La inmortalidad no mola tanto


Esta semana me ha dado por los procemientales policiacos y hoy también voy a hablar de uno, pero en este caso de uno que fue cancelado por sus bajas audiencias a pesar de sus posibilidades: New Amsterdam. En 2008 Fox estrenó una serie protagonizada Nikolaj Coster-Waldau basada en las peripecias de un inspector de homicidios que es inmortal.

Esta sinopsis un tanto apresurada puede sonar a marcianada, pero la serie es un clásico procedimental basado en un carismático protagonista. John Amsterdam (el personaje interpretado por Coster Waldau) es un antiguo militar en la época del Far West que durante un asalto a un poblado índigena intenta detener la masacre y es herido por sus compañeros. Cae inconsciente en el campo de batalla y es rescatado por los indios que llaman a los espiritus para salvar a su protector. Este hechizo convierte John en inmortal. Eso sí, los indios que son muy majos, ponen una cláusula: Lo será hasta que encuentre a su amor verdadero. En dicho momento, Amsterdam empezará a envejecer.

No quiero destripar mucho de la historia, que ya lo he hecho bastante, pero el personaje es uno de los mejor construidos de la reciente historia de la televisión americana y la trama romántica, a pesar de ser un clásico o tal vez por ello, funciona a la perfección. En el piloto, Amsterdam persiguiendo a un sospechoso recibe un balazo, para su sorpresa la herida no sólo no se cierra sino que además sufre un infarto. Lo sabe. Su amor verdadero estaba en ese anden de metro donde fue herido.

Primero emprende la búsqueda apoyado en su hijo Omar, que por supuesto es más mayor que él, y una vez encontrada la que cree culpable de su daño y de su felicidad por poder envejecer intenta conquistarla y hacer que la relación funcione a pesar de los 180 años de diferencia de edad que les separa.

Inspiración clásica

New Amsterdam bebe de las narraciones del siglo XIX sobre estos temas, ya sea Drácula o el Retrato de Dorian Grey, la serie no afronta la inmortalidad sino como una maldición en la que año tras año debes superar el ver a tus seres queridos crecer, envejecer y morir mientras él permanece impertérrito. Además, la serie retrata el continuo cambio de profesión y nombre al que el protagonista ha tenido que realizar para sobrevivir y no ser detectado como el freak que es.

Esta inspiración clásica le da a la serie un tono oscuro, nostálgico y romántico (en el sentido más clásico de la palabra) muy lejos de los actuales relatos audiovisuales (Crépusculo y sucedáneos) y que aporta un contrapunto dramático muy interesante.

La serie tuvo un paso fugaz por la temporada media americana (desde febrero a mayo) en la que fue una de las grandes apuestas de FOX, que llegó a poner dos capítulos en la semana de estreno para potenciar dicho producto. Los datos la pusieron en duda desde el principio con menos de diez millones de espectadores desde el piloto. La network la colocó en los difíciles lunes y a pesar de que la pérdida de audiencia no fue alarmante, la serie no cumplió con las expectativas de la cadena.

Terminó en su octavo capítulo con cerca de siete millones de espectadores, pero el pequeño repunte dado en sus últimas emisiones llegó tarde. Aún así los responsables de la serie le dieron un final digno y queda en nuestras serietecas como una miniserie involuntaria que cuenta una historia que podía haber sido muy grande y con una gran importancia. Siempre me preguntaré lo que podía haber sido esta serie de haber contado con el respaldo que otras, como Dollhouse, si tuvieron para dejarla evolucionar o simplemente hubiera funcionado en las audiencias.

La estructura de los episodios se monta alrededor del caso de turno y con grandes dosis de la trama horizontal. Esta historia se basa en dos ejes: Su conquista del amor verdadero y de la mortalidad, amen de los problemas personales propios de tener varias decenas de descendientes y en particular de su hijo Omar, uno de los mejores personajes de la serie, y los flashback donde relatan las vivencias pasadas que han convertido a John en la persona que es.

El principal problema de la serie son los casos autoconclusivos que son bastante anodinos y no están a la altura de la trama horizontal. Si los responsables del proyecto hubieran cuidado más este aspecto podríamos estar hablando de uno de los policíacos más originales de la actualidad… pero como no fue así, siempre nos quedaremos con ¡Lo que pudo ser! Una serie recomendable para darse un pequeño atracón y disfrutar de los terrores de la inmortalidad.

P.D. El título se debe al nombre original de la ciudad de Nueva York, Nueva Amsterdam, de la época en la que el protagonista era mortal.

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El mentalista vs Castle vs Miénteme


Muchas veces cuando los seriefilos hablan de televisión desprecian un género concreto de relato: El procedimental. Hace tres años se dió una situación en la que tres de las networks (canales en abierto) apostaron por procedimentales (series en las que cada capítulo se resuelve un caso) en las que el protagonismo estaba centrado en un excéntrico asesor policial. Estas series fueron las citadas en el título: El Mentalista (CBS-La Sexta), Castle (ABC-Cuatro) y Miénteme (FOX- Antena 3). Pongo también la cadena de emisión española porque el recorrido ha sido bastante similar en Estados Unidos y aquí.

El inicio de la primera temporada empezó con el bombazo de Bruno Heller (creador de Roma) y su Mentalista aplastando en las audiencias. Y no sólo en las audiencias sino que los críticos lo definieron como el nuevo gran procedimental en contra de los ya acabados CSI (hay que ver, que no se mueren los jodidos). La audiencia respaldó a Patrick Jane, un personaje (estafador-mentalista reconvertido) que va de lo excéntrico a lo oscuro con una facilidad asombrosa… y es que la historia del genio investigador torturado por su pasado vende mucho y los trece primeros episodios de la serie son fantásticos.

 

Castle en cambio fue considerado una serie más, muy al rebufo de su congénere. De hecho estuvo entre las posibles cancelaciones de la ABC durante su primera temporada que se redujo a diez episodios. ¡Santa reducción! ¡Maravillosa renovación! La primera temporada de Castle es más propia de una serie de cable en la que se sabe que va a haber recorrido y solo se sientan las bases para trabajar… Eso y que los casos no eran muy allá la tuvieron al borde de la muerte.

Al borde de la muerte debería titularse Miénteme (Lie to me). Tras una primera temporada en la que la serie de Samuel Baum demostró que se puede ser una estupenda nana semanal y con el único atractivo de tener a Tim Roth en el reparto estuvo a punto de ser cancelada. Sobrevivió y aún subsiste.

La única que tuvo el back nine esa primera temporada (que le encarguen nuevos capítulos) fue El Mentalista y eso fue el fin de la calidad. Patrick Jane empezó a perder frescura y la serie se convirtió poco a poco en un Colombo modernizado… Sólo que todavía no lo sabíamos.

El resurgir de Castle

Llegó la segunda temporada y Castle resurgió de su casi cancelación con todas sus virtudes y pocos de sus defectos para plantar cara a quién se le pusiera por medio. Los casos eran mejores y la química entre los personajes explotó en una tensión sexual no resuelta y amistades varias, además apoyadas por la fantástica familia del prota, un escritor de éxito metido a asesor policial. La serie no solo no fue candidata a la cancelación sino que recibió la petición de más capítulos.

En cambio, El Mentalista, que aún tiene episodios muy interesantes, le empezó a fallar la historia horizontal… Todos sabemos que a John el Rojo no lo van a pillar hasta el final de la serie y por lo tanto los capítulos  que van sobre él, que deberían ser los más interesantes, son un completo aburrimiento en lo que lo único disfrutable es ver a nuestro nuevo Colombo fallar. El problema ha sido que Patrick se ha convertido en un superhéroe que resuelve los casos de formas excéntricas, pero sin fallo… Esto que es un mal del procedimental como género, se acentúa cuando dichas resoluciones, en su mayoría, están sacadas de la manga basándose en la agudeza del protagonista.

Heller y su equipo se han olvidado que una de la grandes bazas de los relatos de misterio es que el espectador participe con sus elucubraciones desde casa. Es algo que ha sabido hacer muy bien Castle, que además al tener un escritor como protagonista, incorpora grandes partes de metaficción que resultan graciosas e interesantes.

Miénteme, en cambio, decidió dar un giro de tuerca y traer a Shawn Ryan(The Shield, The Chicago Code) para que se hiciera cargo del desaguisado y la serie despegó en calidad, pero no en audiencias. Ryan se encontró con el principal problema de que la serie se basa en que nadie puede mentir al protagonsita ya que el lee las mentiras en sus caras. Esto provoca que todo se resuelva con entrevistas… Algo muy aburrido. Otro fallo en la concepción es que la empresa de Carl Lightman (el personaje de Tim Roth) es una empresa de un sector ficticio (o muy desconocido) con pocos anclajes en la realidad, lo que hace que el espectador no acabe de entrar en el relato. La serie no supo situarnos en su mundo y es algo que va  a arrastrar hasta su cancelación definitiva.

Las tres sobrevivieron al final de temporada. Castle y El mentalista con el back nine a sus espaldas y buenos datos de audiencia. Miénteme es un caso excepcional en la televisión actual. A pesar de sus malos datos, el canal pidió nuevos capítulos y utiliza la serie como rellenadora de huecos ya sea con cancelaciones durante el año o para poner un toque de ficción durante el verano.

¿Y ahora qué?

Castle parece encantada de haberse conocido y continúa con su estilo fresco y divertido de afrontar los casos. La serie es consciente de lo que es: Un relato de suspense, y juega con ello constantemente buscando sorprender al espectador en todo capítulo aprovechándose del conocimiento general sobre los relatos de detectives. El carisma de Nathan Fillon se ha asentado en su personaje y todo parece indicar que habrá misterios para ratos. Para mi, el mejor procedimental policíaco de la actualidad.

El Mentalista por su parte parece haberse dado cuenta de que el personaje interpretado por Simon Baker no puede ser Superman en chaleco de seda y atraer al público y parece que quiere humanizar a Patrick Jane, pero la única manera que han encontrado es ponerle en peligro y eso puede funcionar un par de veces por temporada, no más. La frescura del niño gamberro que todo lo sabe se ha convertido casi siempre en el pesado sabihondo que no sabe comportarse… Eso sí, las audiencias le respaldan.

Por último, Miénteme, ahora situada en la temporada media americana, sigue su extraño camino. Tras la marcha de Shawn Ryan para realizar su The Chicago Code, la serie ha intentado seguir el sendero marcado pero lastra muchos males y eso vuelve los relatos impredecibles y desustructurados… Esto se ha convertido en su peor pesadilla, ya que es difícil sorprender al espectador sino sabe que esperarse, y en su mejor baza: No hay ningún procedimental como Miénteme.

¡Qué se joda el crítico medio-cre!


Emprendo la tarea de escribir la segunda contracrítica, la primera fue sobre un artículo de Alberto Rey, un crítico al que admiro, pero esta vez me he ido al lado contrario. La crítica es sobre un artículo aparecido en el blog ‘Abajo el espectador medio’ (horrosa traducción de la frase pronunciada por David Simon: “Fuck the average viewer” (“Qué se joda el espectador medio”) y escrito por Oriol Querol. Empezamos.

Uno podría pensar, viendo los ruidosos primeros minutos del episodio piloto de The Chicago Code, la nueva propuesta de FOX para la noche de los lunes, que la serie no es si no otro típico producto del género de acción policial, del que tantísimos ejemplos (buenos y malos) podríamos poner.

De los ejemplos buenos tenemos una muestra en el artículo publicado en este blog el pasado lunes. Después del autobombo… Desde los créditos, The Chicago Code nos muestra una serie distinta con una presentación arriesgada mostrándonos con flashback el camino a la superintendencia de Teresa Colvin (precioso homenaje al Comandante de la policía de Baltimore de la tercera temporada de The Wire).

Me suena francamente que la introducción estaba preparada para empezar a hablar de Shawn Ryan y recordar brevemente su anterior creación The Shield con la cual hay muchos parecidos, aunque también muchas diferencias.

El protagonista de The Chicago Code, Jarek Wysocki (Jason Clarke) es un detective de la ciudad del viento cuya antigua compañera, Teresa Colvin (Jennifer Beals) ha sido ascendida a jefa de la policía de Chicago. Juntos, y por lo que de momento sabemos, emprenderán una larga investigación para derruir el muro de corrupción levantado por el magnate de la construcción metido a político Alderman Ronin Gibbons.

¿De verdad ha visto el capítulo? Esta descripción se podía encontrar por internet mucho antes del estreno de la serie. Es increíble que no comente varios de los aspectos más importantes, como el personaje de Matt Lauria, que hace de parteneire del protagonista, la narración en off con la voces de distintos personajes a lo Casino, y por supuesto la narración de la historia de Colvin con flashback en momentos muy bien elegidos. Todo un hallazgo narrativo.

El factor decisivo a la hora de distanciar The Chicago Code de las otras series del género presentes en las parrillas de las grandes cadenas es el hecho de que ésta haya apostado por el formato de trama continuada.

En el piloto aunque si que marca una trama que parece que va a ocupar gran parte de la temporada, también se ve que se van a afrontar otros casos… Así que, a pesar de lo visto en el piloto no podemos saber que porcentaje de los capítulos ocupará esta trama en continuidad. Seguramente, al ser un canal en abierto,  haya casos autoconclusivos aderezando dicha historia, es decir, como en casi todas las series actuales.

Por un lado, resulta loable que una cadena como FOX se atreva con una serie de este género asociada a este formato, pero por el otro, el hecho de sumar elementos como la policía, la marginalidad o la corrupción, deja la serie demasiado expuesta a una comparación que probablemente nadie podrá resistir jamás: la sombra de The Wire (HBO) es y siempre será demasiado alargada. 

¿De verdad? ¿Policía, marginalidad y corrupción es The Wire? También es The Shield y esta comparación si que le tiene que preocupar más a sus creadores. Por otra parte, la historia de The Wire se basa en el duro realismo y esta serie, al igual que su predecesora, tiene mucho más de ficticio, de personajes extraordinarios y un planteamiento que ya de por sí suena poco realista.

Para terminar una reflexión: ¿Cómo es posible que los dos grandes portales de televisión en España: Formulatv.com y Vertele.com no tengan blogs calidad para complementar la información y permitan que los que les representan se actualicen de año o en año o lo hagan con entradas poco trabajadas?

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