Crónica de un resurgir anunciado, Skins


Antes de nada, voy a hacer una breve resumen de lo que es Skins. Es una serie creada por Bryan Elsley y Jamie Britain (padre e hijo) sobre adolescentes ambientada en Bristol en la que cada dos años se cambia a sus protagonistas para que siga siendo una serie de adolescentes. Una de sus bazas principales es que cada capítulo está contado desde la perspectiva de uno de sus protagonistas por lo que las historias juegan mucho con las perspectivas. Tras el momento carátula, voy con el análisis de lo que ha sido la quinta temporada.

Hace un año, los fans nos quedábamos con la boca abierta tras un final de temporada y generación totalmente fuera de tono. No era una sopresa agradable. ¿Había tocado techo la serie con sus dos primeras temporadas? Todo parecía indicar que si y que aunque Effy y compañía nos habían dejado unos momentos inolvidables, no habían conseguido llegar al mismo lugar que sus hermanos mayores. Con la segunda generación tenías esa sensación de las malas series teens de… ¿De verdad esto le pasa a unos adolescentes?

Y de repente llegó Franky y su atropellado desembarco en Bristol. Se tomaron su tiempo para presentarnos a los personajes, una temporada entera. Al contrario, que en la segunda generación donde desde el principio nos dieron un esbozo de todos los personajes. Volvieron a jugar con nuestros sentimientos y nos hiceron odiar a Mini en los primeros episodios. Mini, esa chica perfecta enamorada de su perfección que es capaz de destrozar el mundo de los demás para que nada cambie en el suyo y hacer que enamores de ella cuando en el último capítulo mira a Franky a los ojos como implorándole un beso.

Y es que esta ha sido la pareja, no sentimental de momento, de la temporada. Mini que nos ha hecho recordar el amor-odio hacia Tony y Franky que nos ha enamorado siendo única. Las dos han sido el eje del nuevo grupo y las que lo han separado para luego unirlo. La quinta temporada de Skins ha sido de las chicas y han dejado, por primera vez, a los chicos en un segundo plano utilitarista.

Las chicas toman el poder

Si al principio teníamos la guerra fría entre Franky y Mini y las dos lacayas de Mini (Grace y Liv) sin saber que hacer. Al final, nos hemos encontrado con cuatro mujeres con cuatro caracteres muy fuertes y marcados luchando por sus sentimientos. Los chicos en cambio, se han ido difuminando con el paso de los capítulos. Por poner un ejemplo, Nick (que siempre funcionó mejor fuera de pantalla que dentro) ha pasado de ser el novio perfecto, a un cabrón… al acompañante de Alo en las tramas cómicas. La evolución de su hermano, Matty del misterioso caballero al indeciso Casanova ha hecho que le lleguemos a odiar por no entender el motivo de sus decisiones.

Por su parte, Rich ha demostrado ser el personaje masculino con más recorrido siempre acompañado de Alo que ha sido el desahogo cómico perfecto, pero ¿Qué sería de Rich sin Grace? Posiblemente nada. Como personaje en su capítulo solo nos aportó su obsesión con la música y poco más. Lo cual resulta preocupante, que ninguno de los personajes masculinos hayan conseguido ir más allá. Es la primera vez en la historia de la serie que hay una separación tan evidente entre géneros.

La otra nota negativa ha sido la velocidad del relato. Han pasado muchas cosas, eso no es malo. Pero, todas las relaciones se han fraguado demasiado pronto y da la sensación que con los mismos arcos argumentales y un poco más, podrían haber cubierto perfectamente las dos temporadas. Pero, aún así, con la creación artificial del grupo y de relaciones que vienen y van en cuestión de capítulos, nos hemos encontrado de nuevo con adolescentes fuera de toda duda.

En cualquier caso, la serie ha vuelto a apostar por sus grandes elementos de fórmula y con eso es más fácil ganar. El haber empezado con un capítulo de un personaje en concreto y dejar el “Everyone” (todos) para el final es lo que ha hecho que puedan jugar con nuestra empatías sobre los personajes. El miércoles hablaré de la fórmula skins más en concreto.

¿Y al final no hay boda?

¿Y al final no hay boda? Una de las cosas que más han llamado la atención es recurrir al tema de la boda entre dos personajes que tienen 16 años. Lo cierto es que todo ha sido un McGuffin (al final) para llevar a todo el grupo en una misma dirección. Por decirlo de alguna manera, Skins 5 ha sido un Romeo y Julieta en el que el amor entre dos extraños ha servido para que luzcan los secundarios (mejor dicho las secundarias).

En cualquier caso, esta es la crónica de un resurgir anunciado. Supongo que serían muchos los que dudaban de la serie (lo que no es raro después de las dos últimas temporadas) pero, cuando una fórmula funciona hay que confiar en ella y esta fórmula funciona hasta tal punto que el desgaste de la serie es mínimo tras cinco años en antena. Si sus creadores quieren, tendremos skins para rato y si es con estas temporadas… para mucho rato.

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Cuando las luces se apagan…


Hay momentos únicos en la televisión. Instantes irreemplazables. La semana pasada vivimos uno de esos cuando Friday Night Lights tocó a su fin después de cinco temporadas de una de las series más grandes que ha habido. Tal vez, es la emoción de acabar de visionar el último capítulo de una serie que me ha mantenido enamorado durante cinco años, sin bajones y sin dudas.

Para mí, es el primer gran final en directo. He visto los finales de Friends, del Ala Oeste, Studio 60, A dos metros Bajo Tierra, Los Soprano, The Wire o The Shield… para mi, mi Olimpo de series terminadas y a las que hoy se une este relato de fútbol americano… y de mucho más. Es mi primer final en directo porque el resto lo vi tiempo después de que la serie terminara y porque es la primera gran serie de la segunda generación de la Edad de Oro que termina en sus condiciones.

Algunos me dirán Lost (Perdidos). Y si, posiblemente tengan razón, pero yo no soy un Lostie y francamente creo que entre una y otra hay un abismo de distancia que solo unas pocas pueden recorrer entre una buena serie y una magistral. Porque una que una serie te emocione en cada final de capítulo y que no necesite de grandes cliffhangers para engancharte es  algo muy grande, porque esta es la gran serie de personajes de los últimos años.

Se ha escrito mucho sobre el final de Friday Night Lights. Yo daré mi particular adiós a esta serie con dos artículos, este y el del miércoles irá sobre series para llenar este vacío que nos deja su final. Y la verdad que con todo lo escrito en la blogosfera sobre FNL no sé muy bien que contar que no sea una reiteración de halagos y te echare de menos… Así que creo haré un repaso sobre los ingredientes que conforman este apetitoso producto, y ver si con parte de la receta alguien es capaz de regalarnos algo similar en no demasiado tiempo. Así que empezamos con el repaso final, en el día de San Valentín, sobre la serie que a tantos nos ha enamorado:

El deporte: Uno de los grandes conflictos actuales es el deporte. Me explico. En la sociedad actual, salvo en el caso de guerras, terrorismo y desastre naturales en occidente los conflictos son cada vez menos físicos y más dialécticos. Esto que es una de las maravillas de la civilización, reduce a la acción física a la hora de escribir un guión a policías, criminales, médicos, etc. Todos géneros ya tocados en gran medida en el mundo televisivo/cinematográfico. El deporte en cambio, a pesar de su importancia en nuestra vida cotidiana, es un tema tratado pocas veces y menos aún de manera brillante.

FNL supo desde el principio que esta era una baza a explotar y después de una primera temporada donde el relato deportivo fue bastante tradicional… con la épica muy bien construida eso sí, vinieron 4 más con relatos totalmente distintos. Es uno de los riesgos de basar un relato en el deporte es que puedes caer fácilmente en el tópico épico y crear una escuadra invencible y eso es algo que en una película puede funcionar, pero que en una serie le restaría cualquier tipo de encanto. FNL ha sabido darle al espectador las derrotas y victorias justas para que su interés fuera siempre le máximo y que los partidos no fueran meros tramites.

De hecho, ha conseguido hacer del fútbol americano, un deporte que en Europa nos pilla muy lejos, algo más cercano, interesante y emocionante… ¿Quién lo hubiera dicho hace cinco años?

Los adolescentes: A la hora de crear adolescentes se suele ir a dos extremos: Los tontos y los adultos de dieciséis años. FNL seguramente haya pecado más de lo segundo, pero en cualquier caso cada personaje adolescente ha crecido al lado de sus conflictos como lo hacen los reales, y eso es una virtud muy grande si tenemos en cuenta que se movían en un mundo ficticio y fuera de los cánones habituales.

También han destacado la variedad de historias que hemos podido ver en la serie y todas muy bien trazadas y que provocaban que después de irse quiseras seguir sabiendo de ellos. Eso se debe a que las idas no eran abruptas, sino que se preparaban y no desaparecían del relato. Ese personaje estaba presente aunque no estuviera allí. Algo muy difícil de conseguir.

Los adultos: Ahora mismo en cualquier ranking de personajes los Taylor están en las primeras posiciones y eso es porque han sabido representar un matrimonio único pero muy cotidiano. Todos los que hemos hecho deporte nos hubiera gustado tener un Coach Taylor detrás, y no precisamente por su amabilidad. Ella, Tammy, ha sabido construir un personaje fuerte y duro sin resultar insoportable. Viéndolos ves una pareja que lleva muchos años juntos y esa química ha marcado gran parte de la serie.

Eso sí, no son los únicos. Buddy por ejemplo, es ese niño-adulto que se aferra a la único que le ha hecho sentirse importante en su vida, el fútbol. Padres, otros entrenadores, los jugadores de la primera generación cuando han crecido, todos ellos conforman una lista inagotable de conflictos bien resueltos y de conversaciones que parece que las hayas vivido.

Los silencios: Algo muy difícil de medir a la hora de escribir, de dirigir, de actuar… son los silencios. Pueden aportar un gran dramatismo, una gran comicidad… pero los grados de estos aportes son difíciles de medir hasta tener el resultado final delante. FNL los silencios y las miradas parecen escritas y son las partes de los diálogos más magistrales.

 

La ambientación: El cine ya se ha olvidado de los decorados para casi todo y que haya series rodadas 100% en exteriores es un paso hacia una televisión más creíble, mejor ambientada y más  cercana. FNL creó un pueblo a partir de pedazos de Texas y eso es uno de los grandes aciertos de la serie: Dillon existe. Además, haber conseguido imbuirnos del espíritu pegajoso, nostálgico, extraño de ese pueblo, de sus gentes, es digno de mención.

La nostalgia: En la serie se dice muchas veces: Lo que vas a vivir va a ser el momento más importante de tu vida. En la mirada de los adultos se ve la nostalgia, la tristeza por los momentos pasados y en los jóvenes saber que están ante los mejore momentos de su vida… Eso se trasmite al espectador que siente que esta ante uno de los momentos catódicos más disfrutables y que pasará mucho tiempo antes de que se repitan.

Esperemos que esta sensación sea solo eso y dentro de poco podamos decir sobre otra serie: “Es como Friday Night Lights… Una maravilla”.

No es una serie de zombies


Mañana, La Sexta estrena Walking Dead en su prime time… y por muy raro que pueda sonar es una serie de zombies ¿o no?. Y es que tanto el cómic (creado por Robert Kirkman) en el que se basa esta serie como el producto proveniente de AMC y Frank Darabont es algo más que una serie sobre zombies. Tampoco nos llevemos a engaño: Hay zombies, y muchos, pero que si te dicen que son tomates armados con sierras eléctricas y chupachuses el relato funcionaría igual. En definitiva, los muertos vivientes no son más que una excusa para ver otras muchas cosas, al igual que los vampiros de Soy leyenda podrían haber sido perfectamente zombies (¿De verdad no lo eran?). La promo de la cadena (debajo del párrafo) son muy elocuentes sobre este asunto.

Vamos con el momento caratula: Walking Dead narra la historia de los supervivientes a una plaga que se trasmite a través de la saliva. Esta plaga convierte a los muertos por su causa en muertos andantes guiados por su cerebelo en busca de alimento sin que su cerebro funcione. El relato se inicia con un sheriff, Rick Grimes, que despierta tras estar en coma en el hospital y se encuentra con todo el tema sin entender nada. Partirá en una búsqueda de su familia, respuestas y otros supervivientes (en este orden) e irá descubriendo el mundo desbastado por la enfermedad de origen bacteriana.

En el fondo, Walking dead es una historia sobre la supervivencia, sobre las dinámicas de poder en la construcción de la sociedad y sobre personajes. ¡Qué bonito suena siempre decir que una serie va sobre personajes! ¡Todas las series van sobre personajes! Pero, esta en particular es una serie cuya fuerza es la continua toma de decisiones limites a las que se somete a los protagonistas. Y este mérito, es quizás su mayor carga porque los personajes no tienen la fuerza necesaria, por lo menos de momento, para sustentar el relato que decae por momentos para recuperarse después… Curiosamente, los finales de capítulo están muy elegidos para dejarte con ansias de más… y mira que sufrir “el mal del cliffhanger” (en otros lugares llamado “el mal Perdidos”) con tan sólo seis capítulos emitidos es toda una hazaña.

“El mal del cliffhanger” es tener capítulos con 38 minutos intrascendentes y 2 interesantes colocados curiosamente en la parte final. Esto no es tan exagerado en la serie y no creo que haya sido algo consciente sino que la química actoral y la construcción de personajes ha fallado. Con esto no quiero decir que la serie sea aburrida ni que no merezca la pena, porque para nada es así. Es un producto muy entretenido y de un calidad muy alta, pero su principal problema ha sido que es una adaptación.

Adaptar no debe ser fusilar

Desde que Zack Snyder llevase a la gran pantalla 300, se ha puesto de moda hacer adaptaciones fusilando el original. Lo cual no deja de ser curioso: A-DAP-TA-CIÓN… Quiero decir, la palabra que define el proceso de pasar un relato de un medio al otro es adaptación porque se requieren ciertos ajustes para que la historia siga funcionando y sino se hacen se crea un producto cojo en muchos aspectos. Esto debe aplicarse, a pesar de su cercanía a lo audiovisual, también a los cómics que tienen unos códigos distintos al cine o a la televisión.

Es por esta razón que los personajes de la serie parecen tan planos: Son esto y nada más (Tú eres el héroe y no se te ocurra tener miedo o ser también coleccionista de maquetas). En el cómic se pueden retratar los procesos mentales, los pensamientos, es mucho más normal que se usen efectos visuales para darnos cuenta de sus sentimientos, emociones, etc. En televisión solo existen los diálogos y el rostro del actor… Por ello, para marcar ciertos sentimientos, ciertas actitudes, a veces hay que crear situaciones para que el espectador le quede claro lo que el personaje piensa o siente. Cuando fusilas el cómic estas escenas no existen y por tanto los personajes tienen un desarrollo más lento o inexistente. Se crean acciones que no tienen sentido para el espectador que no haya leído el original y hace que todo pierda entidad.

El otro gran problema de la serie es que los cómics y la televisión tienen periodicidades distintas. Es decir, un cómic se pública una vez al mes y el relato no se corta al menos que se acabe la colección o se cambie de guionista (cosa que en Walking Dead nunca ha pasado), mientras que una serie tiene temporadas más o menos cortas. En este caso muy corta (6 capítulos de 50 minutos). ¿Por qué es esto un problema? Porque la temporada, al fin y al cabo, es una unidad dramática y lo es para todas las series, ya sean procedimentales tipo C.S.I. o seriadas con The Wire o Dexter. Siempre hay algo que une a los capítulos de una temporada para convertirlo en una entidad dramática… En Walking Dead esto no pasa.

No sucede porque como he dicho el cómic no sufre estos cortes y no están marcados los puntos de acción para que esto suceda. Esto provoca que los sucesos deban estirarse o acortarse para llegar a un punto medianamente significativo donde parar la temporada y que ese punto podría haber sido cualquiera de los otros finales de capítulo (como ha sucedido en esta primera tanda de episodios). Tal vez, sea una exageración… pero, en el mundo del cine y la televisión hay una máxima: Cuenta tu historia en una frase. Esto se podría aplicar a las grandes temporadas de las grandes series y en Walking Dead no es posible.

Si has leído hasta aquí, supongo que es porque la serie te despierta cierto interés (perdona, que te tutee pero escribir de usted es taaaaaan serio) y espero no haberte desanimado a verla, porque al final del todo y con sus errores Walking Dead es un producto audiovisual de alta calidad y un relato muy divertido y entretenido… y al contrario de lo que suele suceder con las series de AMC tiene mucho ritmo, así que aburrirte no te vas a aburrir. Además, la continuidad de la serie está asegurada con una segunda temporada de 13 capítulos que actualmente se está preparando. Para terminar, tengo una duda: ¿Eres de zombies que corren o de zombies que andan?

Navidades de culto


Después de pasar una gripe, que antes fue anginas, una fiebre rara, lupus y un deja de quejarte… después, de que mi madre experimentara conmigo a lo House, y menos mal que al final acertó porque lo siguiente era el agua bendita, después de nochevieja, que mejor no comentar nada… vuelve escritoconK haciendo un repaso de estas navidades de culto compuestas de la  esperada y tradicional cita con el especial de navidad de Doctor Who, y  a la que este año se ha sumado el primer especial de navidad de Misfits…

Primera Navidad con Moffat

Para Doctor Who era un especial muy especial (valga la redundancia) y es que el curso pasado, tras un año de despedidas (se fue el relanzador de la saga, Russel T. Davies), Steven Moffat, el actual showrunner, no tuvo la oportunidad de inaugurar su Doctor Who particular con el tradicional capítulo navidad. En realidad, todo esto es una excusa para hinchar todavía más el regreso de la sexta temporada de Doctor Who, algo que ya de por si debería ser considerado un suceso seriefilo a la altura del cameo de la Esteban en Aída (o más, si eso).

Un año vista, desde el último episodio de Davies la coralidad de la nueva etapa de la serie como una de las grandes diferencias con la etapa precedente, que aunque en algunos momentos el anterior showrunner utilizó con maestría no era la tónica habitual. En A Christmas carol (algo así como un villancico de navidad)  el Doctor ve como la luna de miel de Amy Pond es interrumpida en un extraño planeta donde las nubes destrozan la nave en la que viaja la feliz pareja. Para salvarlos, el Doctor viaja a tierra y pide al soberano que libere la nave pero su mezquindad pone en peligro la vida de sus amigos… (Hasta aquí el resumen estilo caratula de VHS). Para solucionarlo, nuestro extraño protagonista decide hacer un viaje por el pasado del soberano para intentar hacerlo más amable… Vamos una adaptación del tradicional Cuento de Navidad de Dickens con el Doctor de por medio haciendo del fantasma de las navidades pasadas y saltándose eso de no trastocar el pasado.

El Doctor siempre bien acompañado

El nuevo doctor sigue necesitando de grandes secundarios para brillar y esto más que una crítica, es una característica. Está claro, que Matt Smith no es ni Eccleston, ni Tennant, y lo que a veces se trasluce como frescura, otras veces lo hace como la incapacidad  de igualar la habilidad que tenían sus predecesores para magnetizar la pantalla. Tal vez, no se trate sólo del actor, que cada vez demuestra más virtudes sino que sea parte de la construcción del personaje o que su acompañante, Amy Pond haya cogido tanto protagonismo que ha desdibujado la figura del Doctor. Esto, repito, no tiene porque ser nada malo, sino que ha hecho que el equilibrio de tiempos de la serie varíe. No en vano, según lo que hemos podido ver, por primera vez en esta nueva versión, durante la sexta temporada Doctor Who tendrá tres acompañantes regulares.

Por ello, de nuevo en el especial, a pesar de que sus compañeros habituales fueron meras comparsas el Doctor volvió a estar muy bien acompañado por unos impresionantes secundarios (Michael Gambon como el mezquino soberano y Katherine Jenkins, una mezzosoprano metida a actriz para ser una compañera temporal del Doctor) que dan una nueva dimensión a esta historia con el mejor Matt Smith que hemos visto desde su llegada a la saga. La historia, aunque en momentos pierde ritmo, es preciosa y digna de un especial como este. Además, la elección de la mezzosoprano nos acompaña toda la hora con su dulce voz… y es que Moffat consigue que acabes adorando la navidad aunque no te guste. El amor de sus personajes por estas fechas y el misticismo que le da una triste y melancólica introducción (que viene a decir que la navidad existe más allá de nuestras estrellas, aunque no se llame navidad) hace que esta fascinación navideña se contagie.

Navidad, puta navidad

Tal vez,  el tono es la principal diferencia con Misfits, que disfrutó de su primer especial navideño tras terminar unos días atrás su segunda temporada… o eso nos habían dicho, porque el especial no fue más que el epílogo perfecto a esta segunda tanda de episodios memorables. Posiblemente, el sexto y último capítulo no había sido el mejor para terminar y además, nos dejaba un cliffhanger pequeño y poco interesante… ¿Qué iban a hacer nuestros queridos protagonistas fuera del centro? Esto quedo resuelto desde el minuto uno del especial de navidad: sobrevivir de la forma más cutre que pueden… salvo Simon, que ahora mola y vive en un apartamento tope tecnológico con su novia… Tener un yo del futuro que deja pagadas las cosas, mola, definitivamente. El tono fue igual de gamberro, o más, que en un capítulo de la serie regular y la duración de especial fue también la de un capítulo normal… Es decir: fue un episodio más ambientado en navidad… Bueno, uno más no, el broche perfecto a la temporada y un final más digno.

Durante el capítulo, se hacen alusiones a la navidad como espacio temporal donde se ambientan las cosas, además de que  Overman es un cachondo y en el especial de navidad el “enemigo” de nuestros queridos perdedores es una reencarnación de Jesús… pero poco más. El resto de sucesos podían haber transcurrido en cualquier otra época del año. La trama empieza girando alrededor de sus nuevos trabajos (camareros, barrenderos, Nathan sigue viviendo en el centro, etc.) y de la pareja Simon-Alisha. Una Alisha, cada vez más enamorada del tímido aspirante a superhéroe, decide intentar algo para poder tocarle (recordemos que su poder hace que cada vez que la tocan, esa persona se ponga tan cachonda que pierde el control) y demostrarle lo mucho que le quiere. Ese algo es vender su poder. La cosa funciona y el resto le siguen, incluido un desencantado Simon, que es manipulado por su pareja que le miente de su futuro… Ella sólo quieren que sean normales.

La cosa pinta rara: Nuestros héroes sin poderes y un Jesús, ex-sacedorte con la fe perdida y mucho dinero para comprar poderes ganando fuerza en le vecindario. Además, de que Nathan se enamora de una chica embarazada de ocho meses y medio y se convierte en un responsable papá y Curtis sigue sufriendo desgracias como parece ser su sino en esta serie. Seguimos sin noticias de Kelly. La verdad, es que es un capítulo digno de verse y con un final que está a la altura del de la primera temporada de esta brillante serie británica.

Como decía la principio, de este epígrafe, la principal diferencia entre ambos especiales es el tono. El de Doctor Who es el amor a estas fechas y la mistificación de ellas más allá del significado religioso (algo tremendamente acertado para una serie de ciencia ficción), mientras que el de Misfits se puede resumir en Navidad, puta navidad y remarca la soledad y tristeza que pueden inundar muchas vidas durante unos días tan deliberadamente alegres. En la contraposición gana el espectador que puede disfrutara de dos espectáculos visuales y de dos historias totalmente distintas.

Tres capítulos que pudieron terminar con una gran serie


Spartacus: Sangre y Arena era la enésima apuesta para meterse de lleno en el olimpo de la producción televisiva de Starz… Tras varios proyectos fallidos y la decepción de producciones como Crash, la cadena anunció a bombo y platillo su intención de crear su 300 en serie. La historia elegida no era la más original: La del esclavo que puso contra las cuerdas a Roma. La historia de Espartaco. Era la enésima producción que contaba esta misma historia desde que Stanley Kubrick, Dalton Trumbo y Kirk Douglas decidieran llevarla a la gran pantalla a principios de los 60 y con tan enorme predecesora desde entonces ningún remake, secuela, precuela o barbaridad que hayan querido hacer, ha funcionado.

Esta extraña mezcla (300 + historia contada mil veces + cadena acostumbradas a los chascos) no hacía prever nada bueno de esta serie. Bueno sí, algo sí: sexo, violencia y muchos efectos especiales. Y llegó el estreno el 22 de enero de 2010. Las primeras críticas daban por ciertas las sospechas de los aficonados: sexo, violencia y 300 a lo cutre. Bueno, algunas se centraban más en: ¡Oh, dios mío! ¡Xena lo enseña todo!  (Lucy Lawless sale desnuda y esas cosas)

El primer capítulo no es gran cosa y narra de manera apresurada como un protagonista bastante idiota se enfrenta al romano equivocado. A trompicones, que es como avanza la historia, Spartaco acaba como esclavo  en un ludus romano. Un primer capítulo que podría haber sido narrado con tranquilidad y detalle, pero que suena más a vamos a quitarnos el previo de encima todo lo rápido que podamos. El segundo y el tercer episodio no son mucho mejores. Un protagonista que sigue siendo idiota, porque una cosa es ser digno y otra provocar que te maten cada frame del capítulo, se adapta con dificultad a la vida en el ludus donde se entrena.

Sin duda, lo único bueno de estos capítulos son las primeras pinceladas de algunos secundarios, la sensación de similitud entre los deportistas modernos y los gladiadores y las luchas que empiezan a volverse tremendamente divertidas sin alcanzar todavía su cénit y es en este tercer capítulo cuando cambia todo. El carácter temerario de Spartaco se ve aplacado por fín, tras un capítulo en el que nos hablan de las grandes leyendas del circo, cuando recibe una cura de humildad en la arena.

Un cambio de ritmo

 Coincidiendo con la bajada a los infiernos de Spartaco, la serie sube a los cielos. Spartaco es vencido por Crixo en la arena de una manera humillante. Es obligado a pedir piedad y pone entre la espada y la pared a su domine que a pesar de que todo el estadio pide su muerte, le concede una segunda oportunidad. Ésta empieza con Spartacus en peleas ilegales a muerte, rodeado de toda la chusma de Capua… Allí sus ansias por vivir, su estilo febril de lucha y su carácter le salvan la vida… y la serie. A partir de aquí, el timing, el ritmo de la serie se ralentiza y deja e contarnos a grandes rasgos el ascenso del héroe que tantas veces hemos visto y lo hace de otra forma. Metiéndonos de lleno en el día a día, en su sufrimiento, en su fuerza de voluntad, en sus ganas y convierte al proceso en la historia. Es sin duda, el gran hallazgo de esta primera temporada que además nos ha dejado grandes combates, escenas de sexo por dóquier y una lección magistral de planificación en el apartado de guión.

Porque si en otra cosa destaca la serie es en la sensación de que nada está improvisado. Toda acción tiene su reacción que nos lleva a una acción todavía más interesante. Incluso algunos detalles introducidos con tosquedad como es la relación entre Barca y Pietro y su desarrollo acaban convirtiéndose en pilares fundamentales de la historia y ese sentimiento de: ¿Por qué de repente me están hablando de este personaje?, se acaba transformando en una confianza total hacia su showrunner Steven S. DeKnight y su equipo.

 

¿Y ahora qué?

 Tras un final, de temporada en el que Spartaco y sus compañeros (entre ellos un cada vez más carismático Crixo) se rebelan y revientan el ludus matando incluso a Lucy Lawless (que por obra y gracia de la cadena regresará. Starz debería aprender de la política de head-off de HBO y Showtime si quiere estar a su nivel). He aquí lo que sería el inicio del segundo acto de cualquier película basada en tan adaptada historia y la parte más reconocible para el espectador. Esperemos que DeKnight y su equipo sepan jugar con ello y volver a darle una vuelta de tuerca ya sea con el timing de nuevo o como quieran.

La continuación será con una segunda temporada, que se ha visto retrasada por el cáncer sufrido por su actor protagonista, Andy Whitfield, que ha tenido la mala suerte de enfermar de cáncer y aunque la enfermedad parece bastante controlada no podrá volver a tiempo a la producción. La verdad, es que todo lo sucedido ha sido una muestra de sensibilidad de la cadena (además, de que cambiar de prota nunca gusta) y de profesionalidad del actor que a pesar, de sus esfuerzos no estará listo… esperemos que por lo menos le sirva para recuperarse.

Starz para no perder su único producto sólido (a pesar de que este año llegan Camelot, Torchwood y un par de apuestas más) ha encargado una precuela de seis capítulos que llevará el título de Spartacus: God of Sand y que narrará las peripecias de nuestros queridos secundarios del ludus antes de la llegada de Spartacus. No se sabe mucho más de esto, salvo que será una historia cerrada que espero que depare alguna que otra sorpresa.

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