Decepciones esperanzadoras


Esta semana ha habido dos finales de temporada de dos de las grandes apuestas televisivas del año. Boardwalk Empire ha terminado su primera temporada en su emisión española y Episodes ha hecho lo propio en su emisión original en Showtime. Ambas eran dos grandes esperanzas para los seriéfilos más exigentes y ambas suman muchos fans y muchos detractores.

Boardwalk Empire era la elegida. La llamada a devolver a HBO al Olimpo  del que la huelga de guionistas y los finales de Los Soprano y A dos metros bajo tierra le había privado estos últimos años. La serie protagonizada por Steve Buscemi y producida por Scorsese, Wahlberg y gran parte del equipo de Los Soprano, nos trasladaba al Atlantic City de los años veinte en plena ley seca. La serie creada por Terence Winter se centra en Nucky Thompson el tesorero de la ciudad, mitad gangster, mitad político. Dicho personaje, a modo de curiosidad, está basado en Nucky Johnson que ocupó dicho cargo desde 1911 hasta 1941.

La serie arranca con la lucha por el control del tráfico de alcohol entre Thompson y sus rivales neoyorquinos. El producto bebe mucho de Los Soprano en el amplio cast, pero se desprende de los toques más cómicos y del personaje agujero negro que era Tonny Soprano. Aunque, Steve Buscemi es el protagonista hay muchas cosas que giran a su alrededor sin que él salga en pantalla y la serie en un futuro podría funcionar sin su participación trasladando el peso a otros personajes, cosa que no creo que ocurra o por lo menos, no de manera inmediata.

También adolece de alguno de los grandes problemas de su predecesora. El amplio reparto hace que tardes en situar a los personajes y mucho más en identificarte y empatizar con ellos. Esto juega mucho a la contra en una serie que nos retrata la vida de unos criminales, ya que en un relato más tradicional la identificación también funciona por los antecedentes audiovisuales (policías, médicos, abogados idealistas, etc.) En cualquier historia en la que el protagonista carece de la ética bienintencionada aceptada socialmente, dicha identificación tarda en construirse mucho más. Al menos que seas Dexter y te hagan falta cinco minutos para conquistar al espectador.

El ritmo lento no es sinónimo de calidad

El otro gran problema de la serie es el ritmo. El querer construir una historia con grandes cimientos a veces pesa a estos cimientos a la hora de su visionado. Le pasó a Los Soprano, con una primera temporada en el mejor de los casos aburrida, le pasó a Rubicon (el paradigma de la falta de ritmo) y le pasa a Boardwalk Empire. A pesar de que a veces lo parece, la falta de ritmo no es sinónimo de calidad y en cualquier relato se debe buscar no aburrir al espectador aunque se esté construyendo algo más grande sobre esa historia lenta, y en ocasiones aburrida.

Lo mismo le sucede a Episodes. La comedia creada por David Crane y Jeffrey Klarik narra las aventuras de dos autores británicos de una serie de éxito a la hora de adaptarla a la televisión americana. Todas sus ideas sobre la serie empiezan a ser cambiadas desde la cadena y su protagonista cincuentón y actor de prestigio reconocido es sustituido por Joey, Matt Leblanc quiero decir. Leblanc interpreta una versión pasada de vueltas de si mismo (o eso espero) en la que su afán de protagonismo le llevarán a trastocar una serie que en su versión británica adora.

La comedia es lenta, con escenas de varios minutos, diálogos largos y una historia que parece demasiado plana para dar lugar a un buen producto. El producto sube enteros cuando Leblanc está en pantalla, ya que la pareja de guionistas ingleses no acaban de cuajar, o no terminaban de hacerlo.

Hablo en pasado porque los dos últimos capítulos de la  temporada, de tan sólo siete episodios, la serie gana enteros y la comedia empieza a ser de verdad graciosa. Es una pena, que para ello hayamos tardado tanto tiempo y no hayamos podido disfrutar de siete episodios memorables. De todas formas, si Showtime decide darle una segunda temporada, todo parece indicar que la serie seguirá creciendo para darnos grandes momentos, y si no es mucho pedir tal vez también suba la velocidad…

Lo mismo sucede con Boardwalk Empire. La serie de Winter tiene uno dos últimos capítulos mucho más interesantes que el resto de la temporada en la que los personajes empiezan a estar definidos y su posición en el mundo más clara. La serie tiene mimbres para convertirse en un mito de la televisión sino vuelve a caer en el relato lento y pretencioso de sus primeros capítulos (eso sí, con unos decorados preciosos y una fotografía casi perfecta) y se centra en contarnos una historia que es de lo que en realidad se trata.

En definitiva, dos grandes decepciones muy esperanzadoras de cara a la segunda temporada. Veremos si se queda en simples ilusiones o los lentos cimientos sirven para levantar dos colosos catódicos.

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El mentalista vs Castle vs Miénteme


Muchas veces cuando los seriefilos hablan de televisión desprecian un género concreto de relato: El procedimental. Hace tres años se dió una situación en la que tres de las networks (canales en abierto) apostaron por procedimentales (series en las que cada capítulo se resuelve un caso) en las que el protagonismo estaba centrado en un excéntrico asesor policial. Estas series fueron las citadas en el título: El Mentalista (CBS-La Sexta), Castle (ABC-Cuatro) y Miénteme (FOX- Antena 3). Pongo también la cadena de emisión española porque el recorrido ha sido bastante similar en Estados Unidos y aquí.

El inicio de la primera temporada empezó con el bombazo de Bruno Heller (creador de Roma) y su Mentalista aplastando en las audiencias. Y no sólo en las audiencias sino que los críticos lo definieron como el nuevo gran procedimental en contra de los ya acabados CSI (hay que ver, que no se mueren los jodidos). La audiencia respaldó a Patrick Jane, un personaje (estafador-mentalista reconvertido) que va de lo excéntrico a lo oscuro con una facilidad asombrosa… y es que la historia del genio investigador torturado por su pasado vende mucho y los trece primeros episodios de la serie son fantásticos.

 

Castle en cambio fue considerado una serie más, muy al rebufo de su congénere. De hecho estuvo entre las posibles cancelaciones de la ABC durante su primera temporada que se redujo a diez episodios. ¡Santa reducción! ¡Maravillosa renovación! La primera temporada de Castle es más propia de una serie de cable en la que se sabe que va a haber recorrido y solo se sientan las bases para trabajar… Eso y que los casos no eran muy allá la tuvieron al borde de la muerte.

Al borde de la muerte debería titularse Miénteme (Lie to me). Tras una primera temporada en la que la serie de Samuel Baum demostró que se puede ser una estupenda nana semanal y con el único atractivo de tener a Tim Roth en el reparto estuvo a punto de ser cancelada. Sobrevivió y aún subsiste.

La única que tuvo el back nine esa primera temporada (que le encarguen nuevos capítulos) fue El Mentalista y eso fue el fin de la calidad. Patrick Jane empezó a perder frescura y la serie se convirtió poco a poco en un Colombo modernizado… Sólo que todavía no lo sabíamos.

El resurgir de Castle

Llegó la segunda temporada y Castle resurgió de su casi cancelación con todas sus virtudes y pocos de sus defectos para plantar cara a quién se le pusiera por medio. Los casos eran mejores y la química entre los personajes explotó en una tensión sexual no resuelta y amistades varias, además apoyadas por la fantástica familia del prota, un escritor de éxito metido a asesor policial. La serie no solo no fue candidata a la cancelación sino que recibió la petición de más capítulos.

En cambio, El Mentalista, que aún tiene episodios muy interesantes, le empezó a fallar la historia horizontal… Todos sabemos que a John el Rojo no lo van a pillar hasta el final de la serie y por lo tanto los capítulos  que van sobre él, que deberían ser los más interesantes, son un completo aburrimiento en lo que lo único disfrutable es ver a nuestro nuevo Colombo fallar. El problema ha sido que Patrick se ha convertido en un superhéroe que resuelve los casos de formas excéntricas, pero sin fallo… Esto que es un mal del procedimental como género, se acentúa cuando dichas resoluciones, en su mayoría, están sacadas de la manga basándose en la agudeza del protagonista.

Heller y su equipo se han olvidado que una de la grandes bazas de los relatos de misterio es que el espectador participe con sus elucubraciones desde casa. Es algo que ha sabido hacer muy bien Castle, que además al tener un escritor como protagonista, incorpora grandes partes de metaficción que resultan graciosas e interesantes.

Miénteme, en cambio, decidió dar un giro de tuerca y traer a Shawn Ryan(The Shield, The Chicago Code) para que se hiciera cargo del desaguisado y la serie despegó en calidad, pero no en audiencias. Ryan se encontró con el principal problema de que la serie se basa en que nadie puede mentir al protagonsita ya que el lee las mentiras en sus caras. Esto provoca que todo se resuelva con entrevistas… Algo muy aburrido. Otro fallo en la concepción es que la empresa de Carl Lightman (el personaje de Tim Roth) es una empresa de un sector ficticio (o muy desconocido) con pocos anclajes en la realidad, lo que hace que el espectador no acabe de entrar en el relato. La serie no supo situarnos en su mundo y es algo que va  a arrastrar hasta su cancelación definitiva.

Las tres sobrevivieron al final de temporada. Castle y El mentalista con el back nine a sus espaldas y buenos datos de audiencia. Miénteme es un caso excepcional en la televisión actual. A pesar de sus malos datos, el canal pidió nuevos capítulos y utiliza la serie como rellenadora de huecos ya sea con cancelaciones durante el año o para poner un toque de ficción durante el verano.

¿Y ahora qué?

Castle parece encantada de haberse conocido y continúa con su estilo fresco y divertido de afrontar los casos. La serie es consciente de lo que es: Un relato de suspense, y juega con ello constantemente buscando sorprender al espectador en todo capítulo aprovechándose del conocimiento general sobre los relatos de detectives. El carisma de Nathan Fillon se ha asentado en su personaje y todo parece indicar que habrá misterios para ratos. Para mi, el mejor procedimental policíaco de la actualidad.

El Mentalista por su parte parece haberse dado cuenta de que el personaje interpretado por Simon Baker no puede ser Superman en chaleco de seda y atraer al público y parece que quiere humanizar a Patrick Jane, pero la única manera que han encontrado es ponerle en peligro y eso puede funcionar un par de veces por temporada, no más. La frescura del niño gamberro que todo lo sabe se ha convertido casi siempre en el pesado sabihondo que no sabe comportarse… Eso sí, las audiencias le respaldan.

Por último, Miénteme, ahora situada en la temporada media americana, sigue su extraño camino. Tras la marcha de Shawn Ryan para realizar su The Chicago Code, la serie ha intentado seguir el sendero marcado pero lastra muchos males y eso vuelve los relatos impredecibles y desustructurados… Esto se ha convertido en su peor pesadilla, ya que es difícil sorprender al espectador sino sabe que esperarse, y en su mejor baza: No hay ningún procedimental como Miénteme.

Mis cinco de… sustitutos para Friday Night Lights


Está feo sustituir cosas queridas por otras. Es como las mascotas. Yo lo sé, pero, en el mundo seriéfilo o televisivo la suerte que tenemos es que siempre podemos volver a disfrutar de nuestras series… pero el mundo catódico sigue avanzando y por ello, en estas líneas buscaremos sustitutos para llenar ese huequito que nos ha dejado la marcha de Friday Night Lights.

QUINTO PUESTO

Ahora o nunca. Hay pocas series con contenido deportivo en la televisión actual y mucho menos que no sean comedias. Por ello, Ahora o Nunca es una rara avis. La serie trata de un gimnasio en una pequeña ciudad americana dedicado por completo a la gimnasia artística. Las protagonistas son unas jóvenes atletas que dedican sus cortas vidas para llegar a ser olímpicas. El Rock, el gimnasio donde se desarrolla la historia es un centro de élite donde se entrenan algunas de las grandes promesas americanas.

La serie es mucho más adolescente y blanca que Friday Night Lights, pero tiene ese toque emocionante de las competiciones deportivas y algunas tramas, sobre todo las centradas en el deporte, son muy interesantes y hasta épicas. Por el resto, es un relato al uso de adolescentes hormonados con el impedimento del deporte para dar rienda suelta a sus instintos.

CUARTO PUESTO

Blue Mountain State. Es la hermana gamberra de FNL. La serie de Spike Tv, emitida por MTV en España, narra el día a día de un potente equipo universitario de Fútbol Americano, pero lo hace desde la perspectiva del Quaterback suplente, un talentoso jugador al que no le interesa ser titular. Alex Moran, que así se llama el prota, sólo quiere estar en el equipo para gozar de los privilegios en fiestas y ligar gracias a su posición de poder.

BMS es la versión footbolera de American Pie. Las tramas alocadas muchas veces no se relacionan directamente con el deporte, pero siempre acaba por volver al campo. De todas formas, de vez en cuando intenta aportar algo de la épica deportiva, aunque en muy pequeñas dosis. Descaro y desvergüenza en cantidades industriales y un poquito de balón ovalado para aderezar esta comedia de lo más gamberra.

TERCER PUESTO

Son of Anarchy. Aunque, en calidad para mi Son of Anarchy siempre estaría luchando por el primer puesto, en este caso para mi sería la tercera opción para sustituir a Friday Night Lights. Son of Anarchy nos cuenta  la historia, calificada por todo dios como Shakesperiana, de un grupo de moteros que llevan este nombre. Los SAMCRO (siglas del club) se dedican a la venta de armas mientras intentan mantener limpio su pueblo y controlar el negocio en toda su zona.

Y me preguntaréis… ¿Qué tienen que ver unos moteros duros con unos tipos que juegan con una pelotita? El desarrollo de personajes siempre tridimensionales, las relaciones adultas más basadas en los silencios que en las palabras y los dramas, en este caso violentos, muchas veces son excusas al igual que el fútbol en FNL, para algo más grande e interesante. De todas formas, Son of Anarchy es un acierto seguro aunque no sea la sustituta ideal para la serie.

SEGUNDO PUESTO

Parenthood. Puede parecer una serie familiar más, pero no lo es. Jason Katims, uno de los responsables de Friday Night Lights, es el  showrunner de esta serie que es una adaptación, la segunda, de una película de 1989. Esta producción que cuenta con un plantel encabezado por el maginífico Peter Krausse, la eterna chica Gimore, Lauren Graham y el carismático Dax Sheppard es mucho más que un mero entretenimiento familiar.

La serie nos acerca a los Braveman una gran familia (abuelos, varias parejas de padres y múltiples nietos). Con esta cantidad de personajes la serie es capaz de abordar un multitud de temas que van desde el autismo infantil, la adolescencia, la vida en pareja y temas mucho más pequeños. Lo mejor de la serie es la herencia en los diálogos de FNL. En su intensidad, en su fuerza y en su capacidad para sorprender. Los clímax son tremendamente emocionantes y sin duda es la heredera más directa de nuestra querida Fridays Night Lights. La serie goza de los mejores adolescentes que se han visto en la televisión en los últimos tiempos.

PRIMER PUESTO

Lights Out. Llevar Lights en el título era premonitorio. Uno de los mejores estrenos de esta temporada ha conseguido marcar un estilo propio en pocos capítulos y a la vez dejar ese regusto a la calles de Dillon que engancha. La serie narra la vida de un boxeador retirado con grandes problemas económicos. Esto provoca un gran drama en su familia ante la posibilidad de Patrick Leary tenga que volver a los cuadriláteros para salir de esta mala racha.

Este drama familiar recuerda por momentos a los Taylor y sus conversaciones con miradas. La señora Leary no es una cualquiera y es capaz de tumbar con su personalidad a un peso pesado y eso sin necesidad de gritarle. Las hijas contrapuestas aportan la adolescencia madura de Dillon y la vida del gimnasio y el universo pugilístico un nuevo mundo, en gran medida para el espectador, por descubrir y en el que emocionarnos. A la serie tal vez le falte algo de acción, pero cuando la tiene derrocha buen hacer y bastante emoción. La gran sustituta, sin duda.

En definitva, encontrar una sustituta para esta gran serie no va a ser fácil y lo ideal es repartir los elementos que tantos nos gustaban en varios productos… De todas formas, como hemos visto, tiene dignas sucesoras.

Cuando las luces se apagan…


Hay momentos únicos en la televisión. Instantes irreemplazables. La semana pasada vivimos uno de esos cuando Friday Night Lights tocó a su fin después de cinco temporadas de una de las series más grandes que ha habido. Tal vez, es la emoción de acabar de visionar el último capítulo de una serie que me ha mantenido enamorado durante cinco años, sin bajones y sin dudas.

Para mí, es el primer gran final en directo. He visto los finales de Friends, del Ala Oeste, Studio 60, A dos metros Bajo Tierra, Los Soprano, The Wire o The Shield… para mi, mi Olimpo de series terminadas y a las que hoy se une este relato de fútbol americano… y de mucho más. Es mi primer final en directo porque el resto lo vi tiempo después de que la serie terminara y porque es la primera gran serie de la segunda generación de la Edad de Oro que termina en sus condiciones.

Algunos me dirán Lost (Perdidos). Y si, posiblemente tengan razón, pero yo no soy un Lostie y francamente creo que entre una y otra hay un abismo de distancia que solo unas pocas pueden recorrer entre una buena serie y una magistral. Porque una que una serie te emocione en cada final de capítulo y que no necesite de grandes cliffhangers para engancharte es  algo muy grande, porque esta es la gran serie de personajes de los últimos años.

Se ha escrito mucho sobre el final de Friday Night Lights. Yo daré mi particular adiós a esta serie con dos artículos, este y el del miércoles irá sobre series para llenar este vacío que nos deja su final. Y la verdad que con todo lo escrito en la blogosfera sobre FNL no sé muy bien que contar que no sea una reiteración de halagos y te echare de menos… Así que creo haré un repaso sobre los ingredientes que conforman este apetitoso producto, y ver si con parte de la receta alguien es capaz de regalarnos algo similar en no demasiado tiempo. Así que empezamos con el repaso final, en el día de San Valentín, sobre la serie que a tantos nos ha enamorado:

El deporte: Uno de los grandes conflictos actuales es el deporte. Me explico. En la sociedad actual, salvo en el caso de guerras, terrorismo y desastre naturales en occidente los conflictos son cada vez menos físicos y más dialécticos. Esto que es una de las maravillas de la civilización, reduce a la acción física a la hora de escribir un guión a policías, criminales, médicos, etc. Todos géneros ya tocados en gran medida en el mundo televisivo/cinematográfico. El deporte en cambio, a pesar de su importancia en nuestra vida cotidiana, es un tema tratado pocas veces y menos aún de manera brillante.

FNL supo desde el principio que esta era una baza a explotar y después de una primera temporada donde el relato deportivo fue bastante tradicional… con la épica muy bien construida eso sí, vinieron 4 más con relatos totalmente distintos. Es uno de los riesgos de basar un relato en el deporte es que puedes caer fácilmente en el tópico épico y crear una escuadra invencible y eso es algo que en una película puede funcionar, pero que en una serie le restaría cualquier tipo de encanto. FNL ha sabido darle al espectador las derrotas y victorias justas para que su interés fuera siempre le máximo y que los partidos no fueran meros tramites.

De hecho, ha conseguido hacer del fútbol americano, un deporte que en Europa nos pilla muy lejos, algo más cercano, interesante y emocionante… ¿Quién lo hubiera dicho hace cinco años?

Los adolescentes: A la hora de crear adolescentes se suele ir a dos extremos: Los tontos y los adultos de dieciséis años. FNL seguramente haya pecado más de lo segundo, pero en cualquier caso cada personaje adolescente ha crecido al lado de sus conflictos como lo hacen los reales, y eso es una virtud muy grande si tenemos en cuenta que se movían en un mundo ficticio y fuera de los cánones habituales.

También han destacado la variedad de historias que hemos podido ver en la serie y todas muy bien trazadas y que provocaban que después de irse quiseras seguir sabiendo de ellos. Eso se debe a que las idas no eran abruptas, sino que se preparaban y no desaparecían del relato. Ese personaje estaba presente aunque no estuviera allí. Algo muy difícil de conseguir.

Los adultos: Ahora mismo en cualquier ranking de personajes los Taylor están en las primeras posiciones y eso es porque han sabido representar un matrimonio único pero muy cotidiano. Todos los que hemos hecho deporte nos hubiera gustado tener un Coach Taylor detrás, y no precisamente por su amabilidad. Ella, Tammy, ha sabido construir un personaje fuerte y duro sin resultar insoportable. Viéndolos ves una pareja que lleva muchos años juntos y esa química ha marcado gran parte de la serie.

Eso sí, no son los únicos. Buddy por ejemplo, es ese niño-adulto que se aferra a la único que le ha hecho sentirse importante en su vida, el fútbol. Padres, otros entrenadores, los jugadores de la primera generación cuando han crecido, todos ellos conforman una lista inagotable de conflictos bien resueltos y de conversaciones que parece que las hayas vivido.

Los silencios: Algo muy difícil de medir a la hora de escribir, de dirigir, de actuar… son los silencios. Pueden aportar un gran dramatismo, una gran comicidad… pero los grados de estos aportes son difíciles de medir hasta tener el resultado final delante. FNL los silencios y las miradas parecen escritas y son las partes de los diálogos más magistrales.

 

La ambientación: El cine ya se ha olvidado de los decorados para casi todo y que haya series rodadas 100% en exteriores es un paso hacia una televisión más creíble, mejor ambientada y más  cercana. FNL creó un pueblo a partir de pedazos de Texas y eso es uno de los grandes aciertos de la serie: Dillon existe. Además, haber conseguido imbuirnos del espíritu pegajoso, nostálgico, extraño de ese pueblo, de sus gentes, es digno de mención.

La nostalgia: En la serie se dice muchas veces: Lo que vas a vivir va a ser el momento más importante de tu vida. En la mirada de los adultos se ve la nostalgia, la tristeza por los momentos pasados y en los jóvenes saber que están ante los mejore momentos de su vida… Eso se trasmite al espectador que siente que esta ante uno de los momentos catódicos más disfrutables y que pasará mucho tiempo antes de que se repitan.

Esperemos que esta sensación sea solo eso y dentro de poco podamos decir sobre otra serie: “Es como Friday Night Lights… Una maravilla”.

Mis cinco de… nuevos policiacos


Coincidiendo con el estreno de The Chicago Code, la nueva serie policíaca de  Shawn Ryan, autor de la fantástica e insustituible The Shield, he decidido hacer mi ranking de los nuevas series policíacas, es decir, toda serie de policías que se haya estrenado esta temporada (incluyendo el verano) hasta el pasado lunes 7 de febrero para no juzgar la serie de Ryan con tan solo un episodio. He dejado fuera los spin-off, ya que los considero una continuación o expansión de la serie madre.

QUINTO PUESTO:

Hawaii Cinco-0. Orci y Kurtzman traían de vuelta esta serie de acción tras muchos años de olvido y emprendían la difícil tarea de hacer un remake que no cayera en la parodia fácil o en la adaptación calcada (aunque la distancia temporal la hacía casi imposible) sino que han sabido coger los elementos originales y crear una historia fuerte y actual. Su elenco es un gran actrativo y sobre todo la química que hay entre sus protagonistas.

La serie narra las vivencias desde su nacimiento de una unidad especial creada por la Gobernadora del estado isleño con derecho a todo mientras detengan a los malos. De momento, ese derecho a todo no ha sido más que una manera de justificar las poco ortodoxas tácticas, pero ¿veremos de nuevo policías que se atreven a cruzar la línea a lo The Shield en esta serie de acción? No nos engañemos, la serie tiene pinta de ser un mero entretenimiento basado en la acción y la descarga de adrenalina en la caza de malos variados, pero aún así, de una gran calidad.

The Good Guys. Empatado en el quinto puesto con la anterior, otro tipo de remake. Un remake de todo el macarrismo ochentero mezclado con la demacrada actualidad. Está protagonizada por el gran Bradley Whitford (Studio 60, El ala oeste) y Colin Hanks (King Kong), en los papeles de Dan Stark una vieja gloria policial de los 80 que sigue atascado en sus viejos métodos y sus viejos méritos y Jack Baley, un prometedor inspector castigado con el abuelete, hasta que se da cuenta que más que un castigo su compañero es una bendición.

La serie está creada por Matt Nix (Último Aviso) del que reconozco que me encanta su estilo gamberro y desenfadado de afrontar la acción y la manera de construir sus personajes tan carsimáticos. La serie no busca los argumentos retorcidos y los casos difíciles de resolver sino casos llamativos más por el montaje viendo el final y luego retrocediendo y haciendo  todo tipo de avances y retrocesos en el tiempo… Vale, viendo la serie lo que digo tiene sentido. Es una serie con mucho ritmo y divertida a lo Jungla de Cristal o Arma letal.

CUARTO PUESTO:

Detroit 1-8-7. De esta serie siempre quedará el “lo que pudo ser”. La idea original era crear un falso documental sobre el trabajo del departamento de homicidios  de la policía de Detroit. El piloto levantó las iras del departamento real y las quejas de la ciudad hicieron que se tuvieran que echar atrás y cambiar el estilo de la serie volviéndolo un producto mucho más vulgar.

En su haber tiene a favor las fantásticas actuaciones, encabezadas por el ex-soprano Michael Imperioli, una narración sucia bastante oscura y una construcción de personajes que aunque clásica es interesante. En su debe unos casos bastante anodinos que siempre buscan implicar a los policías personalmente, lo que hubieran funcionado mucho mejor con el estilo documental.

TERCER PUESTO:

Rookie Blue. El género policial le debe toda la innovación que le ha llevado a lo que es ahora a Canción Triste de Hill Street (Hill Street Blues) y cuando una nueva serie vuelve a los orígenes del género es muy apreciable y digno de admiración. Rookie Blue nos devuelve al género más puro en el que las vidas de los policías y su trabajo se mezclan y entremezclan y hace que los acabemos conociendo como a compañeros de oficina.

Rookie Blue fue calificada como la Anatomia de Grey de los policías… se nota que no todo el mundo ha visto Canción Triste. La única diferencia con esta es que la serie se aborda desde el punto de vista de los novatos que entran en una de las mejores comisarias de la ciudad y se abordan los casos y relaciones desde el punto de vista de los recién llegados. Si llevan a cabo una renovación periódica de personajes (un estilo a lo Skins) con nuevos novatos convertirán una serie muy decente en algo muy diferente, muy grande.

SEGUNDO PUESTO:

Sherlock. La visión modernizada del clásico de Doyle abordada por Moffat y compañía debió ser la elegida para llevar a cabo la película y la franquicia de Downey Jr. que es bastante más anodina que la serie que tratamos. En la versión de Moffat, Holmes es un detective privado que colabora como asesor con la policía y Scotland Yard, enorgolluciéndose de ser el único asesor profesional de este tipo en el mundo. La serie tiene una estructura bastante particular de 3 capítulos autoconclusivos de hora y media de duración cada uno.

En estas tres minipelículas, vemos a Sherlock en el presente acompañado por Watson un ex-médico militar herido en Irak. Los casos recrean el sabor de los de Doyle e incita al espectador a buscar el culpable y a resolver los puzzles, todo un logro en lo audiovisual. Además, el gran carisma de los protagonistas y una química digna de estudio crean un entramado atractivo y elevan a esta serie como una de las grandes revelaciones de la temporada. No es una mera adaptación, es una puesta a punto del clásico en lo que Moffat ya se está convirtiendo en un experto tras su Jekyll.

PRIMER PUESTO:

Luther. A la hora de realizar esta lista, no tenía muy claro los puestos, salvo el primero. Luther debía ser el primero y es que el drama de la BBC es lo mejor que se ha hecho en este género en los últimos años. Narra las vivencias y los casos de John Luther un detective del departamento de casos especiales de la ciudad de Londres. Luther, interpretado por Idris Elba, tiene un acentuado sentido de la justicia y bajo el tormento que supone para él los casos inconclusos está dispuesto a cualquier cosa para resolver los crímenes.

Además, el tormento de Luther pasa factura a su vida personal provocando que caiga en un abismo oscuro cuando su mujer se distancia de él. Esta serie es la heredera, o por lo menos ha recibido una gran carga genética, de The Shield y su sofismo moral. Si quieres disfrutar de un drama  de altura, en la que el bien y el mal está rodeados de grises y que además goza de guiones magníficos y actores únicos, esta es tu serie. Imprescindible.

De demonios intensitos a barcos croqueteros


No quería hacer una entrada sobre el piloto de El Barco, por dos razones: Una es que creo que la primera temporada de esta serie solo va a ser una mera introduccion para algo más grande como lo fue la de El Internado y la otra que es que los pilotos no son lo mejor de Globomedia… El problema suele radicar en presentar demasiados personajes y una trama en un mismo capítulo, marca de la casa, en vez raccionar los personajes. Esta idea cambió viendo el piloto de Ángel o Demonio de Plural Entertaiment y es que son como la noche y el día en cuanto a intensidades se refiere.

Ángel o Demonio, o por lo menos en su piloto, nos va a mostrar la lucha del bien y el mal con grandes dosis de maniqueísmo y poca continuidad. La historia es nueva para la ficción española pero no lo es para el amante de la ficción, sobre todo, anglosajona. A mi pesonalmente me recordó mucho a Hex, serie inglesa de apenas dos temporadas y que tocaba los mismos palos. En cuanto, a lo que son los personajes, a pesar de la alabanza continuada en la blogosfera, yo no he visto demasiado a parte de Valeria, que me tiene toda la pinta de que en breve padecerá el mal de protagonista (sufre por los demás porque su vida es demasiado aburrida).

En cuanto a El Barco… Es difícil hablar de los personajes porque al ser tan coral aún estamos viendo solo la superficie. Creo, como muchos otros, que sobra la niña y que a los adolescentes nos los podían haber presentado de manera más escalonada. La trama, en cambio, si que innova y no solo a nivel nacional. Es cierto, que hay otras series post-apocalípticas, de hecho hay muchas, pero el espacio, un barco (¡que originales con el título!) es único y sólo por eso ya merece una oportunidad.

Mucha gente la ha definido como El Internado en un barco, pero creo que va a ser muy distinta en cuanto consiga marcar su propio estilo. En parte, porque creo que los personajes son muy distintos, el detonante es mucho más atractivo (aunque en la serie de Laura Belloso consiguieron explotarlo de manera brillante) y el equipo de guionistas no es el mismo. A pesar de pertenecer a la misma productora, El Barco está escrito por un grupo de los guionistas de Los Hombres de Paco. De hecho, la ficción dirigida por Iván Escobar y Alex Pina le ha dado un tono mucho menos oscuro a su ficción desde el principio.

Intensidades

Lo que diferencia mucho a ambas ficciones es la intensidad. En el primer capítulo en pleno clímax, con la tormenta haciendo retorcerse al barco como un lata de cocacola aprisionada bajo un pie vengativo, no se lo ocurre otra cosa a la cocinera que servir croquetas para cenar… Si es que no hay nada mejor que una croqueta para sobrevivir a un hundimiento, que ya de morir, morir con el estómago lleno. Esto sería una tontería, con cuchillo y tenedores en un sitio que se mueve tanto como una atracción de la feria, pero esto se suma a la idea de contar chistes para relajarse. Lo loable es que la idea casi funciona y consigue el efecto de emocionarnos, pero el casi consigue que se corte toda la emoción del clímax y nos deje las siguientes escenas fuera del conflicto… Falta intensidad.

En Ángel o Demonio me gustaría destacar un clímax, pero soy incapaz. Tras ver el capítulo piloto solo soy capaz de pensar: ¿Todos los demonios tienen úlcera de estómago? Una serie, una película, una novela tiene que tener momentos de descarga emocional para que los subidones tengan efecto. Cuando intentas mantener en tensión al espectador durante demasiado tiempo, terminas por conseguir lo contrario, que los momentos de verdad emocionantes pasen como uno más.

Otra problema con esta intensidad extrema es que se provoca la comedia involuntaria como con la adolescente que lleva a los perros… que parece una mala de los Power Rangers. En cualquier caso, otro problema es que esta intensidad, ausencia de ningún tipo de emoción más que el enfado y el tengo que salvar el mundo, hace que te distancias de los personajes y francamente, que te importe poco lo que les pase. Esto es algo que tienen que solucionar rápido, y más teniendo en cuenta que es una serie en la que cada capítulo abordará un caso por lo que conseguir una buena identificación es totalmente necesario.

En definitiva, estas dos propuestas tan distintas son una buena elección a las que habrá que dar tiempo para ver si la evolución hace que estos errores sean corregidos o se hunden más en ellos. De cualquier forma, ambas (a pesar de su duración) son dignos productos y con muchas posibilidades.

Ha empezado la tercera generación de Skins… ¿o es la cuarta?


Por segunda semana consecutiva, empiezo hablando de Skins, pero esta vez de la original y su primer capítulo de esta tercera generación… ¿o es la cuarta? Esta duda, viene de haber visto el segundo capítulo de la versión MTV, pero hablaré de ello más adelante.

La tercera generación británica de Skins ha empezado con muy buen pie y es que el primer capítulo de la quinta temporada ha recuperado todo el encanto que el final de la segunda generación había hecho perder la serie. Y es que los Effy, Freddie y compañía eran personajes muy interesantes como demuestran algunos de los capítulos, maravillosos, de su paso por Skins, pero las relaciones establecidas entre ellos hicieron de la serie una sombra de lo que fue.

Repito, me gustaron mucho los personajes de la segunda generación, pero el trio Effy-Cook-Freddie acabó por fagocitar las tramas y hacer que la de los demás personajes fueran anecdóticas y sin importancia en una resolución final totalmente fuera del tono de la serie y es que creo que se les fue de las manos la locura de una Effy fuera de control y un Freddie sufriendo el mal del protagonista (Mi único problema son los problemas de los demás). Para nada, la segunda generación se puede comparar al fantástico juego de espejos que supuso la primera a pesar de la gran construcción de Cook, J.J. o la maravillosa pareja Emily-Naomi… El resto, ya ni los nombro porque son secundarios en una serie donde no debería haberlos.

El renacer de un gran serie

Aún es pronto para juzgar si esta nueva generación seguirá este mismo camino, pero por el momento, los personajes presentados son muy interesantes y pueden dar mucho juego. En cuanto, al capítulo en sí, nos presenta a Frankie una chica (no sabemos si es chica hasta 5 minutos empezado el capítulo) que lo ha pasado muy mal y que se ha mudado a Bristol desde Oxford donde era humillada constantemente por sus compañeros.

 

Es la hija adoptiva de dos ex-militares homosexuales que la tratan con todo el cariño del mundo. Me ha sorprendido, y agradado, que dentro de la incomunicación familiar no se extrema en demasía los estereotipos en estos personajes y no los ridiculizan como en temporadas anteriores. El ataque a los adultos parece, en principio, haber disminuido aunque siguen habiendo personajes fuera de toda norma, como su profesor.

Frankie muestra poco en el primer capítulo: Sus aficiones, su familia, pero casi no verbaliza nada. Su rostro muestra miedo y decepción anunciada, y se sorprende cuando recibe, por primera vez en su vida, cariño y amistad. Es el aperitivo perfecto de lo que puede ser un gran grupo, precisamente porque no son un grupo como tal. Al contrario, que la segunda que empezaba con un capítulo centrado en todos y que nos presenta a todos los protagonistas, en esta quinta temporada sólo nos muestran la vida de Frankie y a grandes rasgos, porque este personaje puede dar mucho que hablar…

Del resto sólo vemos pinceladas. El grupo de tres amigas formado por Mimi, creo que va a ser un fantástico personaje a lo Cook,  y sus secuaces Liv y Grace.. ambas muy bien definidas sin parecer una unidad. Lo que más me han gustado han sido los personajes de Richie, que protagonizará el segundo capítulo, que parece en principio un heavy, o similiar, pureta de la música con grandes dosis de inadaptación y su compañero de viaje, Alo, que parece que va a ser el gran desahogo cómico de la temporada. El último personaje que falta para cerrar el grupo es Nick, el novio de Mimi que casi ni ha aparecido en el capítulo salvo para ser el tipo tío popular de la clase/matón.

En definitiva muy buenas sensaciones en este inicio de temporada y de generación. Skins me ha vuelto a enamorar y ha hecho que tenga ganas de ver los ocho capítulos que formarán esta temporada.

Tea, le da brillo a Skins MTV

En el otro lado del charco, el remake de MTV continúa su camino con unas audiencias más bajas y con menos patrocinadores. Eso sí la ex-cadena de música ha anunciado que emitirá los diez episodios. Su segundo capítulo está dedicado a Tea, animadora lesbiana sustituta de Maxxie.

El episodio es bueno, salvo por la realización, y nos presenta a un personaje muy interesante más allá de su lesbianismo (¿Por qué ser gay debe ser una definición del personaje?). Tea es animadora, es lesbiana y libre. Le gusta ser libre, no tener dramas por su manera de pensar. Hija de un gran familia italo-tradicional con lazos de la mafia, Tea debe esconder su condición, a pesar de que ansia gritarla a los cuatro vientos. Especial atención a la escena final con la abuela.

Esto  me hace dudar si el desarrollo de la temporada variará de la original (¿Para qué utilizan los mismos personajes?) o será un mero pegote en la historia ya conocida, que es lo que  me temo. Por cierto y para terminar, el nuevo Tony es lo peor de la nueva serie… No tiene nada del original y tampoco aporta nada nuevo.

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