La historia de siempre, de momento


Hace unas semanas produjo un estreno que ha pasado bastante desapercibido en nuestra blogosfera: Camelot. La cadena Starz da a luz a un nuevo retoño en forma de serie… y tal como hizo con Spartacus, lo hace basándose en una historia ya contada en innumerables ocasiones: La historia del Rey Arturo (publicitada como verdadera, otra vez).

Los mitos artúricos, que ya son variados en la literatura inglesa y francesa, han dado al cine, y ahora a la televisión, uno de los universos más mutables. Y es que entre un producto, como por ejemplo el Excalibur de John Boorman, el Rey Arturo de Antonie Fuqua, la serie de la BBC, Merlín o la tratada en este post hay tantas variantes que solo tienen en común el nombre de los personajes y alguna de sus características más famosas.

Es posiblemente esta apertura narrativa y creativa (a parte de lo atractivo de la historia del gran rey) lo que  llama tanto la atención sobre este mito, ya que permite muchas más personalizaciones que cualquier otro clásico. Para esta nueva visión/versión, Starz ha recurrido a Michael Hirst (creador de Los Tudor) y a Chris Chibnall (guionista de Doctor Who y showrunner de las dos primeras temporadas de Torchwood)… y ellos han optado por reinventar el mito y darle un aire más realista con ciertos toques mágicos.

La estética se asemeja más al Rey Arturo de Fuqua que al Excalíbur de Boorman, con armaduras entre romanas y nórdicas (más cercanas a estas últimas), con un gran huella del Imperio Romano (no olvidemos que el mito original se desarrolla en el ocaso de su dominio). Lo cierto es que como casi toda los relatos audiovisuales ambientadas en lo artúrico la época es extraña y de difícil encuadre.

De nuevo el origen de un mito

En cuanto al argumento… Nada nuevo. El piloto nos cuenta la muerte de Uther envenenado por la malísima Morgana  y el empeño de Merlín por llevar al trono a un joven Arturo criado por un viejo caballero y su familia. Esto provoca la ira de su hermanastra y su aliado (con sexo de por medio) el Rey Lot y de todos aquellos que no son leales a Uther o no creen que un bastardo pueda ser Rey.

Como veis, una vez más la televisión nos retrotrae al origen del mito (no tan atrás como la edulcorada Merlín) y nos cuenta una vez más, una historia mil veces narrada de mil maneras distintas. Esto me hubiera disgustado bastante de no ser por su predecesora, Spartacus. La primera gran serie de Starz también pecaba de contarnos algo ya narrado hasta la saciedad… ¿La diferencia? El detalle derivado del ritmo de narración, y esta es la esperanza.

Al estar contado en forma de serie, las tramas podrán detallar con más precisión el ascenso de Arturo al poder y sus posteriores vicisitudes en tal cargo. Ya durante los primeros minutos hemos podido ver a alguno de los personajes míticos, sobre todo caballeros, de los relatos artúricos… Eso sí, las presentaciones como tal son pocas para no masacrar el ritmo del piloto y que sea más que un álbum de caras para que la historia comience en el segundo episodio.

¿Y ahora qué?

Como siempre es difícil entrever lo que deparará el futuro de la serie, pero a su favor cuenta con dos buenos guionistas. Hirst se ha ganado su prestigió con la innecesariamente lenta, Los Tudor y Chibnall es un guionista inglés curtido los grandes productos de la BBC, ya sea Doctor Who, Torchwood o la primera temporada de Ley y Orden en su spin-off británico. Veremos si la experiencia en series de época y en relatos de acción respectivamente se combinan para formar una serie memorable o nos quedamos de nuevo con un producto que no haga justicia a los caballeros de la Mesa Redonda. En su contra juega que una historia tantas veces contada carece de elementos sorpresa y por lo tanto, si la evolución es demasiado lenta o no del todo acertada, no tendrá el colchón de un gran final (de temporada o serie) sorprendente que haga que el espectador se quede con buen sabor de boca.

En cualquier caso, si eres amante de este tipo de historias la serie no tiene pinta de que te vaya a decepcionar, eso sí, no te esperes una revolución en ninguno de los sentidos. Además, no hay que desesperanzarse puesto que es normal que el arranque no haya aportado demasiadas novedades, ni haya mostrado un ritmo feroz ya que al tratarse de una serie de cable buscará cimentar el futuro en una primera temporada posiblemente bastante predecible.

En conclusión, a pesar de que el piloto no es ninguna maravilla, la serie, ya sea por temática, por ambientación o por sus predecesores (sus autores o las anteriores producciones del canal) merece una oportunidad… veremos si la aprovecha.

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