Todo es cuestión de identificación


Para terminar esta semana Skins, dedicada al final de la quinta temporada de esta serie, he estado buceando por las críticas que la blogosfera ha realizado de este final de temporada y he elegido la titulada Skins T5: relaciones complicadas realizada por el blog DalealStop alojado en FormulaTv. Aquí comienza LA CONTRACRÍTICA.

En mi opinión, esta nueva generación ha tardado más en calar que las anteriores. El episodio piloto fue genial, pero después se desinfló con uno de los capítulos más aburridos de la historia de la serie (el que estaba centrado en el metalero Rich).

El empezar con mi opinión me produce sensaciones contrapuestas. Es una muestra de humildad, pero lo cierto es que si escribes en tu blog estás dando tu opinión, porque eso de dar verdades universales está reservado a unos pocos genios, a unos cuantos iluminados y a la Esteban… Lo cierto, es que es una de las dudas que siempre me corroen a la hora de escribir una entrada y al final acabo por quitar esos verbos tan dubitativos… espero no parecer arrogante.

Pero, vamos a LA CONTRACRÍTICA. Francamente, para mí (por eso de no parecer un arrogante) la segunda generación tardó mucho más en entrarnos por los ojos. Posiblemente, se deba a que fue el primer cambio de generación y aún no teníamos asimilado ese concepto de la serie. También lo es, que al haber tanto cambios de personajes depende mucho de como funcione la identificación con los nuevos, lo rápido que entres en el relato y te olvides de lo anterior. A mi no me ha costado nada en esta ocasión. Por ello, que el capítulo de Rich (para mí de los más líricos y emocionantes de la serie) si no te interesa o sientes algún tipo de identificación con esos personajes enamorados de la música.

De ahí en adelante los capítulos se sorteaban entre mediocres, buenos y muy buenos, como ese final de temporada que ha sido muy emotivo, sin tener por qué ser triste o alegre.

No sé a que capítulo mediocre se refiere. El problema, como he dicho antes, es que al centrar el protagonismo en un personaje si este no te cae especialmente bien o no sientes ningún tipo de afinidad, ese episodio te puede parecer aburrido. Defectos de una formula que aunque interesante no es perfecta.

En cuanto al final de temporada, me ha parecido lo peor de esta tanda de episodios. Me sucede lo mismo que con The Walking Dead, podría haber sido un final de episodio cualquiera y eso es malo. Un final de temporada tiene que ser un punto y aparte y en este caso, sólo lo hubiera sido con algún suceso destacable en el episodio, sin embargo, casi parece más un reseteo para estar libres en la siguiente temporada.

Por último, queda Alo, el personaje más carismático y a la vez original de la serie. El granjero también tiene problemas familiares, para variar, y él también se refugia en su variopinto grupo de amigos para dejar a un lado los problemas. Lo único que le falta a Alo es un amor correspondido […] Ya veremos que le depara en la próxima tanda de capítulos, a no ser que los guionistas le olviden como hicieron con Pandora en la segunda generación.

Siempre tengo la duda de si soy el único que cree que los desahogos cómicos de la serie deben quedarse siempre en un segundo plano para no volverse cansinos o repetitivos. Alo es carismático y para mi uno de los mejores actores de esta nueva generación, por ello creo que no le pasará lo mismo que a Pandora y a Thomas en la segunda temporada, ya que estos eran el punto débil de la serie. En Skins se nota mucho que los guionistas en las segundas temporadas de cada generación dan más protagonismo a los buenos actores para reforzar a la serie. Todo un acierto.

Ojala en España se apostara por series juveniles de este estilo, o incluso en EEUU, aunque puede ser que ‘La Pecera de Eva’ o la nueva versión americana de ‘Skins’ sean un primer paso.
No me gusta Física o química. Me parece innecesariamente larga (mal de la cadena) y muchas veces repetitivas, pero lo cierto es que el cambio en la ficción española también empieza por los espectadores y mientras estos sigan apoyando ficciones mediocres, las cadenas seguirán apostando por ellas. De todas formas, está por llegar alguna nueva serie teen algo más evolucionada, ya que el ciclo de FOQ parece que empieza a tocar a su fin. Veremos.
 
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Yo no soy esa


Mi primo quiere que escriba un artículo todos los jueves. A lo Carrie Bradshaw. Lo que pasa es que yo no soy una petarda con el armario lleno de Manolo Blahnik’s que se pregunta constantemente por qué el mundo la trata tan mal. No soy así para nada, soy mucho más de Christian Loubotin.

Al grano. Se supone que debería de contar cómo ve el mundo una chica mona, estilosa y con una gran vida social, para contrastar, supongo, con lo que normalmente suele escribir Él.

Pero yo mis affaires amorosos me los reservo para el macciato de las cinco y media, los domingos en el Starbucks de Serrano. Y tampoco soy nadie para dar consejos a las chicas de hoy en día sobre cómo deben ser para triunfar en la vida. Siempre se lo digo a mi amiga Nati: “Tía, no te líes con muertos de hambre, por muchas gafas que lleven, que luego se dedican a la vida bohemia y eso será cool en Malasaña, pero aquí, en el mundo real, no”. Y ella, dale que te pego, que si el videoarte, que si el cool hunting. Y luego se extraña de que la lleven a comer a sitios donde la gente fuma pipas de sabores y se sienta en el suelo. En fin.

Mi conversación con Erik para determinar mis futuras funciones fue una cosa así:

-A ver, ¿Sobre qué vas a escribir el jueves que viene?

-¿Puedo escribir de los modelitos de Betty Draper?

-No. De la serie.

-Pero los modelitos son la serie, esa serie no sería nada si fuesen vestidos muy mal.

– … (Erik guarda silencio y me fulmina con la mirada, no sé por qué.) Escribe de la serie, Belén.

-¿Pero de cuál?

-De la que quieras. Adiós.

Yo a veces no entiendo que tengamos los mismos genes. Y me puse a pensar en series y en cuál me gustaba más. Y pensé en los modelitos de Serena Van Der Woodsen, de Gossip girl y en los de Alisha de Misfits.

-¿En serio que no puedo escribir sobre moda?

– (Portazo)

-Jo…

Así que me ceñiré al tema del artículo: Que yo no soy Carrie Bradshaw ni esto es el New York Star, y no puedo hablar de trapitos ni de lo malos que son los hombres, porque aquí hay que hablar de tele. Y yo de tele, qué queréis que os diga, pues que hay gente lo vive mucho, y se mete en las historias y claro, luego se ven reflejados en los personajes. Y si no que se lo digan a mi amiga Nati, que se cree que es Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s, encantadora, pasando frío bajo su trench. Ella se esfuerza mucho en parecer romántica y pizpireta… Pizpireta, ¿a alguien le sale eso natural?

Y mira que ya le he dicho que eso está muy visto y que debería replantearse identificarse con Blair Waldorf, que a su vez se cree que es Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s. Porque por supuesto, ninguna de las dos querría ser Audrey Hepbrun en Dos en la carretera. Tan decadente y tan vestida para parecer más joven. Lo que viene siendo un síndrome muy común en las series españolas donde sale gente que en teoría debería tener dieciséis años.

Luego está mi amiga Cris, que de más joven, se creía un poquito Amelie. Estuvo dando la tabarra con su cámara reflex y sus minipoemas hasta que dejaron de llevarse los flequillos y pudo aceptar que no, que no se pregunta cuánta gente habrá practicando el coito en la urbe cuando se asoma a la pedazo de terraza de su ático duplex. Así es la vida, Cris. Tú eres más una especie de Patty Hewes en potencia, y no porque sea abogada, que también, pero si tiene esa mala leche a su edad, de mayor, yo por lo menos, me voy preparando para lo peor.

Pero es fácil identificarse con chicas monas y adorables. O con chicas monas y torturadas. O con chicas monas y atrevidas; monas pero un poco locas; monas y misteriosas… ya lo habéis pillado, ¿no? Siempre, siempre monas. ¿A que nadie se identifica con Kelly, de Misfits? Ninguna de mis amigas te diría: Que te jodan, pedazo de mierda… Ay perdón, ¡a veces soy tan Kelly!

Pues claro que no. Porque nadie quiere ser una poligonera de acento raro con un cierto sobrepeso, por mucho carisma que tenga, y por mucho que lea las mentes. Porque para leer mentes me pido ser Sookie Stackhouse, que tiene un culo divino y hace que los vampiros más buenorros de cada siglo se vuelvan locos por sus huesitos mortales.

Tampoco conozco a ninguna chica que diga que se parece a Pandora, de Skins. Todas prefieren ser Effy, Michelle o Uma Thurman en Kill Bill katana en mano, da igual. Que ya profundizando en el concepto, me pregunto qué puede tener en común una chica cualquiera con el personaje de Beatrix Kiddo. ¿Que odian a su ex novio? Lo veo poco sólido, sed realistas, chicas.

También conozco alguna que otra chica un poco maniática que se identifica con Monica Geller. Porque bueno, sería obsesivo-compulsiva, pero era guapa y sobrellevaba más o menos bien la moda de los noventa. Y lo bien que se conserva, oye. Que yo firmaba por estar a los treinta como está ella a los cuarenta en Cougar Town.

Y luego están los hombres que dicen que se parecen a Don Draper. Esos sí tienen delito. Porque en los sesenta no sabían lo malo que es el tabaco, el bebercio y el fornicio sin protección, ¿Cuál es tu excusa, Señorito vividor sin corbata? Para ser un Don Draper de la vida hay que ser un Señor, sí, con mayúscula: Con su familia, sus hijos y su puesto directivo, y tú eres, seguramente, becario de algo artístico, dj, diseñador gráfico… Seamos serios. Es posible que dadas las similitudes personales, estos Don Draper’s de tres al cuarto hagan buenas migas con las Beatrix Kiddo de clase de pilates avanzado.

¿Ves? Pues así a lo tonto al final termino hablando de series. Que yo no seré como Carrie, ni saldré toda divina en los cartelones de los autobuses de la EMT, pero puedo escribir un artículo sin despeinarme. Y a los hechos me remito, para lo del artículo y para lo de despeinarme, que las extensiones están cada vez más caras.

¡Hasta la semana que viene!

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