Cuatro es la 2


– Érase una vez que se era un país donde las historias estaban anquilosadas en los viejos cantos de trovadores cuando un nuevo castillo de bardos encontró una nueva manera de contar las historias…

– ¿Las contaban haciéndo el pino?

– Algo así. Lo hacía para aquellos que más les gustaba escuchar historias.

– Pues sería muy popular, ¿No, papá?

– Lo fue, lo fue. Lo que pasa es que la gente que más disfrutaba con las historias no era numerosa y…

– ¿Se los comió un dragón?

– Algo parecido. No eran numerosos y los comerciantes pagaban poco por anunciar sus lechugas, pescados y carros de caballos.

– ¿Y qué?

– Qué  los bardos y trovadores tienen que comer… y sin carricocheros que anuncien sus carros con fantásticas ruedas de maderas cromadas, no hay alimento.

– ¿Y se murieron de hambre?

– No. Se vendieron al rey oscuro Berlusconi, en realidad a el principe negro rosaceo, Vasile.

– ¿Qué es el negro rosáceo?

– El color de los que venden dignidades y matan verdades.

– ¿Y qué les pasó a los bardos que hacían el pino?

– Unos huyeron a lugares donde sus habilidades fueron apreciadas. Otros simplemente dejaron de cantar originales historias y se conviertieron en grises rosáceos extrañando la época en que no importaba la cantidad de oídos que escuchasen sino el espacio que había entre ellos.

-¿Y los que escuchaban siguieron con ellos?

– Algunos. Otros huyeron con los trovadores que no quisieron volverse grises.

– ¿Y qué fue del castillo?

– Empezó a ser gobernado por Vasile y mandó allí a sus trovadores gastados, historias ya contadas y reutilizó las ideas ya quemadas. Al final, el Castillo Cuatro se convirtió en la mitad de lo que era… En la 2…  (El Orfantato de Cuatro con un 5,2% vs ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre? de La 2 con un 5,8) eso sí gris rosácea.

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¡Yo la veía! Bueno a veces… bueno, sólo fue una vez


– Érase una vez que se era un país muy, muy, pero que muy lejano donde la cultura era adorada, los cantos de trovadores eran repetidos en tabernas y mercados y los poetas eran aplaudidos a cada paso.

– Me parece un país aburrido, pero seguro que a la gente aburrida, digo mayor, les encantaba…

– Pues no lo sé… porque no es el país donde transcurre la historia. La nación donde sucedía todo esto era todo lo contrario y como a ti todo aquello les parecía aburrido…

– Papá, ahora me siento mal… pobres poetas…. en tus relatos nunca nadie les quiere…

– Pues también es verdad… A la gente de ese país no tan lejano le pasó lo mismo: Se sintió mal cuando la cultura fue desplazada a urnas opacas, cuando los cantos de trovadores servían para envolver pescado y limpiar licores arramados…

– ¿Y por qué?

– Porque en el fondo todos saben de lo necesario que es todo ello, pero muchas veces es más sencillo escuchar cantos de sirena que tristes reales canciones, es más fácil observar a bufones y enanos patizambos que seguir las vicisitudes de reinos, reyes y los devenires de nuestras propias vidas.

– ¿Había enanos patizambos? ¿Qué un patizambo?

– Señores con la dignidad torcida. Pero, no era este el principal problema…

– ¿Había un oscuro hechicero que les iba a matar a todos?

– No, en ese país no necesitaban de hechiceros… ya se fastidiaban solos… El principal problema radicaba en la hipocresía de sus ojos y bocas…

– ¿Un ojo puede ser hipócrita?

– Y tanto que pueden… Pueden ver una cosa y hacer como que miran a otra… y si encima le sumas labios procaces tienes muchas mentiras contadas.

– ¿Y que mentiras eran?

– ¡Yo lo veía! Bueno, a veces… bueno, lo vi una vez…

– ¿De que me hablas, papá?

– De las noticias hijo, de las noticias…

– ¿Y qué ha pasado?

– Resultado deportivo: CNN y GH han empatado.

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