Esta historia se basa en dos ejes: Su conquista del amor verdadero y de la mortalidad, amen de los problemas personales propios de tener varias decenas de descendientes y en particular de su hijo Omar, uno de los mejores personajes de la serie, y los flashback donde relatan las vivencias pasadas que han convertido a John en la persona que es.

El principal problema de la serie son los casos autoconclusivos que son bastante anodinos y no están a la altura de la trama horizontal. Si los responsables del proyecto hubieran cuidado más este aspecto podríamos estar hablando de uno de los policíacos más originales de la actualidad… pero como no fue así, siempre nos quedaremos con ¡Lo que pudo ser! Una serie recomendable para darse un pequeño atracón y disfrutar de los terrores de la inmortalidad.

P.D. El título se debe al nombre original de la ciudad de Nueva York, Nueva Amsterdam, de la época en la que el protagonista era mortal.

El mentalista vs Castle vs Miénteme


Muchas veces cuando los seriefilos hablan de televisión desprecian un género concreto de relato: El procedimental. Hace tres años se dió una situación en la que tres de las networks (canales en abierto) apostaron por procedimentales (series en las que cada capítulo se resuelve un caso) en las que el protagonismo estaba centrado en un excéntrico asesor policial. Estas series fueron las citadas en el título: El Mentalista (CBS-La Sexta), Castle (ABC-Cuatro) y Miénteme (FOX- Antena 3). Pongo también la cadena de emisión española porque el recorrido ha sido bastante similar en Estados Unidos y aquí.

El inicio de la primera temporada empezó con el bombazo de Bruno Heller (creador de Roma) y su Mentalista aplastando en las audiencias. Y no sólo en las audiencias sino que los críticos lo definieron como el nuevo gran procedimental en contra de los ya acabados CSI (hay que ver, que no se mueren los jodidos). La audiencia respaldó a Patrick Jane, un personaje (estafador-mentalista reconvertido) que va de lo excéntrico a lo oscuro con una facilidad asombrosa… y es que la historia del genio investigador torturado por su pasado vende mucho y los trece primeros episodios de la serie son fantásticos.

 

Castle en cambio fue considerado una serie más, muy al rebufo de su congénere. De hecho estuvo entre las posibles cancelaciones de la ABC durante su primera temporada que se redujo a diez episodios. ¡Santa reducción! ¡Maravillosa renovación! La primera temporada de Castle es más propia de una serie de cable en la que se sabe que va a haber recorrido y solo se sientan las bases para trabajar… Eso y que los casos no eran muy allá la tuvieron al borde de la muerte.

Al borde de la muerte debería titularse Miénteme (Lie to me). Tras una primera temporada en la que la serie de Samuel Baum demostró que se puede ser una estupenda nana semanal y con el único atractivo de tener a Tim Roth en el reparto estuvo a punto de ser cancelada. Sobrevivió y aún subsiste.

La única que tuvo el back nine esa primera temporada (que le encarguen nuevos capítulos) fue El Mentalista y eso fue el fin de la calidad. Patrick Jane empezó a perder frescura y la serie se convirtió poco a poco en un Colombo modernizado… Sólo que todavía no lo sabíamos.

El resurgir de Castle

Llegó la segunda temporada y Castle resurgió de su casi cancelación con todas sus virtudes y pocos de sus defectos para plantar cara a quién se le pusiera por medio. Los casos eran mejores y la química entre los personajes explotó en una tensión sexual no resuelta y amistades varias, además apoyadas por la fantástica familia del prota, un escritor de éxito metido a asesor policial. La serie no solo no fue candidata a la cancelación sino que recibió la petición de más capítulos.

En cambio, El Mentalista, que aún tiene episodios muy interesantes, le empezó a fallar la historia horizontal… Todos sabemos que a John el Rojo no lo van a pillar hasta el final de la serie y por lo tanto los capítulos  que van sobre él, que deberían ser los más interesantes, son un completo aburrimiento en lo que lo único disfrutable es ver a nuestro nuevo Colombo fallar. El problema ha sido que Patrick se ha convertido en un superhéroe que resuelve los casos de formas excéntricas, pero sin fallo… Esto que es un mal del procedimental como género, se acentúa cuando dichas resoluciones, en su mayoría, están sacadas de la manga basándose en la agudeza del protagonista.

Heller y su equipo se han olvidado que una de la grandes bazas de los relatos de misterio es que el espectador participe con sus elucubraciones desde casa. Es algo que ha sabido hacer muy bien Castle, que además al tener un escritor como protagonista, incorpora grandes partes de metaficción que resultan graciosas e interesantes.

Miénteme, en cambio, decidió dar un giro de tuerca y traer a Shawn Ryan(The Shield, The Chicago Code) para que se hiciera cargo del desaguisado y la serie despegó en calidad, pero no en audiencias. Ryan se encontró con el principal problema de que la serie se basa en que nadie puede mentir al protagonsita ya que el lee las mentiras en sus caras. Esto provoca que todo se resuelva con entrevistas… Algo muy aburrido. Otro fallo en la concepción es que la empresa de Carl Lightman (el personaje de Tim Roth) es una empresa de un sector ficticio (o muy desconocido) con pocos anclajes en la realidad, lo que hace que el espectador no acabe de entrar en el relato. La serie no supo situarnos en su mundo y es algo que va  a arrastrar hasta su cancelación definitiva.

Las tres sobrevivieron al final de temporada. Castle y El mentalista con el back nine a sus espaldas y buenos datos de audiencia. Miénteme es un caso excepcional en la televisión actual. A pesar de sus malos datos, el canal pidió nuevos capítulos y utiliza la serie como rellenadora de huecos ya sea con cancelaciones durante el año o para poner un toque de ficción durante el verano.

¿Y ahora qué?

Castle parece encantada de haberse conocido y continúa con su estilo fresco y divertido de afrontar los casos. La serie es consciente de lo que es: Un relato de suspense, y juega con ello constantemente buscando sorprender al espectador en todo capítulo aprovechándose del conocimiento general sobre los relatos de detectives. El carisma de Nathan Fillon se ha asentado en su personaje y todo parece indicar que habrá misterios para ratos. Para mi, el mejor procedimental policíaco de la actualidad.

El Mentalista por su parte parece haberse dado cuenta de que el personaje interpretado por Simon Baker no puede ser Superman en chaleco de seda y atraer al público y parece que quiere humanizar a Patrick Jane, pero la única manera que han encontrado es ponerle en peligro y eso puede funcionar un par de veces por temporada, no más. La frescura del niño gamberro que todo lo sabe se ha convertido casi siempre en el pesado sabihondo que no sabe comportarse… Eso sí, las audiencias le respaldan.

Por último, Miénteme, ahora situada en la temporada media americana, sigue su extraño camino. Tras la marcha de Shawn Ryan para realizar su The Chicago Code, la serie ha intentado seguir el sendero marcado pero lastra muchos males y eso vuelve los relatos impredecibles y desustructurados… Esto se ha convertido en su peor pesadilla, ya que es difícil sorprender al espectador sino sabe que esperarse, y en su mejor baza: No hay ningún procedimental como Miénteme.

Casi nada cambia


Muchas veces cuando algo cambia en la televisión (La agonía de DEC) los críticos y espectadores preocupados damos saltos de alegría… pero al final, todo sigue igual y sino que se lo pregunten a Antena 3 sigue con ese salvaje agujero negro en sus tardes y este fenómeno televisivo ya tiene nueva víctima: 3D (Antena 3 Directo, que cachondos con el nombre) de Gloria Serrá. Y es que el programa presentado por la hace meses proclamada gran periodista (así nos va) no era más que una copia de todos los Almendralejo Directo que pueblan la geografía española y copiando algo que sigue funcionando es muy dificil que algo haga buenos datos.

Para sustituirlo, Antena 3 pone en su lugar Puente Viejo, un nuevo serial para las tardes y Tercero en discordia que es un dating show (hombres mujeres y viceversa sin dar vergüenza ajena posiblemente)… Y es que parece que no aprende y sigue probando con lo que a otros les ha funcionado y clonando tardes sin éxito. El problema es que parece que siempre llega tarde y que la cadena, y las productoras, parecen faltas de ideas para llenar esa franja. Yo les propongo Saber perder, un concurso… A la 2 le va muy bien.

Por otros lares, los de TVE, todo parece funcionar. Por ello, que se hayan gastado una millonada en renovar por cuatro temporadas los derechos de la Champions League suena raro. No pienso como Telecinco que sea ilegal que suban la puja tanto, pero ¿era necesario?. La televisión pública no debe olvidarse nunca de las audiencias, porque tiene que hacer una tele de calidad, pero que se vea, que ¿de calidad? a secas ya tenemos La 2… Tal vez, ese dineral se debería haber invertido en productos audiovisuales autóctonos que permitan mejorar la industria en términos cualitativos. Es decir, lo que está haciendo Canal+ pero desde nuestra tele pública… ¿BBC?

Y es que esto de las teles públicas si que no cambian… O sí. En Valencia han prohibido emitir a la TV3 algo lógico desde el punto de vista del espíritu de las teles autonómicas pero muy triste desde el punto de vista de la calidad televisiva… en lo que TV3 es un oasis en una país de Sálvames. Además, la cadena catalana hace grandes datos de audiencia (llega a superar el 20% en su ámbito de emisión con varios de sus productos), algo que Telemadrid no puede ni soñar.

La cadena de la estrella debería ser otro referente entre las autonómicas, no en vano, su presupuesto es de lo más altos de la FORTA, en cambio celebran que su late-night alcance un 8% con Territorio Comanche de Cristina Tárrega… Sin entrar en discursos ideológicos, ¿Cómo es posible que dejen entrar a esa señora en una tele pública? No es sólo una nefasta presentadora, sino que además, va a en contra de todo criterio aceptable para un organismo público… y encima le pagan. En realidad, encima le pagan con nuestro dinero…

Es lo mismo que pienso cada vez que veo algo relacionado con Eurovisión y yo es que soy de efecto Phil Collins constante. (Es un efecto televisivo, llamado así en honor al primero que lo sufrió, que produce una increíble bajada de audiencia cada vez que aparecen actuaciones musicales en la televisión). El final de OT es una prueba de que la gente está harta de que nos intenten meter a gente sin formar, o en formación, como estrellas, siendo en cualquier otra profesión creativa sería becarios.

Señores de la televisiones, en un país de 45 millones de habitantes no hay tantos cantantes para sacar tres talent shows al año y hacer el ridículo en Eurovisión… y menos paciencia para verlos haciéndolo. ¿No estaría bien un Destino Eurovisión con artistas consagrados y alguna promesa? ¿Y si fueran cantantes que tocaran varios estilos musicales? Suerte a Lucía Pérez en su paso por Eurovisión, pero lo cierto es que los gallos cada vez venden menos y eso es algo que me alegro que si cambie.

Para terminar, Buenafuente no cambia y volvió a cosechar un éxito de audiencia con sus Goyas… A pesar de ello, recibió críticas por hacer una gala de premios aburrida (lo de Alex de la Iglesia ya lo comentó ayer Barman)… Señores: Es una gala de premios… Lo curioso es que lo comparaban a Gervais y sus Globos de Oro. Para mi, Buenafuente estuvo mucho más acertado y tuvo momentos brillantes. ¿La gala fue  aburrida? Si. También lo fueron los Globos de Oro y lo serán los Oscar. Y es que es una gala donde se dan premios… ¿Es tan complicado? No es un espectáculo de monologuistas, no es un obra de teatro y no es un Late Show… Eso sí, la canción de doce minutos, dejar colarse a Jimmy Jump y las risas fingidas de muchos protagonistas sobraban.

P.D. Casí se me pasa hablar de Sálvame, que está acojonado con Sobera, y primero fue Belen Esteban y el polígrafo y ahora una entrevista a María Lapiedra desnuda… Hay que ser tontos… Si para ver Lapiedra desnuda, vestida, travestida y en diferentes posiciones está internet… Eso sí, si lo hacen con la Esteban (que Vasile no me oiga) lo petan seguro…

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