Mis cinco… cancelaciones de esta temporada


Hace algún tiempo el territorio cable era seguro. Un lugar donde explotar ideas y productos que en las cadenas en abierto no se podía por ausencia de audiencia. Pero, el crecimiento de este tipo de canales ha hecho que la audiencia preocupe y mucho, y eso provoca que productos de gran calidad se queden en una o dos temporadas al no encontrar los suficientes seguidores. Estos es mi top 5 de cancelaciones de cable de esta temporada.

QUINTO PUESTO

Terriers. FX asesinó uno de sus estrenos antes de salir el piloto. Con una promoción que nos mostraba la típica serie de detectives con dos colegas muy colegas hicieron que poca gente tuviera gana de verla y que mucha de sus espectadores iniciales se encotraran un producto mucho menos simplón de lo que se esperaban. Lo cierto es que sus audiencias nunca fueron buenas y poco pudo hacer el canal… a parte de una buena campaña de promoción.

En internet hubo varios llamamientos de sus fans para salvarla y muchos rezaron porque DirecTv (otrora salvadora de Friday Night Lights y Damages) se ocupara de la serie, pero no consiguieron atraer la atención de un mayor público ni de la crítica, aunque ahora la hayan designado como una de las cancelaciones más tristes de la presente temporada.

CUARTO PUESTO

Caprica. Tras el éxito de público, crítica y universo freak de Galláctica, estrella de combate, SyFy quiso mantener el universo y convertir a uno de sus productos estrellas en saga. El primer intento fue llevarnos al origen del problema, la creación de Cylons. Caprica no es un producto de ciencia ficción al uso, sino que era algo distinto, mucho más adulto y que utilizaba los avances tecnológicos como un elemento más de la trama y no como un mero divertimento.

La serie tiene una ambientación futurista pero con muchos toques de los años 20 estadounidenses, con un toque añadido de trama religiosa (muy al estilo de la que ya se pudo ver en su serie madre) y existencialismo por todos lados. La serie adolecía de cierta falta de ritmo y eso hizo que muchos de sus posibles espectadores dejaran la serie tras los primeros episodios, no ayudó demasiado el parón que hizo la cadena a mitad de temporada para levantar estas audiencias… Una pena porque podía haber sido algo más que un simple serie de ciencia ficción.

TERCER PUESTO

Rubicon. Es sin duda la gran sensación de esta temporada, por muchas razones. La primera temática: Es una serie de espías sin tiros, saltos de azoteas y gadgets supermodernos. El realto se centra en esos analistas que encerrados en un despacho se dedican a descifrar códigos y a elaborar estrategias para comunicarse con los aliados. La segunda que a pesar de sus bajos datos de audiencia (bajos incluso para AMC que nunca ha pedido a sus productos que obtengan grandes datos si son de calidad) y la tercera por su cancelación. La cancelación que ha producido una marea en la blogosfera que la ha elevado al Olimpo de la grandes series.

Para mi, no lo es. Es una gran idea, pero demasiado lenta. De hecho, ya comente que me parecía el paradigma de la falta de ritmo. Lo cierto es que calidad no le falta, que la temática es interesante y que puede llegarte a engancharte tras 9 0 10 episodios… Pero, es normal que una cadena no pueda permitirse que una serie se quede con unos datos paupérrimos a pesar de tener un grupo de seguidores muy fiel (aunque pequeño). Una serie, en mi opinión, debe entretener y Rubicon sólo lo hace tras unas cuantas horas de aburrimiento de manual… A pesar de ello (y sé que muchos críticos la situarían la primera en esta lista) es una triste cancelación por su originalidad y por su potencial.

 

SEGUNDO PUESTO

Stargate Universe. Heredera de la saga de ciencia ficción televisiva más importante (en cuanto a números) de los últimos años. Stargate regresó el año pasado con una apuesta distinta que se deshacía en parte de la aventura de la original (Stargate SG-1) y del costumbrismo de su hermana mayor (Stargate Atlantis) dando un tono más oscuro y más realista, dentro de que es un relato de ciencia ficción, a sus personajes y tramas.

Lo que para mi ha sido el mejor producto de la saga y que podía haber llevado a ésta a un nuevo horizonte, ha decepcionado a muchos de sus seguidores más fieles que querían más de los mismo. Esto ha provocado que tras dos temporadas Sy Fy haya decidido dar carpetazo a esta nueva aventura de Stargate y quedarse por primera vez en muchos años sin una serie de esta saga en su parrilla. Además, ha coincidido con la cancelación de la serie Cáprica, con lo cual su programación ha girado completamente dejando de lado a la ciencia ficción más pura. ¿Volverá Stargate con una cuarta serie o la saga habrá muerto tras tantos años dando guerra? El tiempo lo dirá, esperemos que éste no haya sido su cenit ni su epitafio.

PRIMER PUESTO

Lights out. Si me he decidido a hacer este “ranking” ha sido porque FX ha decidido cancelar esta serie. Hace tiempo definí a Lights Outs como la heredera natural de Friday Night Lights y al final, nos hemos quedado sin las dos. Las audiencias no han acompañado a este relato de un boxeador retirado que decide volver a los rings para recuperar su título y de paso solucionar los problemas económicos que su alto tren de vida le han provocado. La serie recoge el espíritu de los grandes clásicos del boxeo cinematográfico y estira el tiempo para darle más importancia al camino.

Este estiramiento es posible que haya sido el problema por el que las audiencias han decidido no acompañarle. FX es una cadena muy centrada en el público masculino en el que las series con un alto componente de acción (The Shield, Son of Anarchy o Justified)  han triunfado y triunfan entre sus espectadores. Lights Out a pesar de que pueda parecer por su argumento que cumple estas expectativas es más un drama familiar, un drama personal con ciertos toques violentos, pero no al nivel de su predecesoras. Es una lástima porque en otra cadena, con un público menos focalizado, podría haber sido un bombazo.

Las pieles de Skins


A pesar de su carácter innovador y transgresor  tan alabado por público y crítica, Skins sigue funcionando gracias a una fórmula que Elsley y Brittain pusieron en marcha en la primera temporada de la serie. No hablo de la estructura de capítulos centrados en un personaje (sacada de su predecesora As if… Para que veamos que hasta lo más rupturista tiene antecedentes)

Me refiero a que los personajes de las tres generaciones (o de las cuatro si contamos la americana) han tenido roles comunes en su interrelación grupal. Es cierto, que la importancia de cada papel ha cambiado en las diferentes generaciones. Vamos a hacer un repaso de estos roles:

  • El líder: Si pensamos en un líder en Skins, sin duda, el hombre es Tony. Tony es carismático, arrogante, manipulador y encantador. Es el líder de grupo por antonomasia. En la segunda generación Freddy intenta ocupar su lugar con mucho menos éxito. Lo cierto, es que a pesar de que sus amigos siempre buscan su aprobación (incluso Cook) la trama amorosa acaba por fagocitarle.

En la tercera generación con la toma de poder de las chicas hemos podido ver la primera líder mujer con un Mini sobresaliente a la altura de Tony en manipulación y encanto. De hecho, la trama de Mini es parecida a la que vivió Stonem en sus dos temporadas, pero condensada.

  • El incomprendido entrañable: La memorable escena de Sid masturbándose pillado por su padre por culpa de Tony es una muestra de lo que este rol aporta. Es el más utilizado para sorprendernos con el juego de espejos. Sid acabó por convertirse en uno de los personajes más adorados de la primera generación. En la segunda tanda, sin duda fue Cook.  Ese hooligan insaciable de problemas se convirtió en un enamorado incondicional y en un escudero para su mejor amigo. Pero, en esta ocasión el rol se dobla (hay  más personajes que las otras generaciones) y Katie en su homofobia y su malas argucias para quedarse con Freddie acaba por convertirse en un personaje víctima de sus circunstancias que acaba conquistando al espectador.

En la tercera el rol ha cobrado aún más protagonismo con una Franky de la que todavía sabemos lo justo a pesar de que ya nos han mostrado toda su vida. Las sorpresas no han acabado. Además se  ha visto doblado con un Nick con un papel similar en implicaciones al de Cook: Gilipollas con un gran corazón, supongo que en la segunda parte de su generación esta última parte se acentuará más. (¿Dónde estaría Cook en este análisis si sólo tuviéramos en cuenta su primera temporada?)

  • La chica problemática: Cassie inauguró la cuenta de las femmes fatales con unos cuantos tornillos de menos con su capítulo surrealista centrado en su anorexia y su “Guuuay”.La herencia de la rubia nos dejó a Effy, un personaje complejísimo que vive entre la independencia total y la necesidad de amor y comprensión exagerados. Liv ha sido la última en incorporarse, y deja de lado los problemas mentales para usar una historia más clásica con el padre en la cárcel y una madre poco autoritaria. 

  • El nexo: Es ese miembro del grupo que sin tener demasiado protagonismo se lleva bien con absolutamente todos y que funciona como conciliador. La verdad es que ha sido el rol más estable en la serie. En la primera generación fue Chris, que era el único capaz de incluirse en la trama de cualquiera de sus compañeros sin resultar extraño. J.J., el chico asperger,  se convirtió en el nexo por antonomasia, siempre en busca de mantener unidos a “los tres mosqueteros” a pesar, de que para ello tiene que renuncia a su amor por Effy. En la tercera tanda, el puesto lo ha ocupado Grace. Este rol se resume en le diálogo en el que Rich le dice a su novia que ella es siempre lo que los otros necesitan que sea.
  • El misterioso con traumas familiares:  Este papel fue secundario en la primera generación con una Jal que casi siempre se mostraba reacia a entrar en las dinámicas de grupos y seguía tan fielmente el camino marcado (salvo con Chris). En la segunda Naomi ocupa este lugar, aunque Emily también podría hacerlo dependiendo del análisis. Descubrimos a una chica que ansía la estabilidad ya que su mundo no deja de moverse (una madre pseudo hippie) y que no está dispuesta a perder a la única persona que la hace sentirse normal, Emily. En esta última temporada, el rol lo ha ocupado Matty, siendo más evidente que nunca. El problema ha sido que cuanto más conocíamos al personaje menos nos atraía al contrario que sus antecesores. (¿Problemas en la actuación?)
  • El complemento: Siempre ha habido un personaje necesario para que otro ejerza su papel. A pesar, de que dicho personaje pueda tener más implicaciones o tramas, su principal función es la de que el principal crezca. En la primera generación fue Michelle, tan necesaria para ver al verdadero Tony y su evolución. En la segunda, a pesar de ser un personaje muy interesante, este hueco lo ocupa Emily, ya que sin ella Naomi perdería mucha fuerza. Por primera vez, en la tercera generación este papel lo ocupa un personaje masculino. Rich que funciona, sobre todo al principio, como desahogo cómico, es el matiz de Grace y hace que la chica ideal sea más real. 
  • El personaje curioso y desahogo cómico. Siempre es importante tener este tipo de personaje para rebajar tensiones y mostrar otras facetas de los personajes en su capítulo. Además, suele tener ciertas características, sobre todo sociales, que lo hacen más interesante. En la primera generación, este rol lo comparten Anwar,  el chico musulmán y salido, y su inseparable amigo, Maxxie que además es el primer gay de la serie.

En la segunda, Thomas y Pandora además de ser pareja sentimental lo son de rol. Posiblemente, la pérdida de fuerza de sus personajes con el paso de los capítulos les ha destinado aquí.  Además de desahogos a veces cómicos, sobre todo Pandora, son la chica excéntrica y algo tonta y el inmigrante. En la última generación, Alo que es posiblemente desde Anwar el que mejor ha desarrollado su comicidad representa al chico de campo que ansía vivir como sus compañeros urbanitas.

En conclusión, esta clasificación es un mero análisis en el que intento reflejar como los guionistas han creado una plantilla de grupo para evitar disfuncionalidades, ya sea de manera consciente o inconscientemente… De todas formas, esta clasificación no resta mérito a la constante renovación de la serie y no es un secreto que los guiones Veremos si se cumple tras la sexta temporada.

Crónica de un resurgir anunciado, Skins


Antes de nada, voy a hacer una breve resumen de lo que es Skins. Es una serie creada por Bryan Elsley y Jamie Britain (padre e hijo) sobre adolescentes ambientada en Bristol en la que cada dos años se cambia a sus protagonistas para que siga siendo una serie de adolescentes. Una de sus bazas principales es que cada capítulo está contado desde la perspectiva de uno de sus protagonistas por lo que las historias juegan mucho con las perspectivas. Tras el momento carátula, voy con el análisis de lo que ha sido la quinta temporada.

Hace un año, los fans nos quedábamos con la boca abierta tras un final de temporada y generación totalmente fuera de tono. No era una sopresa agradable. ¿Había tocado techo la serie con sus dos primeras temporadas? Todo parecía indicar que si y que aunque Effy y compañía nos habían dejado unos momentos inolvidables, no habían conseguido llegar al mismo lugar que sus hermanos mayores. Con la segunda generación tenías esa sensación de las malas series teens de… ¿De verdad esto le pasa a unos adolescentes?

Y de repente llegó Franky y su atropellado desembarco en Bristol. Se tomaron su tiempo para presentarnos a los personajes, una temporada entera. Al contrario, que en la segunda generación donde desde el principio nos dieron un esbozo de todos los personajes. Volvieron a jugar con nuestros sentimientos y nos hiceron odiar a Mini en los primeros episodios. Mini, esa chica perfecta enamorada de su perfección que es capaz de destrozar el mundo de los demás para que nada cambie en el suyo y hacer que enamores de ella cuando en el último capítulo mira a Franky a los ojos como implorándole un beso.

Y es que esta ha sido la pareja, no sentimental de momento, de la temporada. Mini que nos ha hecho recordar el amor-odio hacia Tony y Franky que nos ha enamorado siendo única. Las dos han sido el eje del nuevo grupo y las que lo han separado para luego unirlo. La quinta temporada de Skins ha sido de las chicas y han dejado, por primera vez, a los chicos en un segundo plano utilitarista.

Las chicas toman el poder

Si al principio teníamos la guerra fría entre Franky y Mini y las dos lacayas de Mini (Grace y Liv) sin saber que hacer. Al final, nos hemos encontrado con cuatro mujeres con cuatro caracteres muy fuertes y marcados luchando por sus sentimientos. Los chicos en cambio, se han ido difuminando con el paso de los capítulos. Por poner un ejemplo, Nick (que siempre funcionó mejor fuera de pantalla que dentro) ha pasado de ser el novio perfecto, a un cabrón… al acompañante de Alo en las tramas cómicas. La evolución de su hermano, Matty del misterioso caballero al indeciso Casanova ha hecho que le lleguemos a odiar por no entender el motivo de sus decisiones.

Por su parte, Rich ha demostrado ser el personaje masculino con más recorrido siempre acompañado de Alo que ha sido el desahogo cómico perfecto, pero ¿Qué sería de Rich sin Grace? Posiblemente nada. Como personaje en su capítulo solo nos aportó su obsesión con la música y poco más. Lo cual resulta preocupante, que ninguno de los personajes masculinos hayan conseguido ir más allá. Es la primera vez en la historia de la serie que hay una separación tan evidente entre géneros.

La otra nota negativa ha sido la velocidad del relato. Han pasado muchas cosas, eso no es malo. Pero, todas las relaciones se han fraguado demasiado pronto y da la sensación que con los mismos arcos argumentales y un poco más, podrían haber cubierto perfectamente las dos temporadas. Pero, aún así, con la creación artificial del grupo y de relaciones que vienen y van en cuestión de capítulos, nos hemos encontrado de nuevo con adolescentes fuera de toda duda.

En cualquier caso, la serie ha vuelto a apostar por sus grandes elementos de fórmula y con eso es más fácil ganar. El haber empezado con un capítulo de un personaje en concreto y dejar el “Everyone” (todos) para el final es lo que ha hecho que puedan jugar con nuestra empatías sobre los personajes. El miércoles hablaré de la fórmula skins más en concreto.

¿Y al final no hay boda?

¿Y al final no hay boda? Una de las cosas que más han llamado la atención es recurrir al tema de la boda entre dos personajes que tienen 16 años. Lo cierto es que todo ha sido un McGuffin (al final) para llevar a todo el grupo en una misma dirección. Por decirlo de alguna manera, Skins 5 ha sido un Romeo y Julieta en el que el amor entre dos extraños ha servido para que luzcan los secundarios (mejor dicho las secundarias).

En cualquier caso, esta es la crónica de un resurgir anunciado. Supongo que serían muchos los que dudaban de la serie (lo que no es raro después de las dos últimas temporadas) pero, cuando una fórmula funciona hay que confiar en ella y esta fórmula funciona hasta tal punto que el desgaste de la serie es mínimo tras cinco años en antena. Si sus creadores quieren, tendremos skins para rato y si es con estas temporadas… para mucho rato.

La historia de siempre, de momento


Hace unas semanas produjo un estreno que ha pasado bastante desapercibido en nuestra blogosfera: Camelot. La cadena Starz da a luz a un nuevo retoño en forma de serie… y tal como hizo con Spartacus, lo hace basándose en una historia ya contada en innumerables ocasiones: La historia del Rey Arturo (publicitada como verdadera, otra vez).

Los mitos artúricos, que ya son variados en la literatura inglesa y francesa, han dado al cine, y ahora a la televisión, uno de los universos más mutables. Y es que entre un producto, como por ejemplo el Excalibur de John Boorman, el Rey Arturo de Antonie Fuqua, la serie de la BBC, Merlín o la tratada en este post hay tantas variantes que solo tienen en común el nombre de los personajes y alguna de sus características más famosas.

Es posiblemente esta apertura narrativa y creativa (a parte de lo atractivo de la historia del gran rey) lo que  llama tanto la atención sobre este mito, ya que permite muchas más personalizaciones que cualquier otro clásico. Para esta nueva visión/versión, Starz ha recurrido a Michael Hirst (creador de Los Tudor) y a Chris Chibnall (guionista de Doctor Who y showrunner de las dos primeras temporadas de Torchwood)… y ellos han optado por reinventar el mito y darle un aire más realista con ciertos toques mágicos.

La estética se asemeja más al Rey Arturo de Fuqua que al Excalíbur de Boorman, con armaduras entre romanas y nórdicas (más cercanas a estas últimas), con un gran huella del Imperio Romano (no olvidemos que el mito original se desarrolla en el ocaso de su dominio). Lo cierto es que como casi toda los relatos audiovisuales ambientadas en lo artúrico la época es extraña y de difícil encuadre.

De nuevo el origen de un mito

En cuanto al argumento… Nada nuevo. El piloto nos cuenta la muerte de Uther envenenado por la malísima Morgana  y el empeño de Merlín por llevar al trono a un joven Arturo criado por un viejo caballero y su familia. Esto provoca la ira de su hermanastra y su aliado (con sexo de por medio) el Rey Lot y de todos aquellos que no son leales a Uther o no creen que un bastardo pueda ser Rey.

Como veis, una vez más la televisión nos retrotrae al origen del mito (no tan atrás como la edulcorada Merlín) y nos cuenta una vez más, una historia mil veces narrada de mil maneras distintas. Esto me hubiera disgustado bastante de no ser por su predecesora, Spartacus. La primera gran serie de Starz también pecaba de contarnos algo ya narrado hasta la saciedad… ¿La diferencia? El detalle derivado del ritmo de narración, y esta es la esperanza.

Al estar contado en forma de serie, las tramas podrán detallar con más precisión el ascenso de Arturo al poder y sus posteriores vicisitudes en tal cargo. Ya durante los primeros minutos hemos podido ver a alguno de los personajes míticos, sobre todo caballeros, de los relatos artúricos… Eso sí, las presentaciones como tal son pocas para no masacrar el ritmo del piloto y que sea más que un álbum de caras para que la historia comience en el segundo episodio.

¿Y ahora qué?

Como siempre es difícil entrever lo que deparará el futuro de la serie, pero a su favor cuenta con dos buenos guionistas. Hirst se ha ganado su prestigió con la innecesariamente lenta, Los Tudor y Chibnall es un guionista inglés curtido los grandes productos de la BBC, ya sea Doctor Who, Torchwood o la primera temporada de Ley y Orden en su spin-off británico. Veremos si la experiencia en series de época y en relatos de acción respectivamente se combinan para formar una serie memorable o nos quedamos de nuevo con un producto que no haga justicia a los caballeros de la Mesa Redonda. En su contra juega que una historia tantas veces contada carece de elementos sorpresa y por lo tanto, si la evolución es demasiado lenta o no del todo acertada, no tendrá el colchón de un gran final (de temporada o serie) sorprendente que haga que el espectador se quede con buen sabor de boca.

En cualquier caso, si eres amante de este tipo de historias la serie no tiene pinta de que te vaya a decepcionar, eso sí, no te esperes una revolución en ninguno de los sentidos. Además, no hay que desesperanzarse puesto que es normal que el arranque no haya aportado demasiadas novedades, ni haya mostrado un ritmo feroz ya que al tratarse de una serie de cable buscará cimentar el futuro en una primera temporada posiblemente bastante predecible.

En conclusión, a pesar de que el piloto no es ninguna maravilla, la serie, ya sea por temática, por ambientación o por sus predecesores (sus autores o las anteriores producciones del canal) merece una oportunidad… veremos si la aprovecha.

Crematorio, incendiando tópicos


El primer episodio de Crematorio nos ha dejado varias cosas claras desde el principio. La primera es que si eres de los que crees que en España no se puede hacer ficción de calidad, esta no es tu serie. El pasado lunes Canal+ estrenó su tercer producto de sus Originales tras ¿Qué fue de Jorge Sanz? y Oído Canibal (aunque en este caso es más una compra que un original) y lo hizo con el beneplácito de los críticos que elevaron la serie a los altares antes de que tan siquiera empezara a rodarse.

Lo cierto es que es muy esperanzador para la televisión española que los canales de cable empiecen a invertir en este tipo de productos y los resultados son muy prometedores. Crematorio en su piloto solo ha dejado entrever lo que será y en cambio, nos ha sonado muy a Los Soprano o a The Good Wife, siendo estos referentes inmejorables. No me refiero a que se vaya a basar en ninguna de ellas, ni tan siquiera en un parecido entre sus tramas, sino en la realización (todo un mérito), en la manera de contar las cosas y sobre todo en ser capaces de implicarnos con sus personajes. O por lo menos, en el personaje interpretado por José Sancho.

Antes de nada, vamos con el momento carátula: Crematorio nos narra las vivencias de Rubén Bertolomeu, un constructor que vio la oportunidad cuando el levante español aún estaba plagado de naranjos y las playas aún eran transitables. Con el tiempo, se convirtió en un pez gordo, en uno de esos constructores que bajo su manto acojen empresas de todo tipo y cuya profesión es ganar dinero. Los años han pasado y Rubén sigue intentando adaptarse a los nuevos tiempos, mientras sigue buscando encubrir los viejos.

La historia comienza cuando el hermano de Rubén fallece y el crematorio donde debería haber sido llevado es cerrado. La funeraria es intervenida debido a que no quemaba los cadáveres sino que los enterraba en un viejo picadero de caballos. El imperio de Rubén tiembla ya que el dueño de ese crematorio es un viejo secuaz que tiene mucho que esconder.

Un relato sobre la corrupción

A pesar de haberse emitido solo un capítulo hasta el momento, la serie ya ha dejado claro que será un retrato sobre la corrupción y el poder en España. Tal vez, el mayor acierto de los hermanos Cabezudo (guionistas de la serie) y Boraiva (productor) haya sido la elección del tema. Han decidido huir de la ficción escapista propia de país que normalmente poniendo el prisma en lo más cercano desenfoca los problemas más característicos de estos lares.

Durante su cincuenta minutos emitidos (otro gran acierto de la serie) hemos podido ver dos retratos de nuestro país. El primero, el de un país servil con el poderoso, hipócrita y triste de haberse conocido. El otro el de una España que despierta de 40 años de dictadura y que mira al futuro impaciente, con ganas de ser grande. Ninguno de los dos son retratos generales, sino que se inspiran en una situación concreta y compleja, lo que los hace únicos e interesantes.

Lo peor del capítulo tal vez haya sido la falta de ritmo en momentos concretos y la poca definición de la mayor parte de los personajes y las actuaciones, en la mayor parte de los casos, mediocres y sin apenas carisma. Se salvan Pepe Sancho y su madre (en la ficción) que resuelven bien la papeleta. Aunque, lo que si es cierto es que en este tipo de series el ritmo de construcción de los protagonistas y de las tramas suele ser lenta, esto no debería ser una excusa.

¿Y ahora qué?

La primera temporada de la serie, y posiblemente única, estará compuesta de ocho capítulos, y todo parece indicar que se ha dado el pistoletazo de salida a una carrera jurídico-policial a la caza del corrupto, y éste a su vez utilizará sus armas políticas y económicas. Todo parece indicar que será un gran thriller sobre la corrupción urbanística que ser cargará con su transcurrir unos cuantos tópicos. En cualquier caso, si consigue definir más a los personajes y subir el ritmo de sucesos nos encontraremos ante una gran serie y sino ante una película que alargaron demasiado. Esperemos que se cumplan los mejores deseos.

¿Y qué importa como conoció a su mujer?


Aunque pueda parecerlo esto no es una entrada en contra de ‘Cómo conocía a vuestra madre’, ni mucho menos. Empecemos por le principio, la pasada semana la CBS anunció, tras los problemas que está teniendo con ‘Dos hombres y medio’ (su comedia más exitosa), la renovación de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ por dos temporadas más. Por lo que la serie tiene asegurada su continuidad hasta el final de la octava temporada.

Antes de nada, vamos con el momento carátula: La serie narra la venturas y desventuras de Ted Mosby, un arquitecto treintañero de la ciudad de Nueva York, para conocer el amor de su vida. También, no cuenta las vivencias de su inseparable grupo de amigos formados por la inamovible pareja compuesta por Marshall y Lily, el cazamujeres llamado Barney y la aspirante a gran periodista y gran amor, a veces, de Ted. Todo esto contado desde la perspectiva de un Ted más adulto, que narra a sus hijos las historias de su juventud, para que entiendan la importancia de como conoció a su madre. 

Puede parecer bajo este argumento que la serie es una comedia más al uso, pero para nada. ‘Cómo conocí a vuestra madre’ es (con Rockefeller Plaza) la sit-com que más se arriesga argumentalmente y de manera estructural. La serie innova capítulo a capítulo contándonos las historias de las maneras más variadas, utilizando el juego de perspectivas, tiempos y lo que se le ponga por delante.

Ahora vayamos con la actualidad. La noticia de la birenovación ha llenado de alegría a sus fans más acérrimos y algunas dudas sobre el final. En los foros son muchos los que se preguntan cuando conocerá a la madre y la serie cobrará sentido. No entiendo esta preocupación. La madre de los niños no es más que un McGuffin para contar una historia mil veces contadas de un forma original e innovadora. ¿Qué importancia tiene la mujer de Ted? Creo que será un gran cierre para la serie pero que aportará poco más a un producto que ha sabido sobreponerse a las comparaciones y a la propia desidia.

Durante la quinta temporada de la serie bajó a niveles muy alarmantes su calidad. La ausencia de una trama horizontal que uniera la temporada dejaron sólo algunas pequeñas tramas en la retina de los espectadores. Parecía que tocaba retirada y eran muchos los que hablaban de la derrota de ‘Cómo conocía a vuestra madre’ a los pies de ‘The Big Bang Theory’.  Hago un inciso aquí para decir que nunca entenderé esta comparación entre una de las comedias más rompedoras de la televisión con una de las más clásicas (aunque de gran nivel) en donde lo único que cambia es que los protas son unos frikis.

En esta sexta temporada la serie ha resurgido de sus cenizas y ha vuelto a volar a un gran nivel. El fichaje de Jennifer Morrison (Cameron en ‘House’) ha supuesto un soplo de aire fresco. No sólo por lo que supone tener un personaje nuevo que explotar, sino que ha orientado a Ted que en la última temporada parecía más un acompañante de las andanzas de sus co-protagonistas, cuando debería ser al contrario.

De la sucesora de Friends al estilo propio

La quinta temporada debería servir para aquellos que pedían más protagonismo de Barney (o de Nathan es ‘Misfits’ por poner un ejemplo) que los secundarios que funcionan como alivios o exageradores nunca pueden tener todo el peso de un producto, ya que es su dimensión más exagerada donde reside su gracia y al conocerlos más ésta se diluye. Los responsables de la serie, Thomas y Bays, han sabido llevar de nuevo a Barney al contrapunto. Lo han hecho sin hacer borrón y cuenta nueva, sino que se han aprovechado de que ahora sabemos de sus sentimientos para hacerle gracioso en sus contradicciones.

En cualquier caso es una gran noticia para una serie que tuvo que levantar la gran losa de ser “la sucesora de ‘Friends'”. Pesos más livianos han derribado otros productos y se han hundido, en cambio ‘Cómo conocí a vuestra madre’ se ha creado un estilo propio, un público que a pesar de sus bajones no la abandonan y al final ha conseguido algo muy parecido que los chicos de Central Perk… Que cuando vemos uno de sus capítulos no sintamos uno más del grupo recordando sus idas y venidas…

¿Y quién será la madre de Ted? ¡Qué más da! Si cuando llegué habremos disfrutado de por lo menos ocho temporadas de una comedia que no se conformo con ser de situación. 

Crónica de los TP y los premios en general


El pasado lunes se celebraron en el Teatro del Canal en Madrid los premios TP de Oro, que son esos premios que organiza la revista TP, de la que hasta el lunes desconocía su continuidad. Dichos premios son otorgados por los lectores de la revista y por lo tanto celebran la popularidad del personaje/programa y no la calidad del producto o del trabajo de los profesionales. Ambas formas de evaluar no son exclusivas y pueden coincidir, pero también puede que no lo hagan. No voy a dar el listado de premiados. Os lo dejo en este enlace.

Como podéis observar, las categorías de los premios son raras, pero que muy raras. Empezando que para variedades (en cuanto a productos) hay dos premios: “Mejor magacín” y “Mejor programa de espectáculos y entretenimiento”. Si de por sí la palabra magacín puede englobar dispares tipos de programas, el título mejor programa de espectáculos y entretenimiento no se queda atrás. En estos premios son las cadenas las que distribuyen sus productos en las distintas categorías y después los lectores votan. Esta explicación sirva para entender porque  Sé lo que hicisteis no compite con el resto de programas de humor.

Las categorías son un medio camino. Y es que los TP son medio premios. No se atreven a ser los EMMYS españoles (o algo así) ya que les faltarían nominaciones por un tubo y mucha categoría y organización. El hecho de que toda la ficción se englobe en una misma sección (lo habitual es discernir entre comedia y drama), los presentadores y actores no se distingan por género (profesional) o sexo, y que la mejor información deportiva nomine a actos concretos y no al mejor programa deportivo habitual… ¿Qué quiere que les diga? Desacredita bastante.

Aún así, los TP siguen siendo de los premios más importantes de la televisión patria, no por buenos, sino porque el resto no tienen ningún tipo de valor y eso es algo en lo que hay que reflexionar. La creación de unos premios siempre es algo artificial, forzado y el prestigio al principio es supuesto. Es cierto, que con una mejor distribución por categorías, nominaciones más lógicas y demás, todo gana en calidad y respetabilidad. La solución: Reformar los premios de la Academia de Televisión y convertirlo en unos Goya catódicos. ¿Lo van a hacer? No lo creo, pero por proponer que no quede.

La gala en si, fue… una gala. Con esto quiero decir, ya lo he mencionado en otras ocasiones, que una entrega de premios no podemos esperar un late-night tremendamente divertido, porque el acto central (el de galardonar) es repetitivo y aburrido, pero se puede hacer bien (los Goyas de Buenafuente) o mal (los TP). ¿Dónde radica la diferencia? Como casi siempre en el guión.

Si entre premio y premio se mete algo que te haga sonreír, y si eso ya reirte, la noche se hace más llevadera. Patrica Conde tuvo que defender un texto que adolecía de falta de preparación (o eso parecía y no será porque la presentadora no está acostumbrada a solucionar imprevistos) y caía una y otra vez en los tópicos. Los presentadores de los premios parecían perdidos y en alguno se perdió (Flo a la hora de entregar el TP a Sé lo que hicisteis). Lo cierto que poco hubo que reseñar: Muchos agradecimiento, mucha improvisación y más ganas de celebrar que de presenciar en general.

Otro elemento negativo fue que los premiados desaparecían de la sala (en ocasiones decenas de personas al ganar un programa o serie) y se les llevaba a la “sala de prensa” en otros lugares llamada bar con photo-call montado en una pared. Eso es un error grandísimo ya que los últimos premios contaban con un público compuesto de curiosos enamorados de los famosos que le rodeaban y perdedores de la noche aplaudiendo a desgana.

Por otro lado, es impensable que una gala donde se reconoce el trabajo de los equipos que trabajan tras las cámaras, además de el de presentadores y actores, se haga una distinción de trato tan enorme entre ambos. Los “don nadies” esperan fueran a que se abran las puertas, a pesar de muchos de ellos estar nominados, mientras que los famosos pasan por el photo-call sin esperas y van a la sala VIP. Esto que en otros actos sería hasta entendible, en una fiesta de la televisión debería estar más atenuado. No digo con esto que los no-famosos hagan posados para los fotógrafos… Simplemente no interesan. Pero, lo cierto es que un poco más de cortesía y organización no hubiera estado de más.

Es curioso (ahora viene lo de otros premios) que alguna vez cuando he cubierto los Micrófonos de Oro me he sentido indignado. Sobre todo, porque en unos galardones donde se festeja el mundo de la comunicación, es uno de los sitios donde los jefes de prensa más complicado ponen el trabajo a sus compañeros. Ya saben lo que dicen: en casa del herrero, cuchara de palo y en la del productor de televisión, proyector de cine.

Decepciones esperanzadoras


Esta semana ha habido dos finales de temporada de dos de las grandes apuestas televisivas del año. Boardwalk Empire ha terminado su primera temporada en su emisión española y Episodes ha hecho lo propio en su emisión original en Showtime. Ambas eran dos grandes esperanzas para los seriéfilos más exigentes y ambas suman muchos fans y muchos detractores.

Boardwalk Empire era la elegida. La llamada a devolver a HBO al Olimpo  del que la huelga de guionistas y los finales de Los Soprano y A dos metros bajo tierra le había privado estos últimos años. La serie protagonizada por Steve Buscemi y producida por Scorsese, Wahlberg y gran parte del equipo de Los Soprano, nos trasladaba al Atlantic City de los años veinte en plena ley seca. La serie creada por Terence Winter se centra en Nucky Thompson el tesorero de la ciudad, mitad gangster, mitad político. Dicho personaje, a modo de curiosidad, está basado en Nucky Johnson que ocupó dicho cargo desde 1911 hasta 1941.

La serie arranca con la lucha por el control del tráfico de alcohol entre Thompson y sus rivales neoyorquinos. El producto bebe mucho de Los Soprano en el amplio cast, pero se desprende de los toques más cómicos y del personaje agujero negro que era Tonny Soprano. Aunque, Steve Buscemi es el protagonista hay muchas cosas que giran a su alrededor sin que él salga en pantalla y la serie en un futuro podría funcionar sin su participación trasladando el peso a otros personajes, cosa que no creo que ocurra o por lo menos, no de manera inmediata.

También adolece de alguno de los grandes problemas de su predecesora. El amplio reparto hace que tardes en situar a los personajes y mucho más en identificarte y empatizar con ellos. Esto juega mucho a la contra en una serie que nos retrata la vida de unos criminales, ya que en un relato más tradicional la identificación también funciona por los antecedentes audiovisuales (policías, médicos, abogados idealistas, etc.) En cualquier historia en la que el protagonista carece de la ética bienintencionada aceptada socialmente, dicha identificación tarda en construirse mucho más. Al menos que seas Dexter y te hagan falta cinco minutos para conquistar al espectador.

El ritmo lento no es sinónimo de calidad

El otro gran problema de la serie es el ritmo. El querer construir una historia con grandes cimientos a veces pesa a estos cimientos a la hora de su visionado. Le pasó a Los Soprano, con una primera temporada en el mejor de los casos aburrida, le pasó a Rubicon (el paradigma de la falta de ritmo) y le pasa a Boardwalk Empire. A pesar de que a veces lo parece, la falta de ritmo no es sinónimo de calidad y en cualquier relato se debe buscar no aburrir al espectador aunque se esté construyendo algo más grande sobre esa historia lenta, y en ocasiones aburrida.

Lo mismo le sucede a Episodes. La comedia creada por David Crane y Jeffrey Klarik narra las aventuras de dos autores británicos de una serie de éxito a la hora de adaptarla a la televisión americana. Todas sus ideas sobre la serie empiezan a ser cambiadas desde la cadena y su protagonista cincuentón y actor de prestigio reconocido es sustituido por Joey, Matt Leblanc quiero decir. Leblanc interpreta una versión pasada de vueltas de si mismo (o eso espero) en la que su afán de protagonismo le llevarán a trastocar una serie que en su versión británica adora.

La comedia es lenta, con escenas de varios minutos, diálogos largos y una historia que parece demasiado plana para dar lugar a un buen producto. El producto sube enteros cuando Leblanc está en pantalla, ya que la pareja de guionistas ingleses no acaban de cuajar, o no terminaban de hacerlo.

Hablo en pasado porque los dos últimos capítulos de la  temporada, de tan sólo siete episodios, la serie gana enteros y la comedia empieza a ser de verdad graciosa. Es una pena, que para ello hayamos tardado tanto tiempo y no hayamos podido disfrutar de siete episodios memorables. De todas formas, si Showtime decide darle una segunda temporada, todo parece indicar que la serie seguirá creciendo para darnos grandes momentos, y si no es mucho pedir tal vez también suba la velocidad…

Lo mismo sucede con Boardwalk Empire. La serie de Winter tiene uno dos últimos capítulos mucho más interesantes que el resto de la temporada en la que los personajes empiezan a estar definidos y su posición en el mundo más clara. La serie tiene mimbres para convertirse en un mito de la televisión sino vuelve a caer en el relato lento y pretencioso de sus primeros capítulos (eso sí, con unos decorados preciosos y una fotografía casi perfecta) y se centra en contarnos una historia que es de lo que en realidad se trata.

En definitiva, dos grandes decepciones muy esperanzadoras de cara a la segunda temporada. Veremos si se queda en simples ilusiones o los lentos cimientos sirven para levantar dos colosos catódicos.

El mentalista vs Castle vs Miénteme


Muchas veces cuando los seriefilos hablan de televisión desprecian un género concreto de relato: El procedimental. Hace tres años se dió una situación en la que tres de las networks (canales en abierto) apostaron por procedimentales (series en las que cada capítulo se resuelve un caso) en las que el protagonismo estaba centrado en un excéntrico asesor policial. Estas series fueron las citadas en el título: El Mentalista (CBS-La Sexta), Castle (ABC-Cuatro) y Miénteme (FOX- Antena 3). Pongo también la cadena de emisión española porque el recorrido ha sido bastante similar en Estados Unidos y aquí.

El inicio de la primera temporada empezó con el bombazo de Bruno Heller (creador de Roma) y su Mentalista aplastando en las audiencias. Y no sólo en las audiencias sino que los críticos lo definieron como el nuevo gran procedimental en contra de los ya acabados CSI (hay que ver, que no se mueren los jodidos). La audiencia respaldó a Patrick Jane, un personaje (estafador-mentalista reconvertido) que va de lo excéntrico a lo oscuro con una facilidad asombrosa… y es que la historia del genio investigador torturado por su pasado vende mucho y los trece primeros episodios de la serie son fantásticos.

 

Castle en cambio fue considerado una serie más, muy al rebufo de su congénere. De hecho estuvo entre las posibles cancelaciones de la ABC durante su primera temporada que se redujo a diez episodios. ¡Santa reducción! ¡Maravillosa renovación! La primera temporada de Castle es más propia de una serie de cable en la que se sabe que va a haber recorrido y solo se sientan las bases para trabajar… Eso y que los casos no eran muy allá la tuvieron al borde de la muerte.

Al borde de la muerte debería titularse Miénteme (Lie to me). Tras una primera temporada en la que la serie de Samuel Baum demostró que se puede ser una estupenda nana semanal y con el único atractivo de tener a Tim Roth en el reparto estuvo a punto de ser cancelada. Sobrevivió y aún subsiste.

La única que tuvo el back nine esa primera temporada (que le encarguen nuevos capítulos) fue El Mentalista y eso fue el fin de la calidad. Patrick Jane empezó a perder frescura y la serie se convirtió poco a poco en un Colombo modernizado… Sólo que todavía no lo sabíamos.

El resurgir de Castle

Llegó la segunda temporada y Castle resurgió de su casi cancelación con todas sus virtudes y pocos de sus defectos para plantar cara a quién se le pusiera por medio. Los casos eran mejores y la química entre los personajes explotó en una tensión sexual no resuelta y amistades varias, además apoyadas por la fantástica familia del prota, un escritor de éxito metido a asesor policial. La serie no solo no fue candidata a la cancelación sino que recibió la petición de más capítulos.

En cambio, El Mentalista, que aún tiene episodios muy interesantes, le empezó a fallar la historia horizontal… Todos sabemos que a John el Rojo no lo van a pillar hasta el final de la serie y por lo tanto los capítulos  que van sobre él, que deberían ser los más interesantes, son un completo aburrimiento en lo que lo único disfrutable es ver a nuestro nuevo Colombo fallar. El problema ha sido que Patrick se ha convertido en un superhéroe que resuelve los casos de formas excéntricas, pero sin fallo… Esto que es un mal del procedimental como género, se acentúa cuando dichas resoluciones, en su mayoría, están sacadas de la manga basándose en la agudeza del protagonista.

Heller y su equipo se han olvidado que una de la grandes bazas de los relatos de misterio es que el espectador participe con sus elucubraciones desde casa. Es algo que ha sabido hacer muy bien Castle, que además al tener un escritor como protagonista, incorpora grandes partes de metaficción que resultan graciosas e interesantes.

Miénteme, en cambio, decidió dar un giro de tuerca y traer a Shawn Ryan(The Shield, The Chicago Code) para que se hiciera cargo del desaguisado y la serie despegó en calidad, pero no en audiencias. Ryan se encontró con el principal problema de que la serie se basa en que nadie puede mentir al protagonsita ya que el lee las mentiras en sus caras. Esto provoca que todo se resuelva con entrevistas… Algo muy aburrido. Otro fallo en la concepción es que la empresa de Carl Lightman (el personaje de Tim Roth) es una empresa de un sector ficticio (o muy desconocido) con pocos anclajes en la realidad, lo que hace que el espectador no acabe de entrar en el relato. La serie no supo situarnos en su mundo y es algo que va  a arrastrar hasta su cancelación definitiva.

Las tres sobrevivieron al final de temporada. Castle y El mentalista con el back nine a sus espaldas y buenos datos de audiencia. Miénteme es un caso excepcional en la televisión actual. A pesar de sus malos datos, el canal pidió nuevos capítulos y utiliza la serie como rellenadora de huecos ya sea con cancelaciones durante el año o para poner un toque de ficción durante el verano.

¿Y ahora qué?

Castle parece encantada de haberse conocido y continúa con su estilo fresco y divertido de afrontar los casos. La serie es consciente de lo que es: Un relato de suspense, y juega con ello constantemente buscando sorprender al espectador en todo capítulo aprovechándose del conocimiento general sobre los relatos de detectives. El carisma de Nathan Fillon se ha asentado en su personaje y todo parece indicar que habrá misterios para ratos. Para mi, el mejor procedimental policíaco de la actualidad.

El Mentalista por su parte parece haberse dado cuenta de que el personaje interpretado por Simon Baker no puede ser Superman en chaleco de seda y atraer al público y parece que quiere humanizar a Patrick Jane, pero la única manera que han encontrado es ponerle en peligro y eso puede funcionar un par de veces por temporada, no más. La frescura del niño gamberro que todo lo sabe se ha convertido casi siempre en el pesado sabihondo que no sabe comportarse… Eso sí, las audiencias le respaldan.

Por último, Miénteme, ahora situada en la temporada media americana, sigue su extraño camino. Tras la marcha de Shawn Ryan para realizar su The Chicago Code, la serie ha intentado seguir el sendero marcado pero lastra muchos males y eso vuelve los relatos impredecibles y desustructurados… Esto se ha convertido en su peor pesadilla, ya que es difícil sorprender al espectador sino sabe que esperarse, y en su mejor baza: No hay ningún procedimental como Miénteme.

Mis cinco de… sustitutos para Friday Night Lights


Está feo sustituir cosas queridas por otras. Es como las mascotas. Yo lo sé, pero, en el mundo seriéfilo o televisivo la suerte que tenemos es que siempre podemos volver a disfrutar de nuestras series… pero el mundo catódico sigue avanzando y por ello, en estas líneas buscaremos sustitutos para llenar ese huequito que nos ha dejado la marcha de Friday Night Lights.

QUINTO PUESTO

Ahora o nunca. Hay pocas series con contenido deportivo en la televisión actual y mucho menos que no sean comedias. Por ello, Ahora o Nunca es una rara avis. La serie trata de un gimnasio en una pequeña ciudad americana dedicado por completo a la gimnasia artística. Las protagonistas son unas jóvenes atletas que dedican sus cortas vidas para llegar a ser olímpicas. El Rock, el gimnasio donde se desarrolla la historia es un centro de élite donde se entrenan algunas de las grandes promesas americanas.

La serie es mucho más adolescente y blanca que Friday Night Lights, pero tiene ese toque emocionante de las competiciones deportivas y algunas tramas, sobre todo las centradas en el deporte, son muy interesantes y hasta épicas. Por el resto, es un relato al uso de adolescentes hormonados con el impedimento del deporte para dar rienda suelta a sus instintos.

CUARTO PUESTO

Blue Mountain State. Es la hermana gamberra de FNL. La serie de Spike Tv, emitida por MTV en España, narra el día a día de un potente equipo universitario de Fútbol Americano, pero lo hace desde la perspectiva del Quaterback suplente, un talentoso jugador al que no le interesa ser titular. Alex Moran, que así se llama el prota, sólo quiere estar en el equipo para gozar de los privilegios en fiestas y ligar gracias a su posición de poder.

BMS es la versión footbolera de American Pie. Las tramas alocadas muchas veces no se relacionan directamente con el deporte, pero siempre acaba por volver al campo. De todas formas, de vez en cuando intenta aportar algo de la épica deportiva, aunque en muy pequeñas dosis. Descaro y desvergüenza en cantidades industriales y un poquito de balón ovalado para aderezar esta comedia de lo más gamberra.

TERCER PUESTO

Son of Anarchy. Aunque, en calidad para mi Son of Anarchy siempre estaría luchando por el primer puesto, en este caso para mi sería la tercera opción para sustituir a Friday Night Lights. Son of Anarchy nos cuenta  la historia, calificada por todo dios como Shakesperiana, de un grupo de moteros que llevan este nombre. Los SAMCRO (siglas del club) se dedican a la venta de armas mientras intentan mantener limpio su pueblo y controlar el negocio en toda su zona.

Y me preguntaréis… ¿Qué tienen que ver unos moteros duros con unos tipos que juegan con una pelotita? El desarrollo de personajes siempre tridimensionales, las relaciones adultas más basadas en los silencios que en las palabras y los dramas, en este caso violentos, muchas veces son excusas al igual que el fútbol en FNL, para algo más grande e interesante. De todas formas, Son of Anarchy es un acierto seguro aunque no sea la sustituta ideal para la serie.

SEGUNDO PUESTO

Parenthood. Puede parecer una serie familiar más, pero no lo es. Jason Katims, uno de los responsables de Friday Night Lights, es el  showrunner de esta serie que es una adaptación, la segunda, de una película de 1989. Esta producción que cuenta con un plantel encabezado por el maginífico Peter Krausse, la eterna chica Gimore, Lauren Graham y el carismático Dax Sheppard es mucho más que un mero entretenimiento familiar.

La serie nos acerca a los Braveman una gran familia (abuelos, varias parejas de padres y múltiples nietos). Con esta cantidad de personajes la serie es capaz de abordar un multitud de temas que van desde el autismo infantil, la adolescencia, la vida en pareja y temas mucho más pequeños. Lo mejor de la serie es la herencia en los diálogos de FNL. En su intensidad, en su fuerza y en su capacidad para sorprender. Los clímax son tremendamente emocionantes y sin duda es la heredera más directa de nuestra querida Fridays Night Lights. La serie goza de los mejores adolescentes que se han visto en la televisión en los últimos tiempos.

PRIMER PUESTO

Lights Out. Llevar Lights en el título era premonitorio. Uno de los mejores estrenos de esta temporada ha conseguido marcar un estilo propio en pocos capítulos y a la vez dejar ese regusto a la calles de Dillon que engancha. La serie narra la vida de un boxeador retirado con grandes problemas económicos. Esto provoca un gran drama en su familia ante la posibilidad de Patrick Leary tenga que volver a los cuadriláteros para salir de esta mala racha.

Este drama familiar recuerda por momentos a los Taylor y sus conversaciones con miradas. La señora Leary no es una cualquiera y es capaz de tumbar con su personalidad a un peso pesado y eso sin necesidad de gritarle. Las hijas contrapuestas aportan la adolescencia madura de Dillon y la vida del gimnasio y el universo pugilístico un nuevo mundo, en gran medida para el espectador, por descubrir y en el que emocionarnos. A la serie tal vez le falte algo de acción, pero cuando la tiene derrocha buen hacer y bastante emoción. La gran sustituta, sin duda.

En definitva, encontrar una sustituta para esta gran serie no va a ser fácil y lo ideal es repartir los elementos que tantos nos gustaban en varios productos… De todas formas, como hemos visto, tiene dignas sucesoras.

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