Crónica de los TP y los premios en general


El pasado lunes se celebraron en el Teatro del Canal en Madrid los premios TP de Oro, que son esos premios que organiza la revista TP, de la que hasta el lunes desconocía su continuidad. Dichos premios son otorgados por los lectores de la revista y por lo tanto celebran la popularidad del personaje/programa y no la calidad del producto o del trabajo de los profesionales. Ambas formas de evaluar no son exclusivas y pueden coincidir, pero también puede que no lo hagan. No voy a dar el listado de premiados. Os lo dejo en este enlace.

Como podéis observar, las categorías de los premios son raras, pero que muy raras. Empezando que para variedades (en cuanto a productos) hay dos premios: “Mejor magacín” y “Mejor programa de espectáculos y entretenimiento”. Si de por sí la palabra magacín puede englobar dispares tipos de programas, el título mejor programa de espectáculos y entretenimiento no se queda atrás. En estos premios son las cadenas las que distribuyen sus productos en las distintas categorías y después los lectores votan. Esta explicación sirva para entender porque  Sé lo que hicisteis no compite con el resto de programas de humor.

Las categorías son un medio camino. Y es que los TP son medio premios. No se atreven a ser los EMMYS españoles (o algo así) ya que les faltarían nominaciones por un tubo y mucha categoría y organización. El hecho de que toda la ficción se englobe en una misma sección (lo habitual es discernir entre comedia y drama), los presentadores y actores no se distingan por género (profesional) o sexo, y que la mejor información deportiva nomine a actos concretos y no al mejor programa deportivo habitual… ¿Qué quiere que les diga? Desacredita bastante.

Aún así, los TP siguen siendo de los premios más importantes de la televisión patria, no por buenos, sino porque el resto no tienen ningún tipo de valor y eso es algo en lo que hay que reflexionar. La creación de unos premios siempre es algo artificial, forzado y el prestigio al principio es supuesto. Es cierto, que con una mejor distribución por categorías, nominaciones más lógicas y demás, todo gana en calidad y respetabilidad. La solución: Reformar los premios de la Academia de Televisión y convertirlo en unos Goya catódicos. ¿Lo van a hacer? No lo creo, pero por proponer que no quede.

La gala en si, fue… una gala. Con esto quiero decir, ya lo he mencionado en otras ocasiones, que una entrega de premios no podemos esperar un late-night tremendamente divertido, porque el acto central (el de galardonar) es repetitivo y aburrido, pero se puede hacer bien (los Goyas de Buenafuente) o mal (los TP). ¿Dónde radica la diferencia? Como casi siempre en el guión.

Si entre premio y premio se mete algo que te haga sonreír, y si eso ya reirte, la noche se hace más llevadera. Patrica Conde tuvo que defender un texto que adolecía de falta de preparación (o eso parecía y no será porque la presentadora no está acostumbrada a solucionar imprevistos) y caía una y otra vez en los tópicos. Los presentadores de los premios parecían perdidos y en alguno se perdió (Flo a la hora de entregar el TP a Sé lo que hicisteis). Lo cierto que poco hubo que reseñar: Muchos agradecimiento, mucha improvisación y más ganas de celebrar que de presenciar en general.

Otro elemento negativo fue que los premiados desaparecían de la sala (en ocasiones decenas de personas al ganar un programa o serie) y se les llevaba a la “sala de prensa” en otros lugares llamada bar con photo-call montado en una pared. Eso es un error grandísimo ya que los últimos premios contaban con un público compuesto de curiosos enamorados de los famosos que le rodeaban y perdedores de la noche aplaudiendo a desgana.

Por otro lado, es impensable que una gala donde se reconoce el trabajo de los equipos que trabajan tras las cámaras, además de el de presentadores y actores, se haga una distinción de trato tan enorme entre ambos. Los “don nadies” esperan fueran a que se abran las puertas, a pesar de muchos de ellos estar nominados, mientras que los famosos pasan por el photo-call sin esperas y van a la sala VIP. Esto que en otros actos sería hasta entendible, en una fiesta de la televisión debería estar más atenuado. No digo con esto que los no-famosos hagan posados para los fotógrafos… Simplemente no interesan. Pero, lo cierto es que un poco más de cortesía y organización no hubiera estado de más.

Es curioso (ahora viene lo de otros premios) que alguna vez cuando he cubierto los Micrófonos de Oro me he sentido indignado. Sobre todo, porque en unos galardones donde se festeja el mundo de la comunicación, es uno de los sitios donde los jefes de prensa más complicado ponen el trabajo a sus compañeros. Ya saben lo que dicen: en casa del herrero, cuchara de palo y en la del productor de televisión, proyector de cine.

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