Yo no soy esa


Mi primo quiere que escriba un artículo todos los jueves. A lo Carrie Bradshaw. Lo que pasa es que yo no soy una petarda con el armario lleno de Manolo Blahnik’s que se pregunta constantemente por qué el mundo la trata tan mal. No soy así para nada, soy mucho más de Christian Loubotin.

Al grano. Se supone que debería de contar cómo ve el mundo una chica mona, estilosa y con una gran vida social, para contrastar, supongo, con lo que normalmente suele escribir Él.

Pero yo mis affaires amorosos me los reservo para el macciato de las cinco y media, los domingos en el Starbucks de Serrano. Y tampoco soy nadie para dar consejos a las chicas de hoy en día sobre cómo deben ser para triunfar en la vida. Siempre se lo digo a mi amiga Nati: “Tía, no te líes con muertos de hambre, por muchas gafas que lleven, que luego se dedican a la vida bohemia y eso será cool en Malasaña, pero aquí, en el mundo real, no”. Y ella, dale que te pego, que si el videoarte, que si el cool hunting. Y luego se extraña de que la lleven a comer a sitios donde la gente fuma pipas de sabores y se sienta en el suelo. En fin.

Mi conversación con Erik para determinar mis futuras funciones fue una cosa así:

-A ver, ¿Sobre qué vas a escribir el jueves que viene?

-¿Puedo escribir de los modelitos de Betty Draper?

-No. De la serie.

-Pero los modelitos son la serie, esa serie no sería nada si fuesen vestidos muy mal.

– … (Erik guarda silencio y me fulmina con la mirada, no sé por qué.) Escribe de la serie, Belén.

-¿Pero de cuál?

-De la que quieras. Adiós.

Yo a veces no entiendo que tengamos los mismos genes. Y me puse a pensar en series y en cuál me gustaba más. Y pensé en los modelitos de Serena Van Der Woodsen, de Gossip girl y en los de Alisha de Misfits.

-¿En serio que no puedo escribir sobre moda?

– (Portazo)

-Jo…

Así que me ceñiré al tema del artículo: Que yo no soy Carrie Bradshaw ni esto es el New York Star, y no puedo hablar de trapitos ni de lo malos que son los hombres, porque aquí hay que hablar de tele. Y yo de tele, qué queréis que os diga, pues que hay gente lo vive mucho, y se mete en las historias y claro, luego se ven reflejados en los personajes. Y si no que se lo digan a mi amiga Nati, que se cree que es Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s, encantadora, pasando frío bajo su trench. Ella se esfuerza mucho en parecer romántica y pizpireta… Pizpireta, ¿a alguien le sale eso natural?

Y mira que ya le he dicho que eso está muy visto y que debería replantearse identificarse con Blair Waldorf, que a su vez se cree que es Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s. Porque por supuesto, ninguna de las dos querría ser Audrey Hepbrun en Dos en la carretera. Tan decadente y tan vestida para parecer más joven. Lo que viene siendo un síndrome muy común en las series españolas donde sale gente que en teoría debería tener dieciséis años.

Luego está mi amiga Cris, que de más joven, se creía un poquito Amelie. Estuvo dando la tabarra con su cámara reflex y sus minipoemas hasta que dejaron de llevarse los flequillos y pudo aceptar que no, que no se pregunta cuánta gente habrá practicando el coito en la urbe cuando se asoma a la pedazo de terraza de su ático duplex. Así es la vida, Cris. Tú eres más una especie de Patty Hewes en potencia, y no porque sea abogada, que también, pero si tiene esa mala leche a su edad, de mayor, yo por lo menos, me voy preparando para lo peor.

Pero es fácil identificarse con chicas monas y adorables. O con chicas monas y torturadas. O con chicas monas y atrevidas; monas pero un poco locas; monas y misteriosas… ya lo habéis pillado, ¿no? Siempre, siempre monas. ¿A que nadie se identifica con Kelly, de Misfits? Ninguna de mis amigas te diría: Que te jodan, pedazo de mierda… Ay perdón, ¡a veces soy tan Kelly!

Pues claro que no. Porque nadie quiere ser una poligonera de acento raro con un cierto sobrepeso, por mucho carisma que tenga, y por mucho que lea las mentes. Porque para leer mentes me pido ser Sookie Stackhouse, que tiene un culo divino y hace que los vampiros más buenorros de cada siglo se vuelvan locos por sus huesitos mortales.

Tampoco conozco a ninguna chica que diga que se parece a Pandora, de Skins. Todas prefieren ser Effy, Michelle o Uma Thurman en Kill Bill katana en mano, da igual. Que ya profundizando en el concepto, me pregunto qué puede tener en común una chica cualquiera con el personaje de Beatrix Kiddo. ¿Que odian a su ex novio? Lo veo poco sólido, sed realistas, chicas.

También conozco alguna que otra chica un poco maniática que se identifica con Monica Geller. Porque bueno, sería obsesivo-compulsiva, pero era guapa y sobrellevaba más o menos bien la moda de los noventa. Y lo bien que se conserva, oye. Que yo firmaba por estar a los treinta como está ella a los cuarenta en Cougar Town.

Y luego están los hombres que dicen que se parecen a Don Draper. Esos sí tienen delito. Porque en los sesenta no sabían lo malo que es el tabaco, el bebercio y el fornicio sin protección, ¿Cuál es tu excusa, Señorito vividor sin corbata? Para ser un Don Draper de la vida hay que ser un Señor, sí, con mayúscula: Con su familia, sus hijos y su puesto directivo, y tú eres, seguramente, becario de algo artístico, dj, diseñador gráfico… Seamos serios. Es posible que dadas las similitudes personales, estos Don Draper’s de tres al cuarto hagan buenas migas con las Beatrix Kiddo de clase de pilates avanzado.

¿Ves? Pues así a lo tonto al final termino hablando de series. Que yo no seré como Carrie, ni saldré toda divina en los cartelones de los autobuses de la EMT, pero puedo escribir un artículo sin despeinarme. Y a los hechos me remito, para lo del artículo y para lo de despeinarme, que las extensiones están cada vez más caras.

¡Hasta la semana que viene!

Anuncios

Los españoles no lo hacemos tan mal


Hoy, inicio una nueva sección para los viernes en la que abordare una crítica realizado en la blogosfera durante la semana. Esta sección no pretende ahondar en la crítica gratuita y la polémica, sino para incitar al diálogo entre los diferentes críticos televisivos muchas veces aislados en su pequeña pantalla y contraponer puntos de vista diferentes.

Inauguramos la sección con una visita al blog Asesino en serie de Alberto Rey, uno de mis preferidos por cierto. El miércoles escribió una entrada en la que analizaba los estilemas de la ficción española. No tengo claro lo que piensa de la tele española porque dependiendo del post varía un poco las generalizaciones que hace. He de aclarar que estoy de acuerdo en que 70 minutos son demasiados para una serie, que las tramas  a veces se extenuan y que el prime time español está deformado. En lo que no estoy de acuerdo es en:

…las series de televisión españolas sí funcionan sin atenerse a las reglas que rigen la ficción en el resto del planeta Tierra.

Las reglas de las series de televisión españolas son distintas, si. También lo son las de las series canadienses, lo que sucede es que los anglasajones tienen una misma cultura y son menores  las variaciones0. Nuestro horario es muy distinto, por razones sociológicas diseccionadas en muy diferentes teorías,  y el prime time es por lo tanto diferente y el consumo televisivo también lo es.  Eso y que las series más cortas nunca han funcionado… no todo es culpa de las televisiones, aunque si en gran parte, ni de las productoras.

Hay un mercado interno que consume la oferta de series españolas tontorronas, larguísimas e hipercoloridas, como en la India lo hay para los filmes épico-romántico-musicales (¡tontorrones, larguísimos e hipercoloridos!) de Bollywood.

El mercado no es solo interno. Esto lo demuestra las versiones realizadas de diversas series (Los Serrano, Cuéntame, El internado) o la venta de productos terminados y doblados como UPA, El Internado o Cuenta Atrás  a países como Francia, Portugal, Alemania, Italia o Finlandia. La ficción española todavía no ha entrado en el mercado anglosajón, pero la recuperación de tantos años de atraso se está produciendo a buen ritmo.

Viven instaladas en una diferencia que les garantiza un público fiel, al tiempo que les granjea el rechazo por defecto (mirad si no los comentarios de mi post de ayer) de una parte importante de la audiencia. Un sector que no está dispuesto a tragarse hora y media de latiguillos Serranos o actuaciones de espectáculo de varietés de la posguerra.

La ficción española moderna se inició, tal como él mismo explica a mediados de los 90, más de treinta años después que la anglosajona. Además, la gran evolución se produjo gracias a la tele pública británica sin exigencias de audiencias o por las cadenas de cable premiun… cosa que en España parece que se está produciendo ahora. Hay que saber el porqué de las cosas antes de criticar y a veces sólo se valora las sensaciones y no las razones, que son igual de importantes.

No ocurrió así y la “nueva televisión española”, chirriante y acelerada, comenzó a encadenar éxitos y a convertirse en el modelo a seguir o, lo que es más triste, en el único viable. Y no, señores, no es el único modelo viable. Antes hubo otro, fuera hay otros, Spain no es tan different, otra tele es posible.

¿El pasado siempre fue mejor? No lo creo. Aunque hay productos de indudable calidad, las series ochenteras y anteriores no son el cenit televisivo y estaban fuera del mercado televisivo que se abrió cuando llegaron las cadenas privadas. La situación ha vuelto a cambiar y es un error no darse cuenta de que la televisión española ha evolucionado mucho en los últimos tiempos.

En definitiva, para mi está claro que la ficción no es la panacea, pero se deben juzgar cada producto por separado y no hacer generalizaciones que siempre son peligrosas, y no obviar nunca que las televisiones y las productoras son empresas privadas que dependen del número de espectadores que visionen sus productos.

Mis cinco de… Metatelevisión


Y esta semana estamos de estrenos y vamos con una nueva sección: Mis cinco de… Y como el título es muy de serie española, se puede adivinar perfectamente de que va: De mis rankings. En principio, y salvo excepciones, serán rankings específicos (nada de Mis cinco de… la década) y para inaugurarlo que mejor que la metatelevisión, tratándose este de un blog televisivo y en una semana en la Rick Grevais ha puesto patas arribas los Globos de Oro y Ángel Martín fue más famoso, por un día, que Johnny Depp (siendo el 4 tema más twitteado) en el mundo entero con su abandono de Sé lo que hicisteis. Empezamos con el ranking:

QUINTO PUESTO:

Episodes. La nueva producción de Showtime con sólo un par de episodios se ha colado en esta lista de las mejores series sobre televisión y es que David Crane ha conseguido imbuirnos en el cartón piedra de una network hollywoodiense con una comedia que no requiere de gags elaborados para hacernos reír y que con el tiempo puede tomar dos caminos bien distintos: Una comedia con sustancia y que sirva para algo más que reír o un divertimento paródico al más puro Rockefeller Plaza.

En cualquier caso Episodes y Crane, tienen varios méritos evidentes, entre los que destaca el críticar su propio entorno sin caer en la autocomplacencia y en gran parte esto se debe al personaje Matt Leblanc que se atreve a convertirse en el niño mimado de una network de la que no conocemos el nombre y jugar de nuevo al juego de ilusionismo entre la realidad y la ficción. Es muy valiente y muy poco habitual, que el actor más reconocido y gancho de la serie casi ni aparezca en el piloto y su presencia aumente levemente en el segundo episodio. Una muestra de paciencia y buen hacer para crear una historia coherente. Posiblemente, en unos cuantos episodios subiría puestos en la lista.

CUARTO PUESTO:

Grosse Pointe.  Su creador Darren Star tuvo una década de los 90 de dulce tras crear Melrosse Place, Sensación de Vivir y era el niño mimado de Hollywood con su Sexo en Nueva York… Así que decidió utilizar todo lo que había visto en sus experiencias con series juveniles para crear una parodia de ellas. Grosse Pointe trata de una serie adolescente con hermanos gemelos malignos, resurrecciones y todo ese tipo de cosas.

Además, está compuesta por un equipo de actores, en los que se centra sobre todo la serie, de lo más particular entre los que podemos reconocer a varias estrellas, o por lo menos su imagen pública, que trabajaron con Star. Es una parodia que pecó de inocente y de demasiado estrafalaria para que la crítica o el relato tuviera tintes realistas. Un divertido intento que se quedó en 17 episodios.

TERCER PUESTO:

Sports Night. Todos tenemos nuestros orígenes y esta serie lo es de Aaron Sorkin, recientemente premiado con un Globo de Oro por su guión de La Red Social. Sport Night narra el día a día de un programa deportivo de una pequeña cadena de cable. En ella, podemos ver a caras famosas como Felicity Huffman (Mujeres Desesperadas), Peter Krausse (A dos metros bajo tierra, Parenthood), Josh Charles (En terapia, In Good Wife) o Joshua Malina (El Ala Oeste de la Casablanca, Triunfadores) y los primeros pasos de Sorkin hacia su estilo inconfundible de diálogos rápidos y en movimiento.

Mención especial merecen los dos primeros episodios que a pesar de ser una sit-com, un tanto arriesgada, consiguen emocionar con sus respectivos finales. La serie duró dos temporadas en la ABC y tras su cancelación Showtime y HBO hicieron varias ofertas para que Sorkin la continuara. En su lugar, él decidió embarcarse en la aventura de El Ala Oeste de la Casa Blanca en la NBC. Sport Night es una serie muy recomendable para los amantes del deporte y de la buena televisión.

SEGUNDO PUESTO

Rockefeller Plaza (30 Rock).  Junto con Modern Family y Cómo conocí a vuestra madre es la sit-com estructuralmente más arriesgada de la televisión actual. Los repetidos premios a Tina Fey (protagonista y creadora de la serie) y a Alec Baldwin acreditan su calidad y sus cinco temporadas son la demostración de que no siempre la calidad está peleada con las audiencias.

Rockefeller Plaza narra en clave de comedia la vida de un programa humorístico de la NBC y las locuras que sus integrantes, ya sean guionistas o actores, llevan a cabo en su vida cotidiana. A veces se aleja del mundo televisivo para centrarse más en las vidas personales de sus personajes, pero nunca pierde de vista el mundo catódico. Una comedia que sigue evolucionando y que no se estanca como demuestra el atrevimiento de realizar un episodio en directo en esta última temporada. Si empiezas a verla no podrás dejarla.

PRIMER PUESTO

Studio 60. Pocas series consiguen el cartel de míticas con tan solo una temporada, esta serie no debió ser una de ellas. La cancelación por parte de la NBC en plena crisis, supuso el final de una serie que critíca y eleva a la vez al mundo televisivo. Aaron Sorkin creó un relato sobre un programa de sketches al estilo Saturday Night Live en el que se explicaban los entresijos del mundo audiovisual y nos sumerje de lleno en el otro lado de la pantalla.

No sólo es un documento sobre lo catódico sobresaliente sino que es una historia llena de personajes memorables y una narración audiovisual al alcance de muy pocos. 22 capítulos en los que Mathew Perry y Bradley Whitford harán que nos enamoremos, que suframos, que nos riamos. Televisión de altos vuelos para hablar de televisión. Sino la has visto todavía tienes suerte, te espera una visita obligada para los amantes de este mundillo.

A parte de las cinco series citadas, El Show de Larry David (Curb Your Enthusiasm) merece una mención de honor. No la he incluido en la lista porque trata la televisión de manera anecdótica, pero podía haber ocupado uno de los primeros puestos en cuanto a calidad.

ÑBO (I): ¿Por qué desperdiciaron a Jorge Sanz?


Inicio este especial titulado ÑBO (para los menos duchos en materia televisiva es una alusión a la HBO, la cadena de cable americana que ha sido la insignia de la ficción de calidad durante muchos años) justo después de ver los seis capítulos de ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ de carrerilla y sin casi tiempo para dejar de disfrutar. Y es que no es ningún secreto, a pesar de nuestro anti-chauvinismo, que la ficción televisiva en España ha dado varios pasos de gigante en los últimos años.

En gran parte, gracias a series como ‘El Internado’ o ‘Águila Roja’ que a pesar de sus taras han abierto las temáticas y nos han predispuesto a un modelo mucho más sostenible y cercano al espectador. El último gran paso, ha sido que las televisiones de pago iniciaran sus primeros proyectos de ficción y los dos primeras producciones han sido ‘Todas las mujeres’ de TNT (de la que hablaré otro día) y la citada ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’

¿Qué fue de Jorge Sanz?

¿De que va la serie? Pues otra cosa no, pero aquí en España, somos muy explícitos con los títulos…y la serie va de la vida de Jorge Sanz ahora que ya no es una prima donna en el panorama interpretativo de nuestro país. Aunque, no es una serie documental, ya que mezclan realidad con ficción. De hecho, la única realidad verificable que podemos vislumbrar es que el protagonista se llama Jorge Sanz y que es actor al igual que su personaje. El resto entra en el juego de luces e ilusiones que supone esta serie, en la que acabas preguntándote cuanto de verdad y cuanto de ficción han incluido. De hecho, tras ver la presentación de los Goya de este año y el capítulo dedicado a ellos esta barrera se difumina más… ¡Qué ridículo de Sanz en ambos! Tal vez, más en la realidad.

 

David Trueba, director y guionista de la serie, la define como “una muñeca rusa” en la que la primera es el propio Jorge Sanz, después aparece todo el universo del cine español y por último sus propias experiencias. Esto crea una sensación de realismo constante y un fantástico relato de metacine. La técnica no es nueva, la utilizan grandes series de prestigio como Extras, Entourage (El Séquito) o Curb Your Enthusiasm (El show de Larry David), pero sorprendentemente en esta serie está aplicada con maestría… y digo soprendentemente, porque en España tenemos un miedo al ridículo atroz y a la autoparodia que ha hecho fracasar a formatos como el Saturday Night Live y que impide que las visitas de los famosos a los platós sean, en su mayoría, más que testimoniales. Este es uno de los mayores logros de la serie: Hacer que personajes públicos se rían de si mismos e interpreten un papel que no les favorece en demasía. Mención especial a los fantásticos Antonio Resines y Santiago Segura.

Durante, el relato veremos a un Jorge Sanz acabado acompañado por su agente, Amadeo Gabarrón (interpretado por Eduardo Antuña) un vendedor de quesos despedido de su empresa a los 40 y tantos y que como tiene experiencia vendiendo quesos… “ahora vende a Jorge Sanz”. Un personaje de lo más peculiar que aportará el punto cómico más clásico con sus impagables meteduras de pata al buscarle trabajo a su amigo. Un Sancho Panza ejemplar.

Pero, no nos engañemos, la serie es un vehículo para el lucimiento de Jorge Sanz y vaya si lo logra, tanto que ha servido para colocarle de nuevo en el panorama audiovisual. Viendo la serie y su interpretación me pregunto: ¿Por qué desperdiciaron a Jorge Sanz?… y me dirán que no es buen actor, que la dicción… pues oiga, se le entiende todo. Es posible, que el pasarlo mal y perder su halo de estrella le hayan convertido en un gran actor o que ya lo fuera… Eso nunca lo sabremos.

No sólo es una comedia

En sí, la serie la venden como una comedia, pero no es una Aída o una 7 vidas. No busca el gag sino que las risas vienen a través de situaciones, a veces un tanto surrealistas y otras de lo más cotidianas. En sus seis episodios se abordan desde los temas más existenciales como el amor o el destino y los más mundanos. Algunos, de los mejores momentos de la serie los proporciona las conversaciones padre-hijo (el hijo de Jorge en la serie, es su hijo de verdad) en las que a pesar de que el niño aún está muy verde, Jorge es capaz de sacar desde su niño interior hasta el ser más ruin y miserable que lleva dentro.

Otro elemento que llama la atención son los diversos leimotiv que establece la serie como elemento estructurador. Sobre todo en los inicios de los capítulos hay una rutina clara que crea complicidad con el espectador: Fragmento de una película de Jorge Sanz, que el actor está recordando en un sueño, o más bien en una pesadilla, y él se despierta en sitios de los más diversos. Después, primer plano de Sanz, ya sea afeitándose o recibiendo un masaje, sobre el que se sobreponen los títulos de crédito. Puede parecer una tontería, pero al igual que a las extrañas muertes de ‘A dos metros bajo tierra’ se le acaba cogiendo el gustillo y haciéndose una rutina indispensable.

Por último, destacar que a pesar de que es una comedia, bastante divertida y acertada, ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ es mucho más y que como las grandes comedias aporta mucha verdad a sus personajes convirtiéndose más en una dramedia (no se entienda como una serie familiar, porque no lo es) en las que se viven momentos muy emocionantes y otros en los que la risa es obligada. Seis episodios que rondan entre los 30 y los 40 minutos de lo más recomendables.

Así, terminamos el primer repaso de la primera serie ÑBO pertenciente a Canal+ Originales (acertadísimo nombre) y que esperemos que tenga continuidad con una segunda temporada. Por el momento, en breve disfrutaremos, o eso espero, del segundo producto de Canal+ Originales, ‘Crematorio’, basada en una novela homónima. Para terminar, os dejo con el making off de la serie de David Trueba.

No es una serie de zombies


Mañana, La Sexta estrena Walking Dead en su prime time… y por muy raro que pueda sonar es una serie de zombies ¿o no?. Y es que tanto el cómic (creado por Robert Kirkman) en el que se basa esta serie como el producto proveniente de AMC y Frank Darabont es algo más que una serie sobre zombies. Tampoco nos llevemos a engaño: Hay zombies, y muchos, pero que si te dicen que son tomates armados con sierras eléctricas y chupachuses el relato funcionaría igual. En definitiva, los muertos vivientes no son más que una excusa para ver otras muchas cosas, al igual que los vampiros de Soy leyenda podrían haber sido perfectamente zombies (¿De verdad no lo eran?). La promo de la cadena (debajo del párrafo) son muy elocuentes sobre este asunto.

Vamos con el momento caratula: Walking Dead narra la historia de los supervivientes a una plaga que se trasmite a través de la saliva. Esta plaga convierte a los muertos por su causa en muertos andantes guiados por su cerebelo en busca de alimento sin que su cerebro funcione. El relato se inicia con un sheriff, Rick Grimes, que despierta tras estar en coma en el hospital y se encuentra con todo el tema sin entender nada. Partirá en una búsqueda de su familia, respuestas y otros supervivientes (en este orden) e irá descubriendo el mundo desbastado por la enfermedad de origen bacteriana.

En el fondo, Walking dead es una historia sobre la supervivencia, sobre las dinámicas de poder en la construcción de la sociedad y sobre personajes. ¡Qué bonito suena siempre decir que una serie va sobre personajes! ¡Todas las series van sobre personajes! Pero, esta en particular es una serie cuya fuerza es la continua toma de decisiones limites a las que se somete a los protagonistas. Y este mérito, es quizás su mayor carga porque los personajes no tienen la fuerza necesaria, por lo menos de momento, para sustentar el relato que decae por momentos para recuperarse después… Curiosamente, los finales de capítulo están muy elegidos para dejarte con ansias de más… y mira que sufrir “el mal del cliffhanger” (en otros lugares llamado “el mal Perdidos”) con tan sólo seis capítulos emitidos es toda una hazaña.

“El mal del cliffhanger” es tener capítulos con 38 minutos intrascendentes y 2 interesantes colocados curiosamente en la parte final. Esto no es tan exagerado en la serie y no creo que haya sido algo consciente sino que la química actoral y la construcción de personajes ha fallado. Con esto no quiero decir que la serie sea aburrida ni que no merezca la pena, porque para nada es así. Es un producto muy entretenido y de un calidad muy alta, pero su principal problema ha sido que es una adaptación.

Adaptar no debe ser fusilar

Desde que Zack Snyder llevase a la gran pantalla 300, se ha puesto de moda hacer adaptaciones fusilando el original. Lo cual no deja de ser curioso: A-DAP-TA-CIÓN… Quiero decir, la palabra que define el proceso de pasar un relato de un medio al otro es adaptación porque se requieren ciertos ajustes para que la historia siga funcionando y sino se hacen se crea un producto cojo en muchos aspectos. Esto debe aplicarse, a pesar de su cercanía a lo audiovisual, también a los cómics que tienen unos códigos distintos al cine o a la televisión.

Es por esta razón que los personajes de la serie parecen tan planos: Son esto y nada más (Tú eres el héroe y no se te ocurra tener miedo o ser también coleccionista de maquetas). En el cómic se pueden retratar los procesos mentales, los pensamientos, es mucho más normal que se usen efectos visuales para darnos cuenta de sus sentimientos, emociones, etc. En televisión solo existen los diálogos y el rostro del actor… Por ello, para marcar ciertos sentimientos, ciertas actitudes, a veces hay que crear situaciones para que el espectador le quede claro lo que el personaje piensa o siente. Cuando fusilas el cómic estas escenas no existen y por tanto los personajes tienen un desarrollo más lento o inexistente. Se crean acciones que no tienen sentido para el espectador que no haya leído el original y hace que todo pierda entidad.

El otro gran problema de la serie es que los cómics y la televisión tienen periodicidades distintas. Es decir, un cómic se pública una vez al mes y el relato no se corta al menos que se acabe la colección o se cambie de guionista (cosa que en Walking Dead nunca ha pasado), mientras que una serie tiene temporadas más o menos cortas. En este caso muy corta (6 capítulos de 50 minutos). ¿Por qué es esto un problema? Porque la temporada, al fin y al cabo, es una unidad dramática y lo es para todas las series, ya sean procedimentales tipo C.S.I. o seriadas con The Wire o Dexter. Siempre hay algo que une a los capítulos de una temporada para convertirlo en una entidad dramática… En Walking Dead esto no pasa.

No sucede porque como he dicho el cómic no sufre estos cortes y no están marcados los puntos de acción para que esto suceda. Esto provoca que los sucesos deban estirarse o acortarse para llegar a un punto medianamente significativo donde parar la temporada y que ese punto podría haber sido cualquiera de los otros finales de capítulo (como ha sucedido en esta primera tanda de episodios). Tal vez, sea una exageración… pero, en el mundo del cine y la televisión hay una máxima: Cuenta tu historia en una frase. Esto se podría aplicar a las grandes temporadas de las grandes series y en Walking Dead no es posible.

Si has leído hasta aquí, supongo que es porque la serie te despierta cierto interés (perdona, que te tutee pero escribir de usted es taaaaaan serio) y espero no haberte desanimado a verla, porque al final del todo y con sus errores Walking Dead es un producto audiovisual de alta calidad y un relato muy divertido y entretenido… y al contrario de lo que suele suceder con las series de AMC tiene mucho ritmo, así que aburrirte no te vas a aburrir. Además, la continuidad de la serie está asegurada con una segunda temporada de 13 capítulos que actualmente se está preparando. Para terminar, tengo una duda: ¿Eres de zombies que corren o de zombies que andan?

Hagamos rico al señor de seriesyonkis


– Erase una vez que se era un país donde el máximo entretenimiento de la juventud se había convertido en que le contaran historias a través de mágicos espejos.

– Eso es bueno, papá, ¿no?

– Y tanto, que es bueno. El problema es que esas historias debían ser escritas por bardos casi siempre mal pagados.

– ¿Y por qué era un problema?

– Porque la juventud había decidido negarles esa malpaga y poco a poco los bardos fueron desfalleciendo, tragándose las ganas y la tinta con las que narraban extraños sucesos y dedicándose a otros quehaceres que si les dieran para comer cada día…

– ¿Y por qué lo hacían?

– Por muchas razones… la principal, tal vez fuera, porque los nobles que habían ofrecido sus mágicos espejos a los bardos para narrar sus historias habían vendido demasiado caras las narraciones desde hacía tiempo, o porque los habían maltratado cortando las historias cuando ellos deseaban o poniéndolas a la horas de sus apetencias o simplemente porque ansiaban más y más historias y sus pecunias no llegaban para pagar tantos autores…

– Pues que mal lo pasarían… ¿Qué pasó luego?

– Decidieron vender su atención a un ladrón llamado Seriesyonkis que comerciaba con su atención y a cambio les obsequiaba con historias robadas a casi todos los bardos.

– Yo si fuera bardo me enfadaría… ¿Se enfadaron los bardos papá?

– No, ellos siguieron escribiendo a sangre y tinta… mientras más ladrones chupaban del elixir de sus plumas a cambio de nada…  Y no sólo les robaban a ellos, sino a todo aquel que ayudaba a los bardos a trasmitir sus palabras de fantasía, ya fueran con espejos mágicos, alzando una voz portentosa para que todos oyeran las palabras de la nueva quimera o a aquel que trasportaba el escenario de villa en villa.

– ¿Y qué hicieron los jóvenes?

– Siguieron pidiendo más relatos. Mejores historias a cambio de nada. Porque para ellos el elixir de las plumas era de tan sencilla obtención que no necesitaba de educación, práctica o comida para mantenerlo o mejorarlo… De hecho, cuando los bardos ya fueran grandes o pequeños, pidieron ya no pecunias por sus palabras sino que no se pagara a aquellos que les robaban… los jóvenes les apedrearon…

– ¿Y qué pasó?

– Los más afortunados bardos emigraron, los ya ricos se retiraron y los menos afortunados se hicieron cortesanos de 8 a 8 y en las noche de soledad siguieron exprimiendo sus sueños en busca de un público que además de escucharles, los cuidase…

Mamá, soy inmortal


Un satisfecho Nathan narra su visita a su progenitora tras ser desenterrado: “Mamá, soy inmortal”. Han pasado cinco minutos desde el inicio del primer capítulo de la segunda temporada y se han cargado de un plumazo el cliffhanger que tantas alabanzas de críticos había recibido: El chico inmortal enterrado. Hubiera sido fantástico un capítulo a lo Buried… pero no pudo ser. A pesar del decepcionante principio de temporada en el que rompen con el desarrollo de la serie hasta entonces y se ventilan las tramas en continuidad en un suspiro, Misfits ha terminado una sobresaliente segunda temporada, que francamente ha superado con creces a la primera.

Esta crítica no es baladí, en una serie de la calidad que se le presupone a esta, no se deben pasar por alto ciertas incoherencias que aunque perdonables son mejorables. La primera temporada había enamorado a todo el mundo, sobre todo por el personaje de Nathan (Robert Sheelnan) que para muchos se había convertido en el protagonista de la serie… Algo que yo nunca entendí, porque sin ser una estructura Skins, si que es una serie que según el capítulo carga a un personaje o a otro de protagonismo. De hecho, creo que la primera temporada el peso caía tanto en él como en Curtis que se había convertido en el más interesante durante la primera tanda de episodios.

En esta segunda temporada, las cosas también han cambiado en el reparto de protagonismos. Los dos primeros episodios son casi un monólogo de Nathan, en los que los creadores nos dan la oportunidad de vislumbrar lo que sería una serie protagonizada en exclusiva por este particular personaje… algo totalmente inaguantable. Y es que, Misfits gana enteros cuando el peso se reparte y entran en juego el resto de superpringados que pululan por el centro social. Porque si es cierto que, Nathan es atractivo y repulsivo a partes iguales, que tiene ese toque explosivo que le hacen ser impredecible, también lo es que es difícil implicarte e identificarte con él, porque al igual que otros desahogos cómicos (Barney Sttinson, Joey Tribbiani, etc.) en muchos momentos es poco más que una caricatura.

De huelebragas a héroe

Por ello, el gran acierto de este temporada, es darle mucho más peso a Simon que ha dejado de ser el pervertido huele bragas de la primera temporada para convertirse en el prototipo de superhéroe más clásico, aunque con ciertos toques  de interés que le hacen único. Su regreso desde el futuro para proteger a su amor, aún a sabiendas de que ello provocaría su muerte, hizo que Alisha rompiera una tensión sexual imposible de resolver con Curtis (una de esas tramas que podían haber dado mucho más) y mostrando que a veces el que más calla es el que más tiene que decir. Un tributo a nuestro nuevo héroe es la última escena del quinto capítulo en la que los cinco miran al vacío disfrazados de superhéroes y Simon ocupa el centro escoltado en primer termino por Nathan y su Julieta particular, Alisha.

La historia entre Simon y Alisha puede dar grandes momentos  a esta serie y por ello, es de esperar que durante la tercera temporada no se vuelvan a cargar las tramas en continuidad. De hecho ya ha dado chispazos de lo que puede llegar a ser: Me parece especialmente significativo el momento que su viaje al pasado cobra total sentido, al interponerse entre una bala y su amada, sabiendo que con este acto va a morir… Digo que en parte, porque la razón de realizar este viaje no ha quedado del todo claro, ya que poco ha podido cambiar el futuro en el que ella moría siendo ya su amada…  Remarco esto último porque es la parte que no cuadra y que esperemos que expliquen más adelante.

Curtis ha perdido mucho del protagonismo que tuvo durante la primera temporada, convirtiéndose en un secundario de lujo. El principal problema ha sido la rotura de su relación con Alisha que le ha dejado descuadrado y fuera de foco en muchos momentos. La buena noticia ha sido las primeras pinceladas de una nueva relación con Nikki, el nuevo personaje introducido poco a poco y sin prisas, en lo que para mí es uno de los grandes aciertos de Howard Overman. El poder de Nikki, la teleportación, adquirido al recibir un trasplante de corazón puede dar mucho juego y su relación con Curtis puede ayudar al que nuestro querido atleta recobre el brillo perdido.

La gran damnificada de estos cambios ha sido Kelly que sólo ha tenido cierto brillo en tramas episódicas y es que su poder, y  de hecho también la construcción del personaje parece cada vez menos necesario para el desarrollo de la serie. La poca química con Nathan hizo que su trama amorosa se cayera y su personaje apenas ha crecido durante estos capítulos.  De hecho, si tuviera que rescatar algo de ella sería “Yo me folle a un mono”… Sí… es triste que este personaje macarra y telépata se haya quedado en nada, pero a falta de un nuevo giro parece bastante superfluo incluso en muchos momentos está de más.

Ya conocen sus poderes…

En la primera temporada la trama horizontal se basaba en el descubrimiento de los poderes de cada uno de los personajes y en protegerse ante los problemas que habían provocado a matar a su enloquecido primer cuidador. Fue un acierto no hacer un héroes II en la  que los superpringaos huyen de la policía. Este segunda, sin embargo no tiene una línea horizontal tan marcada salvo el crecimiento de Simon y la decisión de no hacer públicos sus poderes… Ha habido casi un malo por episodio y el peso de la continuidad lo ha llevado los tramas personales… Aunque, al principio parecía que iba a ir sobre quién era el enmascarado que les ayudaba (en parte, ha sido así) la temporada ha servido para terminar con la posibilidad de un mundo en el que los héroes fueran públicos y vistieran en mayas (aunque esto no está del todo descartado) y poder centrarse más en tramas de bajo rango.

Tan de bajo rango, que el enemigo más peligroso que han tenido ha sido un lactoquinético que tal como menciona Kelly “es el poder más mierdoso” que se pudieron imaginar, salvo porque todos o casi todos desayunamos leche y tomamos algún lácteo durante el día. La grandeza de Misfits también es esa… buscar poderes distintos y/o darle giros a poderes ya conocidos (Nathan es inmortal y tiene cierta conexión con los muertos).

 

¿Qué podemos esperar?

Es difícil pronosticar. Por el momento, las buenas audiencias han provocado que E4 encargue un especial de Navidad atípico, ya que lo normal es que sea el primer capítulo de la temporada y no un epílogo. En este especial, por lo que se muestra en el trailer, veremos una historia independiente muy al estilo de los de Doctor Who (que por cierto, también vuelve con su especial navideño). En cuanto a la tercera temporada, es difícil predecir viendo la evolución de la primera temporada a la segunda… esperemos que pase lo que pase, la serie continué por los senderos de la diversión y la innovación y si puede ser que no se carguen las tramas en continuidad…


A %d blogueros les gusta esto: